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En agosto pasado, Michael Vick, el 'quarterback' de los Falcons de Atlanta, admitió su culpabilidad de los cargos federales que le habían radicado por permitir que se llevaran a cabo peleas de perros en su propiedad de Virginia.

Al parecer, Vick, quien en 2004 había pactado con los Falcons un contrato de $130 millones por 10 años, se ganaba un dinerito extra financiando una operación clandestina que organizaba peleas de 'pit bulls'.

El jugador, que tenía docenas de estos animales caracterizados en los últimos años como 'perros de pelea', operaba también un sistema de apuestas.

Según se reveló ante la corte, junto a sus asociados, el hombre incluso llevaba a cabo periódicas sesiones de fogueo en las que se evaluaba la capacidad agresiva de los animales.

Después de éstas, sacrificaban a los perros que no eran lo suficientemente agresivos. El mismo Vick, se asegura, mató por lo menos a seis de ellos. Cuando las autoridades federales irrumpieron en el lugar, hallaron perros que habían sido ahorcados, electrocutados, ahogados, baleados o golpeados hasta morir.

Ahora Vick se encuentra cumpliendo una condena de 23 meses de cárcel, mientras que, gracias a una decisión del juez -que ha recibido los vítores de las agrupaciones que abogan por los derechos de los animales-, muchos de sus perros están en libertad. Esto es una gran sorpresa.

Aunque, con la excepción de Ohio, ningún estado de los Estados Unidos tiene una ley contra el 'pit bull', sí es un animal prohibido en muchas ciudades. Incluso en los sitios en que no es así, se da por descontado que no es rehabitable un 'pit bull' que ha sido entrenado para pelear.

Por consiguiente, la decisión del juez del caso de Vick puede interpretarse como un aviso de que su suerte podría estar por cambiar.

Y el juez, Henry E. Hudson, no tan sólo no ordenó que sacrificaran a los animales sobrevivientes -"Yo no creo en el discrimen por raza", dijo- sino que le exigió a Vick que costeara, por cerca de $1 millón, la rehabilitación y el cuido de los perros.

Un grupo de expertos seleccionados por la Sociedad Americana Para la Prevención de Crueldad a los Animales se encargó de evaluar a los 50 'pit bulls'.

Estos hallaron que sólo uno -que tenía un historial de morder a seres humanos- debía ser sacrificado. Los demás fueron designados para adopción por familias, enviados a santuarios de 'pit bulls', o entrenados para trabajar como perros policías.

La ley del “Pit Bull”

En Puerto Rico, sin embargo, es otro ladrar. Desde 1998 existe una ley -la ley 158- que declara ilegal al 'pit bull'. Esta dispone que los dueños se ven obligados a llevarlos a refugios o a veterinarios privados para que los sacrifiquen.

Casi nadie le hacía caso a la ley, sin embargo, hasta que, por alguna razón, varios municipios han empezado a tomarlas en serio desde hace unos cuatro meses.

“En Cidra, Carolina y Caguas, por ejemplo, ya han eutanizado a más de 1,000 'pit bulls',” dijo recientemente el doctor Víctor Oppenheimer, presidente del Colegio de Médicos Veterinarios.

En el municipio autónomo de Caguas, existe incluso una ordenanza municipal, aprobada tres años atrás, que prohíbe al 'pit bull', explicó el funcionario de la división de Control de Animales, Jerry Cruz.

Ésta, que se mantendría vigente incluso si se modificara la ley estatal, impone una multa de $250 por primera infracción a la persona que sea hallado en posesión de un 'pit bull'.

La ley 158 procede de un proyecto radicado por la representante Iris Miriam Ruiz, hoy en día portavoz de la mayoría en la Cámara. Está en vigor desde el 23 de julio de 1998 y “prohíbe la posesión, adquisión, introducción venta y traspaso en Puerto Rico de los 'pit bulls'.

En aquel entonces, se dio un plazo de ocho meses para que los dueños de los 'pit bulls' pudieran registrar sus mascotas. Se fichaban y se esterilizaban. Posteriormente, la ley 111 del 30 de abril de 1999, extendió por un año adicional ese registro.

De las decenas de miles de 'pit bulls' que se estima que había en aquellos momentos, terminaron registrando a 18. Entonces, según lo dispone la ley, el registro 'se cerró'. Eso quiere decir que, aparte de aquellos 18 afortunados -de los que ya algunos han muerto- no hay en Puerto Rico un solo 'pit bull' que, legalmente, pueda seguir con vida.

Pero en la Isla, según lo reconoce todo el mundo, siguen habiendo decenas de miles de 'pit bulls'.

¿Ha funcionado la ley?

“Si el fin que se persigue es regular la tenencia de 'pit bulls' en Puerto Rico, estar conscientes de que los animales tengan las vacunas al día, y que sus dueños cumplan con los requisitos de seguridad, entonces el registro debería seguir abierto”, dijo el doctor Héctor Díaz, veterinario del Departamento de Agricultura, agencia que, según la ley, fue responsabilizada para tratar con los 'pit bulls'.

