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La Casa Armstrong Poventud, también conocida como la Casa de las Cariátides, ha sido testigo fiel de los eventos que se han suscitado en la Ciudad Señorial de Ponce.

Su edificación data de 1899 y responde al trabajo de Manuel Domenech, uno de los más prestigiosos arquitectos puertorriqueños de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Al arquitecto Domenech se deben muchas residencias privadas en San Juan, Mayagüez y Ponce, pero la casa Armstrong tiene un encanto particular. Su construcción fue comisionada por su propietario, Carlos Armstrong Toro, un distinguido ciudadano de Ponce y uno de los principales banqueros del País. Fundó el Banco de Ponce y el Banco de Crédito y Ahorro Ponceño. Además, desarrolló una red bancaria internacional con oficinas en Puerto Rico, Cuba, Nueva York y Dinamarca. En este último país se le honró con la Orden Danabru y se le nombró cónsul de Dinamarca en Puerto Rico.

La Casa Armstrong es emblemática de la filosofía de vida de su propietario y de su carácter emprendedor. A la vez, es una muestra del empuje de la burguesía puertorriqueña a comienzos del siglo XX.

Según Jorge Figueroa, curador general de la División de Patrimonio Cultural del Municipio Autónomo de Ponce, la Casa Armstrong “es el reflejo de los gustos y ademanes de la burguesía ponceña en la transición del siglo XIX al XX. Su estilo es muestra del poder adquisitivo de una elite que miraba a la Europa del modernismo”.

Los orígenes de Carlos Armstrong Toro se remontan a la llegada de un médico irlandés a Ponce en la década de 1840, procedente de la isla de Santa Cruz. Peter Lothary Armstrong se quedó en Ponce, donde se originó la estirpe de los Armstrong en la sociedad ponceña: empresario, banquero, comerciante y filántropo. En épocas sucesivas la Casa Armstrong fue la residencia de las familias Armstrong Toro, Armstrong Poventud y Armstrong Pou, todas arraigadas en la burguesía sureña.

El diseño de la residencia se inspira en el prototipo de la villa italiana transportada a la ciudad, lo que no era de extrañar en una época en la que se añoraba a Europa.

La casa es ecléctica, explica Figueroa. En su fachada se combinan diversas corrientes arquitectónicas, sobresaliendo el estilo del palacete toscano con algunas reminiscencias del neoclasicismo y el modernismo catalán en boga. El maestro artesano fue Elías Concepción Albizu. El propietario fue muy exigente con el arquitecto y los maestros de la obra, para que se rigieran fielmente a sus directrices en cuanto al diseño de exteriores e interiores. La obra destaca las figuras de las cariátides en su pórtico, aunque hay que señalar que una de las figuras es una cariátide (figura femenina en la pilastra escultórica) y la otra es un atlante (figura masculina).

La Casa Armstrong no ha sufrido modificaciones significativas desde que fue construida. Llaman poderosamente la atención las molduras y pilastras que modulan su fachada. Estos son dos elementos prototípicos de las villas toscanas. A un lado de la estructura, el zaguán de entrada es un elemento de la tradición colonial española que adopta el edificio. Los pisos del interior son de parquet y los techos de metal repujado, pintado a mano, son originales.

Además de su estilo, su localización en el lote más prominente de la ciudad, frente a la catedral y la plaza pública, realzan la importancia de la estructura como hito y a su dueño dentro de la sociedad ponceña.

La Casa Armstrong es hoy sede de la Oficina Regional del Instituto de Cultura Puertorriqueña, del Proyecto Ponce en Marcha y de otras dependencias del ICP en la zona sureña.

Si alguna estructura simboliza la pujanza de la ciudad ponceña en los inicios del siglo pasado, es la Casa Armstrong. Ninguna visita a la Perla del Sur estaría completa si no se saca un tiempito para observarla y rememorar su importancia.


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