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Esta es la primera muestra de autorretratos que realiza el fotógrafo. (Fotos / [email protected])

En la era del llamado selfie donde autorretratarse ya no es una rareza, encontrarse con la obra del fotógrafo Máximo Rafael Colón es recobrar la fe en esta forma fotográfica. El artista puertorriqueño, criado en Nueva York, ofrece una lección sin proponérselo con su nueva exposición, en la que por primera vez muestra una serie de autorretratos tomados durante un periodo de tres décadas, con fotos que van de 1973 a 2005. 

Curada por Nelson Rivera, la muestra abrió el pasado jueves en la Liga de Arte en el Viejo San Juan, y continuará hasta el jueves, 12 de octubre. Luego de presentar en la Isla la exposición "Encuentro", en la Galería del Sagrado Corazón, y otra que formó parte de la colectiva “Ida y vuelta”, en el Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico, Colón sorprende con una exhibición íntima, donde apunta la cámara hacia sí mismo complejizando esta forma artística tan vinculada a los placeres narcisistas. 

Como destaca Rivera en el catálogo de la exhibición, el artista transforma sus autorretratos en un retrato de su colectividad al no borrar su entorno ni los objetos que lo rodean, sino todo lo contrario, los expone ofreciéndole al espectador una información que trasciende y alimenta al sujeto. 

Con una tímida sonrisa y la emoción colada en su mirada, el fotógrafo expresó que esta serie es lo más parecido a un diario visual, donde expone algunos de los momentos más duros de su vida. “Esta es la primera exhibición que hago de autorretratos”, confiesa Colón una mañana en la Liga de Arte en el Viejo San Juan.

Muchos de los retratos de la muestra, cuenta, nunca los había imprimido. Quizás uno que otro, como ese que aparece con su hija recién nacida en brazos y que todavía le provoca un nudo en la garganta. Pero en general, las 32 fotos que conforman esta muestra no las había mostrado, habían existido solo para él. Hasta que el año pasado la artista Elizabeth Robles lo convenció para que las exhibiera.

“Para mí resulta difícil porque esto es como un 'journal' mío”, dice. “No me gusta hablar del trabajo porque el trabajo tiene que hablar por sí mismo, pero el 'backstory to this' es que muchos de estos retratos, creo que la mayoría, son momentos difíciles de mi vida. Y yo creo que retratarme era como una forma de desahogarme, de sobrevivir, tú sabes, una manera de traspasar esos momentos difíciles, so de ahí es que vienen. Es un 'self therapy', una terapia”, expresa el artista sobre el origen de estas imágenes. 

Esa vulnerabilidad de la que habla es parte vital de la muestra, en la que se desnuda literal y figurativamente ante la cámara, redefiniendo la masculinidad y el desnudo masculino, como establece Nelson Rivera en el escrito que preparó para la exhibición. 

“Ni eróticos ni heroicos, los desnudos de Colón presentan el cuerpo como espacio de reflexión, espacio de pensamiento. La desnudez aquí es signo de vulnerabilidad y, sobre todo, de honestidad en carne viva, como pocas veces vemos en nuestro arte”, indica Rivera, quien nos recuerda que el desnudo masculino no ha sido frecuente en el arte puertorriqueño. 

En la muestra -que no está organizada por orden cronológico- se observa además diversos momentos en la vida del artista, desde el joven que crece en el duro Nueva York de principios de los años 70, hasta el hombre maduro, cuya imagen se triplica ante el espejo, siempre en un espacio doméstico. Las fotos fueron tomadas en Nueva York, Alemania y México, entre otros lugares que ayudan a construir la historia, no del artista, sino la individual. 

Máximo Colón conoce la suya y algunos capítulos de esa narrativa los comparte. “Esa bebé es la hija mía que hoy tiene 19 años y vive en Alemania. En ese retrato no se me ve la cara porque es la situación de que ella vive lejos, no puedo compartir con ella”, narra. “Esa de acá es el hijo mío que hoy tiene 44 años. Estas otras son con una de las compañeras de mi vida. Es la misma mujer. Una pelirroja puertorriqueña pecosa”, prosigue. 

Al cuestionarle qué representa para él el autorretrato se detiene y piensa. “Para mí fue un instrumento para documentar esas etapas en mi vida en los lugares donde viví. These are not happy selfies”, expresa soltando una carcajada que esfuma la incomodidad de hablar del pasado.

Para cambiar el tema, señala que esta muestra se la dedica a los estudiantes puertorriqueños por el compromiso que han demostrado en luchar por el país en estos momentos tan difíciles. “Ellos han dado cara a la crisis y todo lo que envuelve esta crisis”, dice.  “Puede que digan que soy un 'troublemaker' por decir eso, pero no me importa porque eso ha sido parte de mi vida”, continúa, mientras detrás de él aparecen las imágenes que confirman su actitud desafiante.

Antes de finalizar, volvemos a la mirada. ¿Qué piensa de los selfies?, se le pregunta. “Eso es una dinámica que es como una fiebre, pero me imagino que es una forma de 'self actualization', de actualizarse uno mismo y decir ‘yo estoy aquí’”, opina. “Cuando uno vive afuera eso se acentúa más porque tú formas parte, pero no eres parte. En cada momento te ponen barreras. Y pues el 'selfie' es decir yo existo y voy a seguir luchando”, concluye este artista demostrando que mirarse puede ser más que una simple actividad narcisista.


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