Aún con el registro abierto, evidentemente, la esterilización compulsoria, unida a la prohibición a traer animales del exterior, se encargarían de ir eliminando poco a poco la presencia del 'pit bull' en Puerto Rico.

Pero, independientemente de que el registro pueda estar abierto, cerrado o dándose una ducha, lo cierto es que la ley no le otorgó más fondos al Departamento de Agricultura para que atendiera esa nueva función.

Y Agricultura se enfoca preferentemente en la condición de las vaquerías, las porquerizas y las aves, que se traducen en alimentos de consumo para el país.

A la policía, en cambio, se le encarga la tarea de rastrear los perros cuando ocurre algún incidente o cuando alguien presenta una querella.

Una vez se sentencia al 'pit bull', el protocolo es muy sencillo: un funcionario de Agricultura -muchas veces el propio veterinario Díaz- le entrega al dueño del perro la orden de eutanasia, y le cursa otra copia a la policía.

El dueño tiene entonces 72 horas “para disponer del animal”, ya sea llevándolo a su veterinario, o a un refugio de animales.

Allí, luego que se lo maten, le entregan un certificado que confirma que cumplió con la ley.

“Es una ley antipática”, reconoció Díaz.

Tres muertes 

Iris Miriam Ruiz recuerda que el ambiente negativo era muy parecido hace 10 años, cuando ella trataba de impulsar su proyecto de ley.

“Hubo detractores que fueron a visitar al gobernador, Pedro Rosselló”, dijo. "Muy astutamente, yo le pedí a la mamá del nene que había encontrado a su hermanita muerta por el ataque de un 'pit bull' que le escribiera personalmente una carta al Gobernador".

“Fue una carta tan desgarradora -ese niño no va a superar nunca los daños sicológicos que sufrió- que Rosselló firmó el proyecto”.

Esa muerte, unida a otras dos ocurridas para esa época, hizo que levantara la voz la indignación que desembocó en el proyecto de ley.

“ Hubo el caso de la señora mayor de Ponce que se la comieron dos 'pit bulls'”, dijo la representante Ruiz. “Cuando los policías llegaron, los mataron. A uno de ellos, uno le dio un tiro en el centro de la cabeza”.

“¿Tú me quieres creer que, más de una hora después, el animal se levantó para volver a atacar?”

“Es que el cruce le hace a estos animales un daño cerebral", agregó. "Les da una locura. Es un animal que puede estar 10 años mansito con uno y de pronto, surge un detonante... y ataca”.

Sin embargo, quienes se oponen a la ley en Puerto Rico no son tan sólo 'the usual suspects' -las distintas sociedades protectoras de los animales-, sino algunos 'suspects' bastante inesperados.

Tales como el doctor Carlos Carazo, de la división de Salud Ambiental del Departamento de Salud, la cual lleva cuenta de todos los incidentes de mordidas de mascotas que se suscitan en Puerto Rico.

“Esa fue una ley que se aprobó en una situación emocional, sin estadística, y porque había otras jurisdicciones que se habían tirado hacia eso en los Estados Unidos”, dijo Carazo con evidente desagrado.

“Pero, como decía mi padre, el que imita lo que hacen los otros, puede terminar tirándose hasta por un risco”.

De hecho, lo ocurrido en Puerto Rico parece ser un patrón recurrente cada vez que surge un movimiento para proponer o aprobar una ley que prohíba los 'pit bulls'.

Primero ocurre un ataque, atribuido -justa o injustamente- a un 'pit bull'. Poco después, algún legislador propone, en medio del sufrimiento y el repudio general, la erradicación de la raza completa.

Ese patrón se vivió en Oklahoma City durante las primeras semanas de junio de 2005. A principios de mes, un perro identificado como un 'Pit Bull Terrier' atacó a un niño de tres años, quien terminó perdiendo un brazo.

Acto seguido, el representante republicano Paul Wessenhoft anunció que radicaría un proyecto para erradicar el 'pit bull' a nivel estatal.

El elemento emocional fue devastador: “Hablé con los padres y abuelos de Cody”, indicó el legislador. “Su abuela me dijo que, después del ataque, su brazo parecía un muslo de pollo, después que uno le ha comido la carne. Tuvo que serle amputado a la altura del hombro”.

La base estadística para la aprobación de esa ley, sin embargo, no parecía convincente: se atribuían a 'pit bulls' el 15 por ciento de las mordidas de perro informadas en Oklahoma City de 2001 a 2005.

En general, las estadísticas no son muy esclarecedoras en todos los Estados Unidos: unas 20 personas mueren como consecuencia de ataques de perros cada año, cifra que se ha mantenido estable durante décadas, escribieron Erin McCormick y Todd Wallack en un artículo publicado por el San Francisco Chronicle en julio de 2005.

En la presente década, la mayoría se debe a ataques de 'pit bull', pero en los noventa sobresalían los Rottweillers y, en los años setenta, los Germán Shepherds (pastores alemanes).

