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Pun 18, uno de los artistas urbanos más innovadores cuyas obras se pueden apreciar en numerosos puntos de la zona metropolitana, podría estar en un lugar desolado y marginado, pero se encuentra como en su casa mientras sujeta un boceto y escoge la sección de un muro que cubrirá con espray.

En una esquina de Puerta de Tierra, el joven de 27 años de edad empuña un aerosol que primero utiliza para marcar los bordes de su representación artística que culminará en pocas horas.

Es un acto deliberado, pero a la vez espontáneo. Es una obra anárquica, rechazada por algunos, pero abrazada por otros. Es una acción que reta con cada trazo de pintura pulverizada.

El reloj marca las 4:14 p.m. y, mientras transeúntes y peatones comienzan a dirigirse a sus hogares después de un día de trabajo, la jornada comienza para el nómada urbano que se pierde entre las calles del sector capitalino.

El nombre de pila de Pun 18 es Philip Cruz Villegas, pero el pintor es conocido por su alias. Su firma que se puede encontrar en distintos sectores urbanos, tanto en Puerto Rico como en Miami y Montreal. También ha viajado para hacer grafito y murales en Paris, Sevilla y Madrid y Nueva York. El artista también se ha establecido como un pintor, vendiendo obras que ahora están en manos de coleccionistas en Los Ángeles y Miami.


No obstante, Pun 18 se ve incapaz de olvidar el grafiti, una representación artística clave en su formación y que todavía practica como parte de ADM, un grupo de grafiteros a quienes se les atribuye una gran cantidad de paredes pintadas en Puerta de Tierra, Santurce, Trujillo Alto y Caguas.

“En mi caso se trata de algo compulsivo. No puedo parar, aunque me sienta enfermo. Siento que mi vida se basa en mi trabajo. Siento que tengo que estar con las paredes todo el tiempo. A veces ni lo puedo explicar”, sostuvo el pintor mientras componía un dibujo en que criaturas extrañas comenzaban a formarse sobre un gran muro de hormigón que separaba la calle de una estructura y un solar baldío.  

El pintor, que reside en una instalación del municipio de Bayamón junto a otros artistas jóvenes, considera que el abandono en muchos sectores de la Capital, entre otras localidades de la Isla, abrió el paso para una explosión de murales, grafiti, entre otras expresiones artísticas.

Las paredes se han convertido en un tablero de expresión para una juventud que envía un mensaje, en muchas ocasiones, subliminal. La expresión dista de la discusión trillada del mainstream.

De hecho, grafiteros extranjeros están considerando a Puerto Rico cada vez más como un punto idóneo para hacer su arte debido a una gran cantidad de estructuras abandonadas y cambios sociales que se inclinan a aceptar la práctica como una expresión natural en los centros urbanos.

Aunque distintos municipios han facilitado áreas para el grafiti a través de actividades culturales, la práctica podría ser procesada como un delito menos grave, según tipifican algunos artículos del Código Penal de Puerto Rico.

Aun así, los grafiteros están estableciendo el tono y el ritmo de muchos sectores urbanos con sus obras.

“Siempre hay algo escondido. Hay una idea detrás del grafiti, hay una idea detrás del street art. Uno se reta como artista y como persona y también reta a otros sectores que no nos apoyan”, sostuvo Pun 18 mientras termina el mural.

Carros pasan y ciudadanos caminan por la acera. Algunos preguntan por el significado de la obra, pero nadie le dice que se detenga. La obra es apreciada tanto de lejos como de cerca.

Sus influencias son ineludibles y Pun 18 las acepta con los brazos abiertos. Las obras de Barry McGee de San Francisco, las novelas gráficas y la animación japonesa, todas se convirtieron en una fuente de inspiración. Pero el proceso para la creación del mural es espontáneo. Las ideas se plasman con la soltura del espray.

“Uno se reta a uno mismo como artista y como persona. Retas círculos artísticos que no apoyan el grafiti y al mismo Gobierno cuando borra las paredes. Esto está aquí y no se podrá parar”, indicó.