Los estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Puerto Rico sostienen algunas de sus propuestas para El Bastión. (horizontal-x3)
Los estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Puerto Rico sostienen algunas de sus propuestas para El Bastión. (Gabriella Báez / Especial para GFR Media )

Desde que abrió sus puertas en septiembre del año pasado, El Bastión, en el Viejo San Juan, se ha convertido en hogar de diversos proyectos creativos y en una plataforma para la promoción y el aprendizaje de las artes. 

Con muy pocos recursos, pero enormes ganas,  ACirc (Asociación de Circo y Artes de Calle de Puerto Rico) rescató la estructura, estableciendo un modelo de gestión para inyectarle vida a estructuras en desuso. 

Inspirada por el deseo de respaldar esta gestión, la profesora Mercè Martínez Martín convocó a sus estudiantes de tercer año en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Puerto Rico a crear propuestas para continuar desarrollando el potencial del espacio.

Así, siete alumnos del curso de conservación histórica dedicaron un trimestre a trabajar en una investigación histórica de la estructura y luego, con esta información, cada uno construyó una maqueta donde muestra cómo vislumbra El Bastión renovado para cumplir con el plan trazado por ACirc. 

El resultado de esa labor será compartido con el público a través de la exposición “El Bastión y su historia 1862-2025”, que se inaugura  el sábado, 22 de diciembre a las 6:00 p.m. 

Conocido anteriormente como Museo Casa Blanca, por su proximidad a esa otra estructura histórica del Viejo San Juan, erigida a principios del siglo XVI  como residencia del gobernador Juan Ponce de León, el Bastión fue construido   para el siglo XIX. Aunque los estudiantes no consiguieron la fecha exacta de construcción, estiman que fue alrededor del 1860 al 1870 aproximadamente. En ese entonces su función fue servir de casa-fuerte.

“Se eligió un solar al oeste de la isleta para tener una posición estratégica con altura y vistas hacia la bahía de San Juan. Lo que comenzó como un cubo de madera de 24 pies cuadrados fue  expandiéndose y ganando terreno hacia el norte”, explicó ACirc en un escrito sobre la historia del lugar. 

Posteriormente, se añadieron a la construcción varias estructuras. Entre ellas, la Casa del guardia, la segunda planta y ala noroeste de Casa Blanca, el cuartel de soldados, una caballeriza y lo que hoy se conoce como El Bastión. 

Para elaborar sus propuestas de cara al futuro, los alumnos conversaron con los líderes de ACirc para conocer a profundidad las actividades que se realizan en el espacio y cuáles son los planes a largo plazo. El reto que tuvieron que enfrentar después fue trabajar en un plan que satisfaciera esas necesidades y al mismo tiempo protegiera el valor histórico del edificio. 

“Hicimos un centro cultural que alberga la mayor parte de las expresiones artísticas. Uno de los fuertes es el arte circense y por eso tenemos una necesidad de altura. En las propuestas se ve eso, que llevan el techo que es de 17 pies a 40 pies”, explicó José Carrero, gestor cultural y miembro de ACirc, al indicar que el techo alto es necesario para ofrecer a los artistas espacio suficiente para practicar acrobacias.

Realizar cambios en el techo no impacta el valor histórico del espacio. Según encontraron los estudiantes, no forma parte de la construcción original, a diferencia de la fachada. Otro de los hallazgos del grupo fue que al ser utilizado antes como un fortín el espacio era cerrado. Esta característica cambió cuando se construyó el chaflán que sí promueve el contacto con el exterior. 

Entre los usos que se le dio a la estructura estuvieron, ser la residencia de la familia Ponce de León, maestranza de ingenieros, cuartel de Estados Unidos y oficinas para el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP).

“Hemos encontrado planos antiguos que indican que en la sala dormían soldados y donde está la oficina había una celda”, contó Carrero. 

Para los alumnos fue un desafío encontrar soluciones para amoldar la estructura y cumplir con los requerimientos de ACirc. Sin embargo, al final quedaron satisfechos con el resultado de la labor.

“Yo decidí, para hacer el circo más público, poner en el techo una carpa de circo”, compartió la estudiante Valeria Santiago Ortiz, cuya propuesta también incluyó establecer el espacio para presentar espectáculos justo en el centro del edificio para que el público se pueda acomodar alrededor. 

Por su parte, la alumna Adriana Matías hizo un muro que divide El Bastión en dos partes. Una es un área administrativa para oficinas y la otra acomoda la escuela de circo, salones para talleres y todo lo que incluye la actividad cultural que se lleva a cabo.

La profesora Martínez sostuvo que a través del trabajo de los estudiantes se promueve la importancia de buscar maneras de rescatar los edificios en desuso.

“Uno de nuestros objetivos paralelos es que se vea, que se note el uso del espacio, y qué mejor que suceda esta exposición porque lo hace más concreto todavía, con la integración de la universidad para demostrar cómo hacer cambios. Es un poco una invitación a las instituciones para que exijan más el uso de los espacios abandonados, liberar esas estructuras que son casi un estorbo público”, precisó, por su parte, Carrero.


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