Mural de la poetisa puertorriqueña Julia de Burgos en el centro Karam para jóvenes sirios refugiados en Turquía. (horizontal-x3)
Mural, realizado por Molly Crabapple, de la poeta puertorriqueña Julia de Burgos en el centro Karam para jóvenes sirios refugiados en Turquía. (Twitter / Molly Crabapple)

“Ya definido mi rumbo en el presente
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas”.

- Julia de Burgos

Los versos de Julia de Burgos, con toda su rebeldía e inspiración, emigraron por más de 6,000 millas, cruzando el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, para engalanar las paredes de un centro para jóvenes sirios refugiados al sur de Turquía.

Del pincel de la artista de sangre boricua Molly Crabapple, el retrato icónico del rostro de una de las más grandes poetas de Puerto Rico llegó la pasada semana a Reyhanli, ciudad en la frontera siria. Adornado con flores, lo acompañan los versos del poema “Yo misma fui mi ruta”, traducidos al árabe por el periodista sirio Marwan Hisham.

“El centro ofrece clases y talleres para adolescentes, de 14-17 años, así que quise pintar algo más sofisticado. Soy una estofona literaria por lo que decidí hacer retratos de escritores que creía que los iban a inspirar”, contó la también periodista en una entrevista telefónica.

Además de dibujar a varios literatos sirios, Molly pintó a los escritores estadounidenses James Baldwin y George Orwell, y al revolucionario sudafricano Nelson Mandela. Con la selección de Julia de Burgos, la artista quería compartir un poco de sus raíces con los jóvenes, quienes conocen muy poco o nada sobre Puerto Rico.  

En Turquía lo único que conocen sobre Puerto Rico es Despacito, y antes de eso a Ricky Martín, así que quería enseñarles sobre mi cultura. Les hablé sobre la cultura puertorriqueña y el colonialismo, porque ellos no tenían idea, y estaban muy interesados”, explicó Molly.

Molly Crabapple. (Suministrada / Clayton Cubitt)

“Escogí a Julia de Burgos porque entiendo que se pueden sentir identificados con su poesía. Les hablé, en su mayoría, de Julia, su feminismo, sus viajes entre Puerto Rico, Cuba y Estados Unidos, y la represión que vivía por ser mujer. Julia de Burgos está en el tope de la literatura mundial así que es bien natural y estupendo que estén expuestos a ella”, añadió.

La foto del mural se propagó rápido en las redes sociales, donde tuvo una gran acogida y ha sido compartida cientos de veces. Los puertorriqueños llenaron de mensajes de agradecimiento y orgullo tanto a la artista como al periodista que tradujo los versos.

“Marwan estaba tan feliz que tantos puertorriqueños le escribieron, pensó que fue maravilloso”, mencionó la muralista, cuya madre es una artista rusa y su padre, oriundo de San Sebastián, es profesor de Estudios Puertorriqueños en Nueva York.

Nombrada por sus padres como Jennifer Cabán, Molly lleva desde el 2014 trabajando como voluntaria con la fundación sirio-americana Karam.

La organización sin fines de lucro busca proveer apoyo y educación a los refugiados sirios. Además, les permite a los profesionales trabajar en algo relacionado a su especialidad. “Les da buenos trabajos para que no sean explotados. Les da la oportunidad de enseñar para ganarse la vida. Si es un arquitecto o abogado, dan talleres relacionados a eso”, detalló.

En los pasados tres años, sus dibujos han decorado distintas escuelas de la fundación para niños refugiados. Armada con un bolígrafo, la puertorriqueña nacida en Nueva York ha viajado hasta las entrañas del conflicto bélico en el Medio Oriente para documentar con palabras y dibujos las desgarradoras imágenes de la guerra.

“Conocí sobre la fundación cuando cubría la guerra como periodista y reportaba sobre la crisis de los refugiados en Irák, los campamentos en Grecia... hay tantos niños sin casa ni escuela, que me gustó lo que hacía la fundación. Este es el desastre humanitario más cruel del siglo 21. Es algo devastador, pero me inspira la intensidad y resiliencia de todas estas personas”, expresó la ilustradora.

Molly también estuvo en el norte de Irak con la organización Médicos Sin Fronteras, en Trípoli con The New York Times, la frontera de Gaza y la ciudad de Alepo, entre otros.

“Es una experiencia que, por un lado es fuerte emocionalmente, pero por el otro me inspira. Yo solo deseo crear algo hermoso e inspiradorque le abra un poquito la ventana del mundo a estos jóvenes”, reflexionó.

Añora pintar en la isla

Aunque puede leer y entender español, a Molly le avergüenza un poco no poder hablarlo más fluido. Su poema favorito de Julia de Burgos es “Pentacromía” y está intentando memorizarlo en español.

La artista de 33 años lamenta no haber podido regresar a la isla desde que era una niña, pero tiene entre su ajorada agenda volver durante este año.

“Mi único arrepentimiento es que no he regresado a ver a mis abuelos. He estado planificando regresar por los pasados dos años, pero tenía este gran proyecto (publicación de dos libros). Espero poder ir en los próximos meses”, dijo.

Molly contó que su padre la mantiene informada de lo que ocurre en Puerto Rico y conoce sobre el colectivo La Puerta, un grupo de artistas que denuncian con su arte las situaciones que afectan el país, a través de murales en diferentes partes de la isla. 

He leído sobre el movimiento artístico y vi también que aumentaron las penas para el arte urbano. Lo quieren reprimir porque es políticamente fuerte. Para mí sería un sueño (poder hacer algún mural cuando esté en la isla), me encantaría”, aseguró la seguidora de los escritores puertorriqueños José Borges, Luis Negrón y el exponente de música urbana Residente



Hija de inmigrantes y testigo de la guerra, a Molly le atormentan los recientes conflictos que han ocurrido en Estados Unidos con los grupos supremacistas.

“Me siento asustada como americana viendo a mi país hundirse en el fascismo, y soy activa políticamente y ruidosa al respecto, pero estoy más preocupada por mis amigos negros y musulmanes porque cuando los blancos racistas me miran no necesariamente notan que soy puertorriqueña o judía por lo que no soy objeto de acoso”, manifestó.

Que haya sustituido su nombre de nacimiento por uno artístico poco tiene que ver con discrimen por su raíz latina. “A los 19 años trabajé como modelo nudista y quería separar eso de mi familia, pero después así era que me conocían mis amistades y se convirtió en mi nombre artístico”, recordó entre risas.

Empezó a pintar a los 4 años. Cuando tenía 17 se independizó y abandonó su hogar para viajar y conocer el mundo, llegando a lugares como París, Kurdistán y Marruecos. El dinero que ganó modelando lo utilizó para comprar sus materiales y crearlosportfolios que envió a cientos de directores de arte hasta que fue contratada por The New York Times.

En diciembre de 2015 publicó su libro de memorias “Drawing Blood”. “Trata sobre mi experiencia y el proceso de convertirme en artista. Trabajo tanto que no tengo tiempo para realmente reflexionar sobre eso”, dijo.

Además, fue ilustradora de los libros “Discordia” y “Divide”. En estos momentos, colabora con Hisham en un libro sobre su experiencia cuando el Estado Islámico invadió la ciudad siria Raqqa, para el cual realizó 82 dibujos. 


💬Ver 0 comentarios