Las piezas del artista Omar Velázquez se exhiben en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago. (Suministrada)

Luego de vivir por seis años en la ciudad de Chicago, el artista puertorriqueño Omar Velázquez decidió que era hora de regresar a casa. El momento llegó justo con la pandemia, específicamente en marzo de 2020, cuando las ciudades y los países cerraron para evitar la propagación del temido coronavirus.

De esa forma, Velázquez dejó atrás su taller artístico en la ciudad y se internó en el pueblo de Ponce, donde gestó un nuevo cuerpo de trabajo que, irónicamente, acogió el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago (MCA), bajo la curaduría de la también puertorriqueña Carla Acevedo-Yates, quien desde el 2019 trabaja con esta institución cultural.

“Después de estar seis años en la ciudad, hay algo que falta, que es el lugar donde están tus raíces. De repente, uno siente que estar diez minutos en tu país te da la energía que no sientes en otro lugar, pero también el estar lejos del lugar de donde eres te da una perspectiva que es sumamente necesaria que aprendas”, comenta el artista sobre esa paradoja creativa que, de cierta manera, le dio forma a su nuevo cuerpo de trabajo.

La nueva muestra de Omar Velázquez -que abrió el pasado 22 de diciembre y se extiende hasta el 18 de julio- presenta pinturas que abordan la intersección entre la pintura, la música y el folclor. A través de paisajes tropicales donde se destacan escenas surrealistas en las que lo mítico y lo onírico se funden, se revela el oscuro legado del colonialismo y la experiencia de la diáspora puertorriqueña, que sueña e imagina un país. La exposición -la primera que presenta de forma individual en un museo- también presenta instrumentos de cuerdas, tallados por Velázquez, en forma de frutas tropicales. Estos instrumentos acompañan pinturas a pequeña escala de portadas de álbumes de música jíbara. Junto a su obra, se presenta una pieza realizada por el artista y músico Rafael Ferrer y otra del maestro artesano Carmelo Martell Luciano que trazan una genealogía de artistas puertorriqueños que comparten el interés de Velázquez por la forma, color y sonido.

Como parte de la exhibición, el artista incluyó una pieza del artista y músico Rafael Ferrer, y otra del maestro artesano Carmelo Martell Luciano. (Nathan Keay)

El artista relata que quedó obsesionado con el trabajo de Martell Luciano cuando vio varias imágenes de los instrumentos que construyó los cuales tienen formas de animales y de otros elementos no tradicionales. Cuando supo que varias de sus piezas se encontraban en el Museo de la Música en Ponce, decidió visitarlas para seguir estudiándolas. “Una de las cosas interesantes de Martell es que estuvo cinco años trabajando fuera de Puerto Rico y al regresar a la isla fue que él sintió un llamado de la montaña, de forma casi mística. En ese momento dijo, ‘mi vida no es para estar allá afuera, yo pertenezco a este lugar’. Y le dedicó su vida y trabajo a hacer estas cosas porque, aunque la estética es tradicional, él no las seguía. Su estética era fiel a la montaña y esa frase, fiel a la montaña, fue la gasolina para todo este trabajo”, confiesa el artista.

En cuanto al trabajo de Rafael Ferrer –que el MCA tiene 35 de sus piezas-, Velázquez lo conoció en el 2015 en Chicago y desde entonces, quedó maravillado con su obra contemporánea.

“Cuando Carla (la curadora) me hace el acercamiento de hacer el show para el museo quería seguir la línea de trabajo que ya había empezado con esta investigación de Martell y decido hacer varios instrumentos y conectarlos con una pieza de él que nos prestó el Instituto de Cultura Puertorriqueña. A ese contexto le agregué una pieza de Rafael Ferrer que forma parte de la colección del Museo de Arte Contemporáneo de Chicago. Esto con la idea de darle contexto a mi trabajo y de presentar todas esas influencias”, explica el artista, quien funde en su obra objetos arqueológicos y museísticos, con la música, el folclor, la fauna y la flora, celebrando el paisaje que lo rodea.

“Es una forma de explorar el paisaje, los objetos y la relación que hay entre una y la otra”, señala para luego hablar sobre cómo su experiencia viviendo fuera del país también está intervenida en este nuevo cuerpo de trabajo.

“Si hubiese pintado estas pinturas en Chicago, hubiesen sido diferentes a las que pinté acá porque al estar en Puerto Rico parte de la idea era mirar a la montaña como la metáfora del ente creativo. Suena clichoso, pero hay un éxodo a la montaña porque la gente está cansada de la ciudad. Se está saturando la cosa. Pasó en el 2020 cuando mucha gente se dio cuenta que los recursos (en las ciudades) son mínimos. Y todo este caos (de la pandemia) hace que uno se reafirme que uno debe conservar los recursos naturales y en las pinturas hay una manifestación entre objetos, animales, situaciones que como que resumen un poco todo es caos, pero a la vez segmentados en episodios, casi como anécdotas”, explica Velázquez, quien estudió arte en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y luego hizo su maestría en School of the Art Institute of Chicago (SAIC).

Las piezas del artista Omar Velázquez se exhiben en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago. (Nathan Keay)

Esta exhibición se lleva a cabo como parte del proyecto “Chicago Works”, que le da visibilidad al trabajo de artistas que viven o trabajan en Chicago. La oportunidad surgió, gracias a la curadora boricua Carla Acevedo-Yates, con quien Velázquez había trabajado en el 2011 y que quedó fascinada con su obra más reciente tras visitar una exhibición que realizó en el 2019 en la galería Corbett vs. Dempsey.

“Había la oportunidad de presentar a un artista en ese momento para el espacio de Chicago Works y lo más lógico y natural fue presentar el trabajo de Omar que ya yo lo conocía bastante bien y que pensé que había mostrado un desarrollo muy importante en su lenguaje pictórico”, cuenta la curadora, quien dice que algo que le atrajo mucho del trabajo del artista fue esa vuelta a la montaña que presenta en sus piezas, las cuales tienen múltiples referencias a la historia del arte en Puerto Rico.

“Creo que en estas pinturas en particular el paisaje tiene una energía muy particular donde ocurre mucha actividad, y me interesaba mucho la conexión que él hace con lo que es la historia del arte en Puerto Rico. Pienso que Omar ha sido influenciado por muchos artistas puertorriqueños, incluyendo Francisco Oller y Carlos Raquel Rivera, que han sido importantes para su lenguaje pictórico. El corazón de esta exhibición está en esas conexiones que hace entre los formatos tradicional de la pintura, como son el retrato, el paisaje y el bodegón, con el arte contemporáneo y el folclor”, expone Acevedo-Yates.

La puertorriqueña, quien estudió en Barnard College en Nueva York, comenta que su misión como la curadora de Marilyn y Larry Fields del MCA, es darle mayor visibilidad al trabajo de artistas de Puerto Rico y la diáspora, así como artistas latinoamericanos. Esta exhibición de Omar Velázquez apunta en esa dirección.

“Una de las cosas que estoy tratando es cómo identificar una estética diaspórica y eso me interesa mucho de Omar porque no es súper evidente, pero está ahí bien codificado, no solo con referencias a la historia del arte moderno puertorriqueño y a la historia del arte global, sino también a la diáspora puertorriqueña. Está la generación del 50 bien presente. Por eso, me parece que es una obra que se tiene que ver porque de alguna manera habla de un momento, especialmente ahora en la pandemia que hay como un éxodo a los lugares rurales”, opina sobre el trabajo de Velázquez, quien desea seguir explorando los paisajes que lo habitan.

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