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Si había algo que Angelita Lind deseaba más que nada en la vida era hacer amistades y ser aceptada por sus pares. ¿Pero qué podía hacer la niña introvertida y delgada que correteaba por los montes de Patillas y nadaba en el lago a escondidas de su madre?

La respuesta la encontró en sus veloces piernas, las que años después la llevaron a convertirse en una atleta reconocida y en una multimedallista centroamericana.

“Yo comencé a correr a los 12 años y lo hice para buscar amigos. Como yo era una persona sumamente tímida, que me daba trabajo hacer amistades, busqué algo en que sobresalir. Entonces hacía carreras o juegos que envolvieran carreras para atraer amistades porque a mí me gustaba correr”, evoca. El truco le duraba lo que duraba una carrera, pues una vez volvía a ser la chica encerrada en sí misma de siempre, la gente se alejaba.

Ella achaca ese rasgo, que aún la acompaña y la hace sonreír nerviosamente, a la forma estricta en que la crió su madre, Hilda Luz Soliveras. Lo dice con profundo respeto y amor por la mujer que se hizo cargo de ella y de sus siete hermanos sin la ayuda de su padre. “Ella tenía un cuarto año, pero con lo poquito que ella sabía me enseñaba matemáticas, con las habichuelitas, con el maíz. O sea, que era una madre que, a pesar de que no obtuvo un grado alto, se esforzaba por ayudarme. A mí y a mis hermanos”.

De ella, que todavía vive en Patillas, dice que aprendió a ser luchadora y le agradece que nunca le haya hablado mal de su padre, Francisco Lind, pese a que él no los crió. “A él le decían Pacolín, era chofer de guagua pública. Él se murió sin saber que su hija se destacó”, lamenta.

Lind rememora que fue “una atleta solitaria” a quien le gustaba entrenar sola y que disfrutaba más que nada en el mundo tomar su clase de educación física. “Cuando estaba en la escuela elemental, lo que iba era un maestro del pueblo que daba una vez en la semana educación física. Ese era mi sueño y mi ilusión. Cuando llegaba el maestro de educación física, yo era la niña más feliz del mundo”, revive.

En las escuelas intermedia y superior, Lind comenzó a destacarse en los eventos de 100 metros y salto largo. En esa época, en la que primero corría descalza y luego en tenis, nadie logró ponerle un pie al frente. “En mi último año de escuela superior, hice una marca casi nacional en el evento de salto largo”, recuerda.

Cuando comenzó a estudiar en la Universidad Interamericana de San Germán, donde el profesor Juan Conde Navarro la encaminó como atleta, la leyenda en que se converitiría Lind ya había comenzado a tomar forma. “Yo no sabía lo que era hacer ejercicios, entrenar, alzar pesas, nada. Yo lo que sabía era correr. Él fue el que me dio mis primeros conocimientos. Ahí me tuve que acostumbrar a usar los ganchos para correr”.

La entonces estudiante universitaria se adaptó rápidamente al proceso de entrenar y se entregó tanto al mismo que hasta dejó de salir por las noches a bailar consus compañeros de estudios pues le dijeron que eso no la ayudaría en su desarrollo deportivo, “y yo quería llegar lejos”.

En las Justas de Atletismo de la LAI, compitió en salto largo, 800, 1,500 y 3,000 metros y en los relevos 4 x 100 y 4 x 400 y 400 metros con vallas, los cuales “La Potra”, como le apodaban sus compañeros de estudio, ganó todos.

En 1979, Freddy Vargas, encargado del equipo nacional de atletismo, la reclutó para los Juegos Panamericanos de ese año. Compitió en el relevo 4 x 400, pero no le fue bien. Sin embargo, a la largal, Lind participó en dos Juegos Centroamericanos, donde acumuló seis medallas, dos Panamericanos y unas Olimpiadas.

De todos los momentos dramáticos que ha vivido, la ex corredora recuerda el evento de los 800 metros de los Juegos Centroamericanos de 1982 en Cuba. En esa carrera, ella, que iba primera, se cayó en la meta junto a dos corredoras cubanas, lo que enturbió el resultado. Luego de una prolongada controversia, la Federación Internacional de Atletismo le otorgó la medalla de plata a Lind. “Don Germán (Rieckehoff Sampayo, presidente del Comité Olímpico de Puerto Rico) no quiso que apeláramos. Dijo: 'Que Angelita sea la mártir'. Esa carrera unió al pueblo de Puerto Rico porque se acabó el mito de que no podíamos vencer a los cubanos”.

Actualmente, Lind se desempeña como asistente del director del Departamento de Deportes de la Universidad Interamericana de San Germán y se mantiene dando entrevistas y charlas. Pero ella se define en término más simples. “Sigo siendo la nena tímida de Patillas. Pero estoy consciente de que tengo una responsabilidad con mi pueblo, porque soy un ejemplo”, concluye Angelita Lind que en un momento dado fue conocida como “El Ángel de Puerto Rico”.


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