El director y actor reflexiona sobre el séptimo arte y su lugar en la cultura puertorriqueña.

Cuando se es capaz de amar de por vida con tanto fervor, libertad de pensamiento y obra como los directores de cine Jacobo Morales y Blanca Silvia Eró, se pueden realizar proyectos que tocan el corazón en cada una de sus producciones.

El motor creativo del también actor y productor no podría existir sin su compañera de vida. Después de todo, ella ha sido su cómplice en cada uno de sus proyectos.

El amor que se profesan ha trascendido la gran pantalla con películas como “Lo que le pasó a Santiago”, único filme puertorriqueño en ser nominado a un premio Óscar, y “Linda Sara”, que logró llevar a las salas de cine a más de 200,000 personas. Ambos proyectos celebran este año 30 años y 25 años, respectivamente. Es imposible hablar de estas películas sin hablar de la relación de estas dos figuras.

Blanca es el ingenio y la inteligencia que complementa la creatividad de Jacobo, según reconocen. Esa química ha sido una de las fórmulas ganadoras en la carrera del cineasta. Más que una compañía, la guionista ha sido una compañera de trabajo, fiel y creativa.

Nos conocimos a los 15 años mientras estudiábamos en la Universidad de Puerto Rico. Blanca se me declaró a los 16 años y a los 19 me propuso matrimonio, por eso (estaremos) juntos hasta el final. Me pongo a pensar en esa jovencita que está ahí y no concibo mi vida sin ella. Nada de esto me hubiera pasado sin esa jovencita. Me sale melodramático, pero ella ha sido un complemento para todo en mi vida. Nos casamos en la adolescencia y recientemente cumplimos 64 años de casados. Esa muchacha es mi vida”, confiesa el actor de 84 años.

De su unión, nacieron sus tres hijos, Margarita Milagros, a quien le llaman Maler, Jacobo y Francisco “Pancho” Morales.

¿Cómo se logra que ese amor perdure para siempre?, le preguntamos al actor de teatro y poeta.

“Eso surge espontáneamente. Uno es dual; lo más sensato es dejarte ir tratando siempre que salga lo mejor de ti, esos son los dialoguitos que uno tiene con ese otro yo que se pasa velándome y al que le he hecho siempre mucho caso. Esa actitud de escuchar con atención esa voz que dice ‘Jacobo, eje, qué pasó ahí’, me ha hecho vivir una vida que no cambio por ninguna”.

Historias engendradas desde su amor

La química entre la pareja es lo que le ha permitido trabajar mano a mano cada día en lo personal y en lo profesional.

La pasión que siente Jacobo para crear historias va de la mano con la estructura que le da Blanca, quien también es directora. Durante esta entrevista, mientras Jacobo se envolvía en su plática, Blanca escribía en silencio en su oficina nuevos guiones para proyectos venideros.

Juntos -con cinco años de diferencia- lograron las producciones “Lo que le pasó a Santiago” -protagonizada por Tommy Muñiz y Gladys Rodríguez- así como “Linda Sara” interpretada por la ex Miss Universe Dayanara Torres y el cantante Chayanne. Ambas llenaron de orgullo a nuestro país y se convirtieron en las más exitosas de todos los tiempos en Puerto Rico.

Para la coprotagonista de “Lo que le pasó a Santiago”, Gladys Rodríguez, fue “un trabajo de conjunto con una producción excelente y una inmejorable dirección”, reconoció la artista sobre la historia que surge entre una enigmática mujer y un hombre enamorado en el ocaso de su vida.

“Todo fue fluyendo a través de una extraordinaria química entre todos los que actuamos en la película. Indudablememte ‘Lo que le pasó a Santiago’, marcó un parámetro de una calidad superior. Nunca olvidaré el esmero y la dedicación desplegada por los técnicos en su ejecución. Las escenas dirigidas por Jacobo y la dirección de cámara, así como el producto visual final, (fueron) toda una obra de arte difícil de superar. La satisfacción que siento por haber sido coparticipante en esta gesta del cine puertorriqueño permanecerá siempre en mi memoria... y en la del pueblo puertorriqueño”, expresó Gladys, ahora reverenda de la Iglesia Episcopal en Estados Unidos.

Por su parte, Jacobo comparte que pensó en Gladys al iniciar el proceso de filmación.

“Me agradaba su sutileza, tan refinada, tanto con un aparente tan poco. Siempre visualicé ese personaje cuyas transiciones eran marcadas, pero no necesariamente muy evidentes. Un personaje que tenía que manejar muchas situaciones de las transiciones con sutileza. Había tenido experiencia con Gladys en obras y todas fueron éxitos”, recordó.

