Ingrid Rivera, Nat y Efraín Vega de Varona en Nueva Zelanda. (Suministrada)

La pandemia sorprendió de buena manera a la ex reina de belleza puertorriqueña Ingrid Marie Rivera, quien junto a su pareja, Efraín Vega de Varona, quedó atrapada en el distrito de Kaikoura, en Nueva Zelanda, debido a las restricciones para evitar los contagios con el COVID-19.

Y es que ambos boricuas, quienes llegaron al país el pasado 5 de marzo como parte de unas vacaciones, decidieron "adoptar" a una mujer de 91 años a la que le brindaron ayudas, compañía y cariño durante la emergencia de salud pública.

La pareja explicó que todo empezó cuando se ofrecieron como voluntarios en la comunidad para brindar ayuda a la población de edad avanzada. Como parte del proceso, conocieron a Natalie, a quien le llevaban comida e, incluso, cervezas tal y como ella se los solicitaba.

“Llevamos dos meses en una casa rentada, pero es igual como si lo hubiesen sacado de un sueño. Una casa que es sobre una montaña con vista al mar y con siete vacas de vecinas. A pesar de que había un lockdown de nivel cuatro, nuestra propiedad en la parte de atrás tenía un hiking Trail que nos llevaba a ver paisajes hermosos”, contó Rivera en entrevista con El Nuevo Día.

(Suministrada)
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“No fue hasta que nos percatamos del Facebook del pueblito en que estamos que nos ofrecimos como voluntarios para ayudar a quienes lo necesitaran. Nos pusieron en contacto con personas mayores y entre ellas conocimos a Natalie que fue con la que más tiempo confraternizamos”, abordó quien fue representante de Puerto Rico en Miss Universe y Miss Mundo.

Ingrid y Efraín estaban encargados de llamar a las personas para que les dictaran lo que necesitaban comprar, luego iban al supermercado y posteriormente se los dejaban frente a sus hogares.

Cuando llamaban a Natalie, quien vive sola, les decía que al menos tenía la compañía de unos ositos, “aunque reconocía que no podía hablar con ellos”.

“Ahí fue cuando comenzamos a entablar una conexión con ella. Me tocó el corazón. Queríamos saludarle, pero como estábamos en nivel tres del lockdown no podíamos”, indicó Rivera.

No fue hasta que el gobierno de Nueva Zelanda cambió de nivel tres al nivel dos las medidas de restricción que entonces la pareja decidió buscar a la anciana para darle un paseo.

“Nos sentíamos seguros. No habíamos pasado tiempo con nadie y estábamos bien así que decidimos sacarla a pasear un día para conversar con ella y que despejara la mente. Me hacía pensar que estaba con mi abuelita que falleció, así que fue bien hermoso”, contó Vega de Varona.

Ese mismo día, Natalie les abrió las puertas de su casa a Ingrid y Efraín y los invitó a pasar para pasar un tiempo juntos.

“Cargábamos con una caja de cervezas para ella, porque nos decía que todos los días toma cerveza para ver las noticias, así que pasamos con ella y Efraín tomó cerveza con ella, porque yo no bebo, pero la pasamos bien”, narró Rivera.

Natalie, quien también es viuda de tres hombres, les contó historias sobre la Segunda Guerra Mundial, les mostró fotos de su familia, incluso les enseñó imágenes de edificios que ya no existen debido a la guerra.

El momento más asombroso, contaron, fue cuando sacó un abridor para las botellas de cerveza.

“Sacó este abridor que parecía una llave, era de hierro, y resultó ser que ella lo encontró en una excavación con uno de sus esposos y el abridor es de los años 1800. Nosotros no lo podíamos creer. Por todos lados había un tesoro, en la casa o con sus conversaciones. Era toda una montaña rusa hablar con ella”, manifestó Rivera.

La pareja ya está en planes de regresar a Los Ángeles, California, donde residen. Pero antes de comenzar el proceso se aseguraron de solicitar asistencia para Natalie para que no quedara sola.

“Tenemos que pasar el batón. Compartimos su historia en la página de Facebook del pueblito y solo pedíamos que alguien la fuera a revisar. Ahora resulta que la organizadora del pueblo se comunicó con nosotros y nos dijo que se iba a formar un grupo de personas que se encargaran de darle la mano a las personas de la comunidad y eso nos alegró muchísimo”, dijo Rivera.

No es la primera vez que la pareja realiza este tipo de acto de caridad, sino que se conocieron en el 2017 cuando entre la recuperación del huracán María en Puerto Rico se encontraron en el pueblo de Florida donde ayudaban a personas de la tercera edad sin casa y sin comida.

“Con esta experiencia reafirmamos que no solo en Puerto Rico hay gente necesitada, sino que se repite en todo el mundo. Natalie tiene familia, pero vive sola y necesita compañía y nosotros lo que queremos demostrar es que hace falta brindar amor, compasión y siempre extender la mano, sin necesidad de pedir nada a cambio. A la gente le parecerá que es algo pequeño, pero para quien se ayuda puede ser uno de los mejores momentos de su vida”, afirmó Rivera.

La pareja mencionó que espera regresar a su hogar en una o dos semanas.

En el último informe oficial, el gobierno de Nueva Zelanda tenía confirmado 1,154 contagios de COVID-19 y 21 muertes. En el país viven unas 4.8 millones de personas.


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