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(Suministrada)

 Las mejores cualidades de “Glass”, producción de Universal Pictures que estrenó esta semana en Puerto Rico, viene directamente del talento de M. Night Shyamalan (“The Sixth Sense”, “Signs”) como director.

En esta película, el cineasta logra expandir los recursos más efectivos de “Unbreakable”, retomando la temática de que los cómics con sus historias de superhéroes y villanos son un espejo de nuestra humanidad, y de “Split”, filme de suspenso calibrado de forma meticulosa para mantener al espectador con los nervios de punta sin destruir la integridad de los personajes.

Durante los primeros dos actos de este filme, la función particular de estos recursos funciona más que bien. Sin embargo, a estas alturas no debería ser una sorpresa que Shyamalan no pueda resistir darle rienda suelta a sus ambiciones, pero cuando lo hace descarrila todos sus logros como director. Resulta irónico que los tres personajes centrales de este filme queden encerrados en una institución mental para librarse de sus delirios de grandeza que les hace creer que son parte de un choque entre bien y el mal parecido a los de las historias de un cómic. Como guionista, Shyamalan sufre de ese mismo mal, algo que queda confirmado en la última sección del filme. Aunque entrar en detalles sería arruinar la experiencia que ha diseñado Shyamalan, lo que se puede decir es que el colapsa con más de un viraje sorpresa y con diálogos que no son risibles por la integridad y consistencia del trabajo de Bruce Willis, Samuel L. Jackson y James McAvoy.

“Me trataron de convencer que estaba loco. Tuve que esperar 19 años para lograr esto”, exclama Mr Glass (Jackson) durante el clímax del filme. Ese es uno de los muchos momentos donde como guionista Shyamalan deja que su ego secuestre a sus personajes para el poder manifestarse. Y la realidad es que en retrospectiva, la dirección sofisticada de “Unbreakable” y sus ambiciones artísticas estaban muy adelantadas para el momento de su estreno. Pero, al igual que un supervillano que no puede resistir un monólogo extendido celebrando lo genial de sus planes maquiavélicos, Shyamalan desperdicia la última sección del filme mucho más preocupado con que todo el mundo en el público tenga claro su genio artístico que en crear un final que genuinamente le haga justicia a sus personajes.

A pesar de este tropiezo estrepitoso e irritante, “Glass” sobrevive a su propio creador por la fuerza del trabajo del elenco principal. McAvoy expande su interpretación hipnótica y magistral que logró en “Split”. Samuel L. Jackson se deleita en el intelecto poderoso de su personaje y logra que los parlamentos más ridículos del guion sean un tributo a su talento. Mientras, Bruce Willis jamás podrá negar que sus mejores interpretaciones son bajo la dirección de Shyamalan.

Si el cineasta hubiera valorado las contribuciones de sus actores un poco más, jamás hubiera concluido su trilogía con un final que lo destruye todo para darle foro a sus ambiciones pretenciosas.


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