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Rafael Nadal. (AP)

ParísRoger Federer sabía que, al volver al Abierto de Francia, si todo le salía muy bien, irremediablemente tendría que toparse con Rafael Nadal.

Y aquí estamos. Como en los viejos tiempos.

Federer despachó el martes a Stan Wawrinka, tras una interrupción de 75 minutos por lluvia, al capitalizar una bola de quiebre por apenas segunda vez en 18 oportunidades al certificar la victoria 7-6 (4), 4-6, 7-6 (5), 6-4 sobre su amigo y compatriota suizo para alcanzar las semifinales en Roland Garros.

Y ahora toca un partido para alquilar balcones: Federer contra Nadal por el boleto en la final.

“Siempre, un gran partido”, dijo Nadal.

Dos titanes del tenis, con Federer como dueño del récord de más títulos de Grand Slam con 20, seguido por los 17 de Nadal.

Nadal, 11 veces campeón en París, es quien manda en la rivalidad, al frente 23-15 el cómputo global, 9-3 en las grandes citas, 13-2 en arcilla y 5-0 en el Abierto de Francia, incluyendo cuatro finales.

“Mi próximo rival es decoroso. Sabe jugar en arcilla, desafortunadamente”, bromeó Federer ante el público en la cancha Suzanne Lenglen.

No se han medido en Roland Garros desde 2011. Federer, quien ha salido victorioso en sus cinco partidos recientes, no disputaba el torneo desde 2015, cuando perdió ante Wawrinka en los cuartos de final. Renunció al certamen por una dolencia en la espalda en 2016, y decidió saltarse toda la temporada de arcilla en 2017 y 2018.

“Si puedes lograr en arcilla, inevitablemente, en algún punto, hay que cruzarse con Rafa, porque así de fuerte es y ahí va a estar”, dijo Federer, quien a sus 37 años es el semifinalista más veterano del torneo desde 1968. “Si tuviera otra mentalidad, la de evitarlo, no me hubiera inmutado en jugar en arcilla”.

La única vez previa que Federer se coronó en el Abierto de Francia, en 2009, no tuvo que medirse con Nadal, eliminado ese año en la cuarta ronda por Robin Soderling. Esa es una de los únicas dos derrotas de Nadal en 93 partidos en Roland Garros.

El trámite de Nadal en cuartos de final careció de suspenso: vapuleó 6-1, 6-1, 6-3 al japonés Kei Nishikori, el séptimo cabeza de serie que venía de ganar dos partidos seguidos al máximo de cinco sets.

“No me dejó jugar como yo quería hacerlo”, dijo Nishikori. “Y al no estar fresco de piernas, no es fácil darle pelea”.

Federer-Wawrinka, en cambio, sí estuvo a la altura de las expectativas. Tres horas y media de lucha entre dos jugadores que juntos ganaron una Copa Davis y una medalla olímpica de dobles.

En la víspera, el balance en el duelo indirecto favorecía 22-3 a Federer. Pero Wawrinka tenía presente algo: todas sus tres victorias fueron en arcilla, incluyendo la de hace cuatros en la misma ronda, en la misma pista.

Estaban inmersos en una reñida pugna en el cuarto set, igualados 3-3, cuando el cielo se oscureció. El ruido de los truenos resonó cerca. Era imposible por la falta de luz artificial. La actividad fue interrumpida debido al fuerte aguacero. Pero fue una lluvia pasajera.

Cuando se reanudó la acción, Federer apenas necesitó 10 minutos para adueñarse del control, y obtuvo su segundo quiebre del partido con una derecha cruzada a una esquina que Wawrinka no pudo contener. Todo quedó 5-4, y Federer sostuvo su saque para poner fin al partido.


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