Môme Moineau (en la foto) y Félix Benítez Rexach se vuelven inseparables. Ella aún no tiene 20 años y él casi llega a los 40. (ANL/Shutterstock)

Es 1945. Una fotografía muestra a Lucienne Dhotelle, conocida como la Môme Moineau, ataviada con una chaqueta marinera blanca de doble botonadura, holgado pantalón azul marino y sandalias de tacón bajo, camina sobre una pasarela. Por debajo de una gorra de capitán de navío se asoma una rizada melena corta. Completan el atuendo una perenne sonrisa en rojo borgoña. Su brazos se alzan en forma de cruz abrazando el aire que la rodea, gesto muy histriónico y muy de ella. A sus pies hieleras con botellas de champán, flores y un público que se agolpa en los laterales para verla desfilar. Algunos comentan entre ellos, otros la observan absortos, otros curiosos, pero nadie queda indiferente ante la estampa. Estamos en el Hotel Normandie, tres años después de la inauguración de la edificación que responde al amor que le profesó el viequense Félix Benítez Rexach.

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