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La gama de los escritores conocidos a los que alude Rosa Montero (arriba) es inmensa: desde Scott Fitzgerald, Hemingway, Hawthorne, Emily Dickinson y Sylvia Plath hasta Proust, Althusser, Emmanuel Carrère y Virginia Woolf, pasando por la danesa Tove Ditlevsen y la neozelandesa Janet Frame, entre muchos otros.
La gama de los escritores conocidos a los que alude Rosa Montero (arriba) es inmensa: desde Scott Fitzgerald, Hemingway, Hawthorne, Emily Dickinson y Sylvia Plath hasta Proust, Althusser, Emmanuel Carrère y Virginia Woolf, pasando por la danesa Tove Ditlevsen y la neozelandesa Janet Frame, entre muchos otros. (Agencia EFE)

Si la imaginación -como dijera santa Teresa de Ávila- es “la loca de la casa”, no es de extrañar que entre los escritores (entre todos los creadores) haya una mayor incidencia de eso que llamamos comúnmente “locura” y que puede residir, sencillamente, en no ajustarse a las expectativas de los demás, en “una ruptura de la narración común, …salirse de la convención social”.

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