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Kamau Murray y Mónica Puig atendieron a El Nuevo Día en las facilidades del centro XS Tennis Village en Chicago. (Esteban Pagán)

Chicago - Cuando Mónica Puig Marchán decidió a inicios de este año que era hora para un cambio profundo en su carrera, acudió a donde el estadounidense Kamau Murray para que se convirtiera en su nuevo entrenador.

Murray, natural de Chicago y de 39 años, tenía algo muy valioso en su resumé: un campeonato de grand slam como coach de Sloane Stephens, a quien guió al título del Abierto de Estados Unidos en el 2017.

Pero ese título con Stephens no es lo único que salta a la vista cuando se repasa la trayectoria de Murray, por más que él se describa como “un tipo normal”. Murray es uno de los rostros del tenis de Chicago, y el año pasado vio uno de sus sueños cumplirse al inaugurarse el centro de XS Tennis Village.

En ese moderno e impresionante complejo —a un costo de alrededor de $16 millones y con más de 25 canchas—, Murray lidera un programa cuyo propósito es exponer a niños marginados y de escasos recursos al tenis. El proyecto fue auspiciado por la ciudad de Chicago y figuras del deporte como Billie Jean King.

Murray es una persona de retos, de lograr lo impensable a través del tenis. Así que su próximo proyecto es Puig, campeona olímpica en los Juegos Olímpicos de Río 2016, pero que no ha podido reproducir ese éxito en el tour de la WTA en los últimos años. Al momento, Puig figura en la posición 62 en el ranking de la WTA.

Sentado en una sala con vista a las 12 canchas bajo techo que tiene el XS Tennis Village, Murray habló con El Nuevo Día sobre Puig y sus expectativas.

¿Qué es lo más que te llamaba la atención de Mónica antes de dirigirla?

—Me encantaba la manera que ella competía. Ella siempre se veía bien intensa en la cancha. Pero había que hacerle unos cuantos ajustes en el asunto de su mentalidad y la estrategia con la que jugaba. Con eso, la veía como una jugadora que podía entrar a las mejores 25.

¿Es eso lo que quieres lograr con ella?

—Sí, a corto plazo queremos entrar a las mejores 30. Si entramos a las 25, eso sería tremendo. A largo plazo, me encantaría ayudarla a ganar más títulos. Que tenga un par de buenas semanas, y que levante trofeos. En este año, ha habido 18 torneos de la WTA con 18 ganadoras. El juego está totalmente abierto, y la meta es ayudar a Mónica a que sostenga ese otro trofeo.

La viste jugando en Río, ¿qué viste de ella en ese torneo que ella ha perdido en el camino?

—Cuando representas tu país, hay un nivel diferente de intensidad, hay mucho más apoyo del que tienes en cualquier otra semana.Ella sintió el apoyo y la gente empujándola, gente a la que quiere hacer orgullosa. Creo que si podemos duplicar ese sentimiento de responsabilidad, podremos jugar mejor semana tras semana.

¿Qué te dijo Mónica cuando se sentaron a conversar sobre el puesto de coach? ¿Qué ella quería lograr?

—Me dijo que quería regresar al Top 25, que le encantaría ganar un grand slam. Le dije que (ganar un grand slam) es muy difícil y que requiere mucho sacrificio. Hay que juntar dos semanas increíbles de tenis, mental y emocionalmente. Es un nivel diferente de disciplina, muchas cosas se tienen que juntar. Pero si ella pone de su parte, todo eso llegará. Y como está el tenis ahora, tan abierto, creo que se puede hacer. Pero definitivamente es muy difícil.

Como coach ganaste un grand slam con Sloane. ¿Ves similitudes entre ambas, o son jugadoras totalmente diferentes?

—Creo que son dos jugadoras diferentes. Sloane no necesita moméntum, ella es más pasiva, es más calmada en la cancha. Mónica es más emocional, es más agresiva, más ofensiva, lo que a veces puede llevar a más errores. Con los hábitos correctos, con claridad sobre quién es ella como tenista, y con más consistencia defensiva para complementar su gran talento ofensivo, creo que ganará siete juegos (en un grand slam). Pero para ganar un grand slam, hay que ganar siete juegos de diferentes maneras. Siete juegos de ofensiva no ganarán un grand slam. Habría que tener un plan B y plan C. Y cuando podamos desarrollar esos plan B y plan C con ella, estaremos en mejor posición. (…) Hay jugadores que creen que son muy buenos en algo, pero es importante dejarle saber a una jugadora como Mónica en lo que es buena. Hay cosas en las que ella pensaba que era muy buena, y yo le dije ‘igual que todo el mundo’. Hay que ser claro, se necesita una persona que le diga esas cosas. Eso es muy importante. Soy una persona que da información de manera directa.

