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Si esta Isla es nuestro cuerpo, habría que reconocer que nuestras arterias andan necesitadas de suturas. Y aunque suena muy poética la idea de sanar las venas de agua de nuestro cuerpo de tierra, la verdad es que la situación no es materia de versos sino de una reflexión honda sobre el modo en que el País ha crecido y se ha desarrollado a cuenta de la desviación y las fracturas de nuestros cuerpos de agua. Las consecuencias, sólo las notamos en días lluviosos como estos o cuando, de repente, algún tubo explota llevándose el concreto con toda su fuerza contenida.


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