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“Siempre quise ser arquitecto”, dice Jesús Eduardo Amaral, cuyos diseños –convertidos en edificios institucionales, residenciales y eclesiásticos– han enriquecido las perspectivas visuales de los puertorriqueños con sus formas limpias, sencillas, funcionales. A sus 90 años recién cumplidos, reflexiona en esta entrevista sobre su larga y fructífera carrera profesional, que incluye haber sido fundador y primer director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico (UPR), pionera en el país. “Amaral fue una figura clave de la arquitectura puertorriqueña de los años 60”, comenta su colega Jorge Rigau, fundador también de una escuela de arquitectura, la de la Universidad Politécnica.


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