“Se trata de una estadística tan escasa que no significa mucho”, añade el artículo. “Quizá sólo implique que, en la actualidad, el 'pit bull' es el perro de moda entre la gente que usa a los perros de una manera irresponsable, igual que antes lo hacían con los 'Rottweillers'.”

Entretanto, lo de 'sin estadística' en Puerto Rico es literal: Salud Ambiental no cuenta hoy en día con un sistema computarizado para llevar cuenta de los ataques de perros, por lo que se desconoce cuántos ataques han sido obra de 'pit bulls' o si los mismos se han aminorado desde que la ley entró en vigor.

En resumen: no hay forma de saber si la Ley 158 ha tenido éxito o no.

Surge una recomendación

¿Qué dicen los estudios?

“El 'pit bull', especialmente el 'Pit Bull Terrier', fue una raza creada con el fin específico de ser agresiva”, afirmó, por ejemplo, Brian C. Anderson, en un artículo publicado por la revista cibernética 'City Journal' en 1999.

El artículo alude a un estudio hecho por el redactor científico de la publicación inglesa The Economist, el cual supuestamente halló que “sus ataques frecuentemente duran más de 15 minutos, y nada- tubos, puños o patadas- es capaz de desalentarlos. Eso se debe a otra anormalidad de esta raza: su insensibilidad al dolor”.

Sin embargo, citando otros estudios, el mismo artículo halló que el 84 por ciento de los 'pit bulls' pasó las pruebas de temperamento de la American Temperament Test Society, un organismo estadounidense sin fines de lucro que mide la fiereza de los perros.

El promedio de todas las razas es de 81 por ciento.

El mismo articulo concluye diciendo que "a quien más debemos temer es a la fiera de dos piernas, no a la de cuatro patas": los seres humanos.

Tal vez el estudio más abarcador fue el que presentara una comisión especial de la American Veterinary Medical Association (AVMA) en mayo de 1998... dos meses antes de que se aprobara aquí la ley del 'pit bull'.

Este resolvió que las leyes contra razas particulares, como el 'pit bull', han evidenciado serias fallas, sobresaliendo entre éstas la dificultad para identificar a estos animales, que pueden confundirse con otros de razas similares.

Además, halló que “hay razas que se consideran apropiadas como mascotas que también pueden atacar y morder”, mientras que, aparte del 'pit bull', “hay otras razas, como el mastín napolitano, el Akita, el Tosa o el Shar-pei, que también han sido utilizadas para pelear”.

Su recomendación: recolectar información acerca de toda la población canina de una comunidad, incluyendo los incidentes de mordidas e información detallada sobre cada animal (raza, edad, sexo), en un registro global.

Dos proyectos en camino

La solución, así, puede estar halándole la correa a la Legislatura, igual que un perro que quiere que su amo lo saque a pasear: derogar la ley del 'pit bull', ordenar un registro de todas las mascotas y aprobar la ley de los perros potencialmente peligrosos o peligrosos.

“Las prohibiciones sólo funcionan con la gente responsable”, dijo el doctor Oppenheimer. “¿Qué caso le va a hacer el dueño de un punto de drogas, que tiene un 'pit bull', a que le digan que su perro es ilegal?”

Las leyes genéricas -que tratan a todos los perros por igual- aducen, además, que ninguna raza es más peligrosa que otra: un perro 'potencialmente peligroso', explicó, sería aquél que se comporta agresivamente contra otro animal o contra un ser humano, sin llegar a morderlo. Uno 'peligroso' es uno que, efectivamente, ha llegado a morder.

En suma, bajo esta ley, se mantendría una vigilancia especial sobre los animales que han manifestado problemas de conducta, independientemente de su raza, cuando, en el presente, la ley los deja a todos por la libre... excepto al 'pit bull' que muy bien puede haberse pasado la vida lamiéndose las patas.

Bajo el nuevo concepto, todo dueño se vería obligado a inscribir su mascota. Entre otras ventajas, de este modo empezaría a establecerse un control sobre los perros realengos. Al estar los perros fichados e identificados (con 'microchips'), sus dueños tendrían que pensarlo dos veces antes de lanzarlos a la calle.

De paso, esto podría alcanzar el rango de realidad dentro de poco: tanto en la Cámara como en el Senado ya mueven la cola unos proyectos que, en efecto, derogarían la ley del 'pit bull'. El del Senado es el proyecto 2552, de Jorge de Castro Font, mientras que en la Cámara marcha un proyecto sustitutivo suscrito por Javier Rivera Aquino, presidente de la Comisión de Agricultura de ese cuerpo.

Para Oppenheimer, tales leyes permitirían “que los dueños responsables de 'pit bulls' por fin tengan la libertad de contar con una mascota, sin tener que estar todo el tiempo mirando por encima del hombro para que no se la quiten o eutanicen”.

Pese a su terrible reputación, pues, es posible que algún día al 'pit bull' le dejen realizar su sueño: vivir una vida de perros.


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