La primera edición de esta actividad, organizada por el taller La Impresora, se celebró en el Paseo de Diego, devolviéndole por unas horas el esplendor a esta ciudad olvidada que propicia el intercambio cultural en la ciudad en torno al disfrute de los libros.

El escritor y performero Aravind Enrique Adyanthaya está sentando en una silla frente a una mesa de madera en el Paseo de Diego, en Río Piedras. A su lado, libros de diversos temas están agrupados en tres pequeña torres. En esa pila se observan textos escolares y literarios. Con precisión y concentración, Aravind toma uno de los libros y comienza a estampar cada página con un sello en rojo que lee “NO”. El artista timbra página tras página hasta que termina, despacha el libro sobre otra mesa, y agarra otro para iniciar la misma acción en absoluto silencio. En el piso se observa un papel que lee “Interdictos (puede ojear)”.

Son las 11:00 de la mañana de una soleada y calurosa tarde en Río Piedras y el Paseo de Diego se muestra con todos sus contrastes y deterioro. Pero esta vez hay algo diferente en el casco de esta ciudad prácticamente olvidada. El paseo está repleto de mesas de libros de diversas editoriales independientes e institucionales que devuelven por unas horas el esplendor a este espacio que, a pesar de los múltiples embates, sigue resistiendo.

Se celebra la primera edición de “El Paseo del Libro”, una iniciativa del taller La Impresora, con el apoyo del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), el Centro de Acción Urbana, Comunitaria y Empresarial de Río Piedras (CAUCE), la Universidad de Puerto Rico y la Junta de Comunitaria de Río Piedras, que propicia el intercambio cultural en la ciudad en torno al disfrute de los libros.

En ese contexto Aravind Enrique Adyanthaya lleva a cabo su performance. Lejos de prohibir la lectura o despachar libros -como recientemente hizo el Departamento de Educación con cientos de textos escolares- aquí se invita a tocarlos, leerlos, olerlos, ojearlos, a conversar sobre ellos.

“Es un evento que busca primero revitalizar el área de Río Piedras porque el Paseo De Diego es un área que por mucho tiempo estuvo súper concurrido, con muchos negocios abiertos y, como podemos ver ahora, el contraste se nota. La idea es reactivar el espacio y, principalmente, darle un lugar a la literatura, a la producción de libros, y a todos esos artistas que se promueven a través de la autogestión”, explica la joven Amanda Hernández quien junto a Nicole Delgado gestó hace tres años el taller de trabajo editorial La Impresora, a cargo de la iniciativa.

En la actividad la palabra es reina. Está por todas partes, no solo en los textos que venden varios artistas independientes y editoriales, sino también en las paredes y tormenteras de los negocios abandonados, donde están inscritas frases como “Organízate y lucha. Resiste” y “Poder pa’ lxs pobres”. En las mesas que están ubicadas en el inicio del Paseo de Diego figuran otros títulos poéticos. Están “Historia Constitucional de Puerto Rico y otros cuentos”, del escritor e ilustrador Cristian Guzmán Cardona, o “Goodbye for Now”, de Soda Pop Comics. Estos proyectos pertenecen a autores puertorriqueños, quienes han apostado por crear sus propios libros sin esperarpor nadie. “Hago la escritura, la diagramación, las ilustraciones, la edición completa”, cuenta Cristian Guzmán Cardona sobre los cuatro títulos que tiene en una mesa plegable. En otro espacio se encuentra Cindy Jiménez-Vera, escritora y fundadora de la editorial puertorriqueña Ediciones Aguadulce, la cual estrenó en el 2012 y se produce enteramente en Puerto Rico. “Todo es hecho aquí. No imprimimos en Estados Unidos ni en otro país porque queremos compartir el pan y hacer este un proyecto de Puerto Rico”, cuenta sobre el proyecto que ha publicado poesía, crónica y cuentos de autores nacionales, así como de escritores de México, España, Honduras, Estados Unidos, Argentina y Cuba, entre otros.

A medida que se va recorriendo el paseo se descubren más proyectos -principalmente desarrollado por jóvenes- que contrario a lo que se pueda pensar siguen apostando al papel, al libro, como objeto. Tal es el caso de Editorial Pulpo, a cargo de Carlos A. Colón, quien, en diciembre de 2017, luego del huracán María, inició esta pequeña editorial que ya cuenta con nueve libros publicados. Están otros proyectos más conocidos, como los de la Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña, EDP University y los de la Editorial de la Universidad de Puerto Rico.

“Esta actividad me parece muy buena y desde que me la mencionaron dije ‘vamos a estar allí no importa lo que vendamos’. Pero la realidad es que hemos vendido y se nos ha acercado mucha gente, sobre todo atraídos por nuestra literatura infantil que tiene que ver con la cultura puertorriqueña. Como editorial queremos volver a tener presencia, estar en todas estas actividades y que la gente tenga acceso al inmenso caudal cultural que guardamos”, expresa Velia Rodríguez, quien hace cuatro meses fue nombrada como nueva directora de la Editorial de la UPR.

Buscando títulos, precisamente para los más pequeños, está Yarí Marcano, de San Juan, quien supo del evento y acudió con sus hijas, sobrino y su mamá. “Me gusta porque los nenes pueden ver otras cosas y aprenden de la cultura y nuestros escritores”, comenta.

Además de libros, hay artistas vendiendo diversas piezas de arte que van desde collares hasta estampados. A mediodía inicia la música con el grupo Timba con Violín. En ese momento hace su entrada al Paseo de Diego, Leila Rodríguez, quien camina bailando y con una llamativa sonrisa que también cuenta. Venía a hacer unas diligencias a Río Piedras cuando escuchó la música.

“He estado un poquito deprimida en estos días y cuando escuché la música vine para acá y me encontré con esto. Es algo muy bueno porque viví 30 años en Río Piedras y es triste ver como está. Vamos a ver si con actividades como estas se recupera un poquito”, dice y se despide al son de “Oye cómo va”.

Fredys Rivera, una empleada de la Ferretería López Discount, de los pocos negocios abiertos, también tiene algo que decir. Quiere que esta actividad se haga por lo menos una vez al mes porque es un salvavidas para ayudar a los pocos establecimientos que quedan en la zona.

La escritora Haydée Zayas Ramos, quien tiene el proyecto literario “Vivo del cuento” y está vendiendo sus libros “Poemas para Celi” y “Anamar y otros relatos”, entre otros, coincide con Fredys. Establece que el Paseo del Libro no solo le ofrece la oportunidad a los autores de compartir y confraternizar, sino que también es una manera de reavivar Río Piedras. “Es una forma de traer gente a un espacio que tradicionalmente estaba siempre lleno de público y de público buscando libros”, dice. Al filo de la 1:00 de la tarde, mientras el público sigue llegando, el artista Aravind Enrique Adyanthaya sigue estampando NO en cada libro. Algunos se detienen a mirarlo y otros lo ignoran, casi como sucede con los libros. La esperanza es que este Paseo del Libro se celebre una vez al mes, que las palabras habiten el abandono.


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