Nuevo libro destaca la historia líquida de San Juan (semisquare-x3)
El Antiguo Acueducto de Río Piedras se convertirá en la sede de proyectos de investigación científica. (Suministrada)

“La troncal principal todavía va por aquí. Se trajo de Bélgica. Fue un problema poder traer esos tubos, no podían entrar barcos. Hubo que esperar que terminara la guerra para poder traer los tubos que faltaban”.

Lo cuenta el historiador y planificador Aníbal Sepúlveda Rivera, quien ha dedicado su vida y obra profesional al estudio y análisis del desarrollo de nuestra capital, San Juan de Puerto Rico. 

Esta vez, lo ha hecho pero desde un nuevo filtro -literal y simbólico-, lo ha hecho desde las rutas del agua. ¿Cómo lograron tener agua potable los sanjuaneros? ¿Cómo influyó el proyecto del acueducto de San Juan en la expansión de la ciudad? ¿Por qué los sanjuaneros no conocen el Río Piedras, nuestro único río urbano en San Juan? ¿De dónde viene el agua que consumimos? La lista de preguntas es inagotable, pero su nueva publicación las explora, generando a su vez nuevas interrogantes.

Se trata de su más reciente libro, “Acueducto: Historia del agua en San Juan”, una publicación de Para la Naturaleza, entidad que ha sido fundamental en los más de diez años de investigación que requirió la creación de este documento de corte historiográfico y documental que, a su vez, opera como un manual para la anhelada restauración del antiguo acueducto de San Juan.

Es un libro robusto, grande, pesado, como sentimos el cuerpo cuando lo pasamos por agua. Está repleto de mapas, imágenes y planos de construcción, que el autor ha trabajado digitalmente con gran minuciosidad, destacando así el universo subterráneo de esta indispensable pieza de ingeniería en la ciudad. El tratamiento de las imágenes y el diseño del propio libro aluden también a esa idea. Es un libro pasado por agua.

La conversación en torno a la nueva publicación ocurrió hace unas semanas, en medio de lo que fue un día típico de onda tropical en el país. Lluvias torrenciales desde la madrugada, el río Fajardo desbordado, deslizamientos de terreno y una ciudad capital moviéndose a ritmo más lento, definieron el ambiente de la mañana. Ese decir popular que dicta que en Puerto Rico “caen dos gotas de agua y el país se paraliza”, se materializó una vez más. Caía la lluvia y a través del cristal de Libros AC en Santurce, Sepúlveda identificaba la troncal principal del acueducto que atraviesa la Avenida Ponce de León, beneficiándose de su declive. Habla de todo ello, de los tubos que esperaron el fin de la guerra, como si pudiera verlos. Y en verdad los ve.

Como estudioso de la ciudad, la observa casi como si pudiera ver a través del concreto, de la brea, de cada una de sus estructuras. Su estudio de planos y mapas, su formación como planificador, y la evidente pasión que siente por estos temas, ha agudizado su percepción del espacio. Las imágenes también están hechas de aquello que traemos en nuestra mirada.

“Es un trabajo historiográfico, un relato histórico escrito por un historiador y está fundamentalmente hecho con fuentes primarias, archivos, documentos duros y testimonios”, explica Sepúlveda quien durante sus 12 años de exploración en torno al tema, trabajó en el Archivo General de Puerto Rico, en donde descubrió documentos que le permitieron expandir su investigación en archivos españoles como el Central Militar, el Histórico Nacional o el de Segovia.

“Es imposible hacer historia en Puerto Rico sin haber trabajado en archivos españoles”, argumenta en su texto introductorio en el que resulta evidente el papel de la Universidad de Puerto Rico como institución en la forja de proyectos de esta naturaleza. Ya que, si bien Para la Naturaleza ha sido el apoyo central, la UPR como epicentro de su obra investigativa y como espacio vivo de creación al haber sido profesor allí por 30 años, permitió el desarrollo de un trabajo de esta naturaleza.

“Se pudo dar una simbiosis entre el profesor y el consultor, el planificador y el historiador pudieron amalgamarse”, describe sobre el proceso creativo e investigativo.

Rastrear las gotas

Su indagación fue extensa e internacional. En los Estados Unidos también halló fuentes primarias, como fue el caso del archivo de la Roberts Filter Manufacturing Company en Darby Pensylvania, la Biblioteca del Congreso en Washington D.C. y en la Biblioteca Pública de Nueva York.

Fuentes secundarias de gran valor también fueron incorporadas luego de sustanciosa investigación en la Colección Puertorriqueña de la Biblioteca de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y en el depósito de la Fundación Luis Muñoz Marín.

A esto sumó la búsqueda que describe como “rigurosa y con criterio” en Internet, así como los encuentros fortuitos con descendientes de los ingenieros que trabajaron las distintas fases de diseño y construcción, los grandes héroes de esta historia. Lillian Bird Canals, Carmen Guerra-Mondragón y Salomé Galib, son las tres descendientes de ingenieros del acueducto que pusieron a disposición de Sepúlveda fotografías y archivos familiares para el enriquecimiento de esta historia.

