Mejor conocido con “Black Rythm”, el boricua comenzó practicando este sonido vocal profesionalmente en el 2015

Valiéndose únicamente de su voz, el joven puertorriqueño Edgar García Cruz es capaz de crear un variado repertorio musical al cual no se le puede ser indiferente. Con concentración, gracia y mucho ritmo va emitiendo sonidos vocales haciendo de su cuerpo una gran orquesta. Desde música electrónica, a salsa y hip hop, este artista lleva la música por dentro, literalmente. 

Edgar García Cruz, mejor conocido con “Black Rythm”, comenzó practicando el beatbox (sonido vocal) profesionalmente en el 2015 luego de aprender la técnica viendo vídeos en la plataforma YouTube y tras tocar en varios locales en Río Piedras y Santurce.

Cuenta que mientras estudiaba para un examen de psicología se topó con un visual de un artista haciendo beatbox e inmediatamente le llamó la atención.

Hasta ese momento no sabía que existía algo como eso. Estaba totalmente ajeno a ese mundo”, relata. Pero lo que comenzó como un hobbie se convirtió en poco tiempo en su gran pasión y en su principal fuente de trabajo. 

Hoy, “Black Rythm” es uno de nuestros más destacados intérpretes de beatbox, representando a Puerto Rico en varias competencias nacionales e internacionales. La más reciente en la que estuvo fue el campeonato mundial de beatbox, el cual se celebró el pasado mes de agosto en Alemania, y donde logró posicionarse entre los primeros 25 de 100 participantes. 

Es la primera vez que un puertorriqueño participa, así que poder tener la oportunidad de representar a mi país en el campeonato más grande de beatbox a nivel mundial y abrir esa brecha, es un palo enorme. Por otro lado, para mí, a nivel personal, fue maravilloso porque fue la primera vez que visité Alemania y la primera vez que estuve en Europa. Fue una experiencia enriquecedora a nivel cultural”, comparte el joven, cuyo estilo se caracteriza por “criollizar” con elementos del reguetón y salsa el sonido del beatbox que actualmente está dominado por la cultural electrónica. 

“Es una manera de yo como puertorriqueño, viviendo en una colonia, decir voy a hacer patria, voy a resaltar lo mío a través de mi manera de hacer beatbox”, explica, toda vez que dice que su nombre artístico es una reafirmación desu identidad afropuertorriqueña. “Para mí era importante porque muchas veces ese tema de la negritud no se toma en cuenta cuando hablamos de la identidad puertorriqueña y las aportaciones de ese sector en nuestro país no es algo que está muy presente”, agrega.

Black Rythm no solo se ha destacado a nivel internacional, sino que también ha brillado en el país, siendo campeón de su género en las competencias nacionales celebradas en el 2016. Además, ha sido uno de los principales promotores de esta disciplina artística en la isla, siendo el presidente y fundador de Beatbox Puerto Rico, una plataforma que busca visibilizar, promocionar y fomentar este arte en la isla. 

Con este proyecto visita anualmente diversas escuelas públicas y privadas del país, así como comunidades, para ofrecer talleres, utilizando el beatbox como una herramienta educativa. 

A través de mi historia lo que busco más que todo es inspirar a la gente a que se atrevan a hacer lo que nunca han sido para poder hacer lo que nunca han hecho y tener lo que nunca han tenido. Eso es lo más poderoso porque sabrá cuánta gente por ahí tienen metas y tienen sueños, pero no se atreven porque llegar a eso requiere que sea de otra manera, que cultive otros hábitos, que aprenda unas cosas. Yo soy otra cosa gracias al beatbox”, confiesa. 

Edgar García Cruz narra que desde pequeño su meta fue ser atleta y que las artes no estuvieron en su cabeza hasta sus años universitarios. La prioridad para él y su familia era que se graduara de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras -de la que obtuvo su bachillerato en psicología- y continuar su carrera como atleta. 

Pero la vida le cambió cuando descubrió el beatbox. Dice que su familia -principalmente sus abuelos con los que se crió ya que se madre falleció de cáncer cuando era un niño-, así como sus amigos, pensaban que estaba loco cuando dejó a un lado el deporte para subirse al escenario y tomar un micrófono. Su padre, sin embargo, lo apoyó desde el inicio, siendo su fanático número uno. 

Jamás pensé que iba a terminar siendo un artista y no solo yo, sino mucha gente a mi alrededor, jamás pensaron que eso hubiese sido posible, pero aquí estoy”, dice con una amplia sonrisa de satisfacción.


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