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Pedro le escribió al mundo que Juan, Miguel, Milagros, Olga y Manuel murieron ayer y volverían a morir mañana. Que todos ellos dejaban la vida en una tierra que les prometía oportunidades, pero que en cambio les trajo insultos, trabajo sin fin y sin recompensa, la quiebra económica (y emocional), el coraje de soportar el prejuicio y el eterno sueño de hacer maletas para ir por primera vez o regresar a la isla de su alma, Puerto Rico.