Fue así, sobre todo, porque este libro propone una fusión de disciplinas para proveerle un acercamiento humanista a una historia que, de otro modo, correría el riesgo de interpretarse únicamente desde la mirada técnica. No podía ser de otra manera, sobre todo si se trata de algo tan esencial como el agua.

“Yo quería saber cómo los sanjuaneros se abastecían de agua. Imagínate... el agua no salía por la pluma por 400 años. ¿Cómo era eso? Porque si vas al Viejo San Juan allí no hay un río, no hay una quebrada, no hay un pozo, no hay agua. ¿Cómo se les ocurrió mudar la ciudad a ese San Juan?”, cuestiona el autor quien además laboró de la mano del entonces presidente ejecutivo de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, Alberto Lázaro.

“Mi vida profesional la he dedicado a estudiar la ciudad, en este momento me fui por la vía líquida, es una historia líquida de la ciudad... Muy pocas ciudades en el mundo conocen de dónde viene el aguaque se toma la gente. Se piensa que abres la pluma y sale agua. No hay una conexión, por ejemplo, con los nombres de los ríos. En España en los puentes está el nombre del río y si uno añadiera el dato de cuántas personas beben agua de ahí, el ciudadano se sentiría mucho más identificado y comprometido con su preservación y limpieza”, expone sobre uno de los propósitos principales del libro, la concienciación en torno al recurso agua y su preservación.

Ciudad y vidas

Su investigación le permitió entender mucho mejor la expansión de San Juan y los intereses que pueden operar, literarlmente, de manera subterránea. Para ello, utiliza un mapa en el que se ven claramente las arterias del acueducto. En éstas, se aprecia cómo en zonas como Miramar y el Condado, sectores de mayor afluencia económica, había mejores y más abundantes abastecimientos de agua. A eso suma las historias humanas y las vidas de los ingenieros, sus grandes héroes, que se cruzan con la Guerra Hispanoamericana y con la Primera Guerra Mundial en sus procesos de construcción.

“Uno de mis grandes héroes es el ingeniero puertorriqueño Arturo Guerra Mondragón. Él había estudiado en Nueva York. Los primeros tres eran españoles militares y los últimos cuatro son puertorriqueños, todos civiles. Éste estaba construyendo en San Juan, mientras durante la guerra se invadía por Ponce. Esto también es un homenaje a esos ingenieros”, expone dejando entrever el diálogo con los tiempos presentes. En medio del caos, en el país se sigue y seguirá construyendo.

Otras historias humanas que le conmovieron y encuentran su espacio en el libro, son las de las lavanderas del Viejo San Juan. Esas mujeres acosadas por andar calle arriba y calle abajo con grandes cestos de rompa sucia y maloliente, cuya limpieza representaba un reto de logística importante.

La cartografía, las vidas, y los elementos técnicos y humanísticos convergen en este libro que su autor describe a partir de palabras clave como agua, gente y tecnología.

“El agua es H2O, y esas moléculas de oxígeno y de hidrógeno se unen siempre en un ángulo particular de 104.5 grados. Ese es un número mágico y en la restauración del acueducto va a haber muchas cosas con ese número, porque hay una poesía subyacente”, adelanta acerca de otro de los objetivos del libro, lograr a largo plazo el establecimiento de un centro educativo y de investigación en torno al agua tropical desde el antiguo acueducto ya restaurado.

En esa dirección ya se han dado varios pasos. La primera fase fue de arqueología.

“Con un plano de 1925 los convencí de que eso estaba ahí porque eso estaba cubierto de tierra. Rescatamos los filtros y ya está el plan de restauración en proceso, a través de Para La Naturaleza y de distintos fondos”, explica el autor de incontables conferencias sobre el tema, algunas de las cuales fueron importantes para un segundo logro: la inclusión del antiguo acueducto de San Juan como uno de los100 llamados tesoros nacionales a nivel de Estados Unidos en el 2014, luego de su postulación en el 2007. Incluso, hasta una nueva especie endémica de camarón fue descubierta por un investigador de la UPR en el río Piedras.

“Esto es un proceso de largo aliento y una lección para los millenials. Nada se logra de la noche a la mañana. El acueducto tardó 50 años en construirse, que tardemos unos años en lograr esto es natural”, enfatiza Sepúlveda quien si bien reconoce la precaria situación de la UPR y del país, no tiene duda de que esto se trata de un proyecto “igualmente urgente e importante”.

“El Antiguo Acueducto del río Piedras es un tesoro de inmenso valor histórico y ecológico. Es un referente de la historia urbana de San Juan y está enclavado en el último meandro que le queda al río. Con la información histórica que se ha recopilado y publicado en este libro, Para la Naturaleza cuenta con sabiduría necesaria para llevar a cabo la restauración de este Tesoro Nacional. Este proyecto marca el inicio del rescate del río Piedras y la recuperación de espacios naturales en áreas urbanas. El Antiguo Acueducto será la sede de proyectos de investigación científica. Contará con programas educativos e interpretativos, así como programas de conservación de áreas naturales urbanas de vinculación comunitaria, enfocados en el beneficio y la importancia del agua para para los ecosistemas y los seres humanos”, reflexionó el licenciado Fernando Lloveras, presidente de Para la Naturaleza.

Tomará su tiempo, pero como río que recupera su cauce, este libro promete una restauración.


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