¿Cómo te describes como coach?

—Honesto, claro. Al punto. Tal vez no funciona para todo el mundo, pero estamos jugando tenis profesional, no junior. En junior monitoreas sus sentimientos, pero en el tenis profesional mi trabajo es, número uno, ayudarlos a ganar juegos y, número dos, mantenerlos seguros en el tour. Uno viaja a muchos países, estás a cargo del hijo de alguien. Número tres, los ayudas a crecer como persona. Número cuatro, los ayudas a ganar dinero. No te conviertes en el mejor del mundo con comodidad, te conviertes con incomodidades. Y esas personas que hacen ese sacrificio increíble, ganan grand slams. Los que lo hacen todo a 80%, llegan a las semifinales.

Hablas sobre lo abierto que está la WTA, con 18 campeonas en 18 torneos. Tras las Olimpiadas, surgieron críticas a Mónica de que ya su mejor momento pasó, a pesar de que tiene 25 años. ¿Cuál es tu mensaje a los que hacen esa observación?

—Si miras el tenis ahora, la mayoría de los campeones de grand slam son de 26 años para arriba, por excepción de (Naomi) Osaka. (Simona) Halep, (Angelique) Kerber, Serena (Williams), (Caroline) Wozniacki son mayores… Esto es un juego de mujeres adultas, y para ganar un grand slam, tienes que ser una mujer adulta. Este no es el tour que era hace 20 años, donde una niña de 16 años puede venir y ganar un grand slam. Desde el aspecto mental, creo que ella (Mónica) no estaba lista a los 22 años (cuando ganó el oro). No sabía mucho de la vida, del deporte; la gente en la televisiónsolo ve sus habilidades con la raqueta, lo que hace en la cancha. Pero ganar un grand slam no es solo sobre esos partidos. Es también sobre esos días libres. Yo le digo a Mónica “si quieres ganar un grand slam no es solo hacerlo bien en esos siete días de juego, hay que hacerlo bien en esos días libres”. Lo que comes, si sales de compras, si sales a caminar, lo que descansas, si te envenenaste de comida… hay muchas cosas que pueden salir mal y sacarte de camino en un torneo. No es un secreto que los jugadores de tenis, por la naturaleza del deporte, no son tan maduros como refleja su edad. Un jugador de baloncesto de 22 años es posiblemente un poco más maduro que un tenista de 22 años. Los tenistas pasan mucho tiempo solos en sus años de teenagers. El hecho de que la mayoría de los campeones son mayores de 26 años enseña el nivel de madurez que se necesita.

¿Y cómo enseñas eso... Convertir a Mónica en una tenista madura?

—Pues creando escenarios en el que tenga que cuidarse ella. Creo que muchos tenistas tienen buenos equipos de apoyo, pero a veces tener tanto apoyo puede ser contraproducente y desacelerar tu desarrollo hacia la adultez. Parte de mi trabajo es ayudarla a convertirse en una adulta, tomar sus propias decisiones, discutir cosas que ella no le gustan y que sea la jefa (del grupo). Mónica es la jefa. Y cuando ella entienda que ella es la jefa, va a tomar control, va a ser más vocal, y creo que es lo que necesitas para ganar un grand slam.

¿Era esa mudanza parte de la estrategia?

—¿Quieres ganar títulos de niña grande? Pues tienes que convertirte en una niña grande. Y ella está llegando. Desde finales de enero hasta ahora, he visto progreso en su nivel de madurez.

¿Cómo te describes?

—Soy un tipo del sur de Chicago que creció jugando tenis. El tenis cambió mi vida, me mantuvo alejado de problemas. Me permitió educarme gratuitamente. Soy también un padre, y aprecio trabajar con el hijo de alguien. Aprecio que Astrid (Marchán) y Pepe (Puig) me confiaron su hija, no solo su carrera, sino su vida aquí (en Chicago). Y mi meta es demostrar que los coaches de minoría pueden coachear, no hay muchos coaches negros en el tour, así que es algo que estoy tratando de demostrar es que hay espacio para todos. El tenis será mejor si estamos todos presentes. Una de mis misiones es ayudar el juego a ser más diverso. Hacer un buen trabajo para que otros tengan más oportunidades.


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