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Regina King recibió una nominación al Óscar en la categoría de Mejor Actriz Secundaria por esta cinta protagonizada por KiKi Layne y Stephen James. (Suministrada)

Nueva York - Con la elegancia suntuosa e irresistible de una excelente composición de jazz, el aclamado director Barry Jenkins (“Moonlight”) logra que “If Beale Street Could Talk” sea una alquimia agridulce de denuncia y poesía visual.

En una era donde la mayoría de los filmes buscan plasmar un lienzo cinematográfico épico que deslumbren al público con hazañas digitales, Jenkins simplifica su manejo de este medio y restaura el poder irrefutable de un “close up”. El poder de esta adaptación de la novela homónima de James Baldwin, que comienza a exhibirse hoy en Puerto Rico, reside en la forma en que el director ha convertido la lucha por justicia en una experiencia íntima y visceral para el espectador.

Como cineasta, Jenkins es consciente de que hay cientos de historias que han ilustrado los efectos horribles del racismo y es precisamente por esto que el director evita la distancia entre el público y las vicisitudes de una pareja de jóvenes afroamericanos que ven el fruto de su amor descarrilado por una injusticia.

Para poder sentir el dolor de Tish (Kiki Layne) y Fonny (Stephen James) de no poder estar juntos cuando este es encarcelado por un crimen que no cometió, Jenkins se encarga de embriagar al público en las emociones intensas de un primer amor. Antes de ser separados, el director se encarga de que cada obstáculo que vencen los protagonistas (los prejuicios de la familia de él, luchar para encontrar su espacio para vivir en su propia comunidad y la sorpresa de un embarazo no planificado) registren intensamente como triunfos.

La excelencia del toque de Jenkins está presente en todo lo que se ve en pantalla, pero la cinematografía de James Laxton, la música de Nicholas Brittel y la honestidad emocional de todo el elenco son los recursos más impresionantes de este drama. Resulta bien probable que aquellos que insisten de que “Roma” es un filme donde “no pasa nada” se sientan retados por el ritmo pausado de esta película y por verse forzados a sentir en carne propia las asperezas de un mundo donde lo justo y lo correcto queda defraudado por prejuicios raciales.

Aunque la tragedia que descarrila la historia de amor de los protagonistas sucede a principio de los 70, Jenkins se encarga de acentuar todas las formas en que estas vivencias se siguen repitiendo actualmente.

De primera instancia quizás resulte injusto que en un filme donde todo el elenco logra un trabajo actoral superlativo solo Regina King haya sido celebrada con su nominación al Óscar en la categoría de Mejor Actriz Secundaria.

El resto del elenco está a la par con la actriz, pero es su personaje el que tiene una jornada emocional bien similar a la del espectador que conecta con la historia central de este filme.

Como la madre de Tish, King irradia amor incondicional en cada una de sus escenas. Pero uno de las muchos traumas lacerantes de este filme es cuando su personaje se da cuenta que ese amor no es suficiente para proteger a su hija, a su yerno y a su nieto de las injusticias del mundo. El que ese momento de vulnerabilidad emocional sea exaltado de una forma monumental por el trabajo de Jenkins y King, es una de las muchas razones por las cual “If Beale Street Could Talk” siempre será celebrada como de lo mejor del cine del 2018.


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