Mientras que con Tommy llevaba laborando hacía 12 años, y lo tenía siempre en la memoria.

“Es de las veces que al comenzar la escritura tengo ya en mente al intérprete. Su manera de actuar me facilitó mi proyecto, era un actor sumamente intuitivo. Así que todo tenía que estar bien preparado para esa primera toma, siempre fue así”, explicó Jacobo.

Durante la entrevista, al cineasta le vino a la memoria que durante una fiesta que les ofrecían a los nominados en Los Ángeles se les acercó a saludarlo la gran estrella de Hollywood Gregory Peck.

“Eso demostró que el ser humano es uno solo cuando hay verdad. Eso trasciende por encima de ideologías y de razas. En la época de los 50, un gran actor nuestro, Juano Hernández, vino a la Universidad de Puerto Rico donde yo estudiaba, a dar unas cátedras y permaneció un tiempo. Me acercaba mucho a él porque era tan accesible, lo admiraba tanto, y escuchaba mucho sus consejos. Hay uno que no se me olvida: ‘Cuando actúes para la cámara, la verdad es fundamental porque debemos tener en cuenta que la cámara retrata el alma’”.

“Linda Sara” no fue nominada al Óscar, pero se alzó con el premio a Mejor contribución artística en el Festival de Cine Latinoamericano de Trieste; Premiodel público en el Festival de Mar de Plata en Argentina. Además, recibió las preseas a Mejor guion y Mejor música en el Festival de Cine Latinoamericano de Nueva York.

Jacobo no dudó en responder la razón por la que eligió a la Miss Universe 1993, quien no habla en el filme. “Ella tenía un rostro que se expresaba como un ángel, y Blanca intervino en esa selección. Además, logramos a la ‘Sara’ mayor, la norteamericana Joan Amick que tenían rasgos similares”.

Por su parte, Chayanne llegó a la historia por lo mucho que lo admiraban como pareja. Dayanara le pareció que era una belleza con profundidad. En la película no tiene ni una línea, pero expresa mucho con el rostro. Con pocos gestos, llegas a creerles a ambos y los dos eran creíbles, tenían cualidades excepcionales. Ambos eran unos muchachos que se involucraron con la producción con gran disciplina y esmero. Su conducta fue ejemplar en todo momento. El estrellato y la fama no se vieron por ningún lado en ellos”.

Hasta el día de hoy, la primera actriz Johanna Rosaly agradece al cineasta que le bordara su personaje sobre una lesbiana.

“Jacobo, además de ser mi amigo desde mi tempranísima juventud, ha sido el actor/director con quien más he trabajado en cine, teatro y televisión. De él admiro su organización y respeto a las aportaciones del actor a los personajes. Cuando me pidió que participase en ‘Linda Sara’ le cuestioné por qué el personaje -una mujer madura de clase acomodada en un pueblo pequeño- no estaba casada. Le propuse que fuese lesbiana, y Jacobo acogió con entusiasmo la idea, incorporándola a la trama de forma sutil pero muy clara”.

Añadió “cuando un creador se siente seguro de sus capacidades, se siente igualmente cómodo con las aportaciones de los talentos que escoge para realizar sus proyectos. Así es Jacobo Morales, mi amigo”.

A tales expresiones, Morales respondió que nunca ha tenido ningún tipo de prejuicios.

“Si en algo me mantengo en guardia es que se me infiltren prejuicios, siempre he visto eso con la mayor naturalidad. Eso se atribuye en que yo empecé jovencito y se encuentra de todo. De hecho, una de mis obras teatrales más recientes que convertí en película es ‘Al final del eclipse’ y hablaba de la sexualidad”.

Son muchas las historias que cuentan Jacobo y Blanca para realizar; sin embargo, confiesa que no fuerza el destino.

“Creo que la posición correcta es hacer la película a la hora que uno sinceramente desea realizarla, a la hora en que uno, con esa sensación de honestidad de las vivencias, sin que se infiltre la intención de añadirle a la película elementos porque son de atractivo comercial, solo porque son prometedores. Yo no caigo en esa encerrona. Yo la desarrollo con deseos sinceros. Para efectos del ‘casting’ también. Si coincide que la persona es conocida al público, pues magnífico, pero lo primero para mí es que esté vinculado con el personaje, no solo en el parecido. He tenido la dicha que mis técnicos se sienten motivados. Es de lo que más me satisface de nuestras películas, el sentir que los técnicos te dan la milla extra”.


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