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A sólo días de su estreno el pasado 13 de junio la pieza teatral Barceló con hielo del dramaturgo dominicano Marco Antonio Rodríguez, ha comenzado a recibir críticas positivas dentro del circuito del teatro latino en la ciudad de Nueva York y los actores boricuas Jerry Soto y Modesto Lacén forman parte del elenco, al que también pertenece el actor dominicano que ha hecho carrera en Puerto Rico Iván Camilo.

El elenco lo completan el propio dramaturgo Marco Antonio Rodríguez, en el papel protagónico, y los actores Fernando Then y Javier Fano.

La obra cuenta la historia de Nino Antonio Ortiz (Rodríguez), un hombre con un pasado lleno de secretos que es confrontado por alucinaciones del fenecido presidente dominicano Joaquín Balaguer (Then). La historia se mueve entre sus años de juventud en República Dominicana y su vida de hombre mayor en Washington Heights, una de las zonas de mayor presencia dominicana en Nueva York. Así como en el conflicto que representa el que deberá enfrentarse a los orígenes de su amargura antes de que sea demasiado tarde, así como desentrañar su relación con sus dos hijos.

Entender las marcas históricas

La obra está dirigida por José Zayas y presenta además una exploración en torno a la división que existe entre los dominicanos con relación a Balaguer. Rodríguez es autor además de la obra premiada La luz de un cigarrillo .

“Nino es un hombre del Cibao que vivió en la República Dominicana en las décadas de 1960 y 70 que viene a Nueva York con un pasado oscuro que tiene que ver con la política de ese tiempo en su país, que afectan su salud mental y la relación con sus hijos”, explicó el dramaturgo a Efe sobre su obra, ganadora de la competencia nacional MetLife Nuestras Voces de Obras Latinas 2012.

La acción se acelera cuando este emigrante dominicano se entera de que tiene una enfermedad mortal, y se ve obligado a confrontar su pasado. “Es el efecto político y sicológico que tuvo el régimen de Balaguer en Nino, que oculta lo que pasó con él y su familia”, un hombre “oprimido” que emigra lleno de rabia y amargura que afectan a sus hijos, que crecen “de forma oprimida y reprimida por la amargura de su padre” hasta que comienza a salir todo con su enfermedad y llega “una luz a la familia, un paso hacia la sanación, hacia la verdad”, destacó a Efe.

Rodríguez, de 40 años, dijo además a Efe que también le ha llamado la atención la larga y estrecha relación que tuvo Balaguer con el dictador Leónidas Trujillo, y que luego se convirtió en presidente de su país (1960-1962, 1966-1978, 1986-1996), lo que también está presente en su obra.

Indicó que es un tema que a él también le ha tocado de cerca, pese a que nació y creció en Nueva York, porque el hermano de su padre fue asesinado bajo la dictadura de Trujillo, para quien trabajó Balaguer.

“Hay una división entre balagueristas y antibalagueristas, un grupo que le venera y otro que le detesta. Esa división siempre me ha fascinado así como la relación Balaguer-Trujillo, pero no desde el punto de vista histórico, sino de cómo afecta a personas como yo, que nací y crecí en Nueva York o como mi madre que es del Cibao, una persona simple que vino para acá. Esa sicología de los que vienen de allá y de aquí para allá, que nos afecta a todos”, argumentó.

De acuerdo con Rodríguez, su obra tiene un tema universal, una historia conmovedora sobre la relación entre un padre y sus dos hijos, una mirada hacía la compleja experiencia del inmigrante que suele ser ensombrecida por la búsqueda del llamado sueño americano.

A la vez, la obra observa y analiza los lazos que unen a los inmigrantes con su patria y que “pueden ser escondidos y negados, pero nunca deshechos”.

“Es la experiencia del emigrante y sus hijos y cómo afecta lo que no se dice, lo que se esconde, lo que se huye y lo que se niega a la generación de acá”, añadió Rodríguez, que para esta obra habló con familiares pero también plasmó su propia experiencia al ser hijo de una madre pro Balaguer y un padre que era lo opuesto.

“Viviendo eso y el efecto que eso tuvo en mi, hijo único de mi madre, y en mis hermanos, hijos de mi padre, me inspiró a escribir esto desde el punto de vista de un provinciano (Nino), de una persona simple”, indicó el escritor y actor y destacó que la obra trata también el tema del racismo contra la comunidad haitiana en la República Dominicana a través de Jastón, el personaje de Lacén, un haitiano nacionalizado dominicano que forma parte del inesperado pasado del protagonista.

La pieza fue escrita fonéticamente como hablan en la región dominicana de El Cibao, de donde procede Nino, también como lo hacen los capitalinos y los dominican-York y contiene muchos elementos de la vibrante cultura dominicana.


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