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Luis Hernández Cruz ante su obra “Mi catedral de la abstracción”, acrílico sobre tela.
Luis Hernández Cruz ante su obra “Mi catedral de la abstracción”, acrílico sobre tela. (Vanessa Serra Díaz)

Un universo de luces, sombras y formas rodea a Luis Hernández Cruz. Por doquier, descansan atardeceres, amantes, estrellas, lunas, mares, geometrías que juntos van entrelazando sus 60 años de vida artística. Se confiesa “admirador de las cosas”. En el espacio, hay inspiración sin fin. Llega con la música, las lecturas, la naturaleza, las pasiones y las soledades. Vaga en su propio Castillo de la Pureza, esa historia que une a Octavio Paz, Stéphane Mallarmé y Marcel Duchamp, y que a sus 80 y tantos lo tiene fascinado y, una vez más, encarándose con franqueza a la pregunta de la verdad, lo real, lo espiritual y la pureza en el arte.

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