El veterano saxofonista y compositor celebró el sábado un concierto en el que presentó su producción “Yo soy la tradición”.

Hay conciertos que son realmente trascendentes, en los que asistimos a creaciones musicales situadas en el elusivo terreno de la originalidad y hasta del genio. “Yo soy la tradición”, presentado por el saxofonista puertorriqueño Miguel Zenón y el Spektral Quartet, un prestigioso cuarteto de cuerdas de Chicago, fue uno de tales momentos. 

Celebrado la noche del sábado en el Teatro Tapia, en el Viejo San Juan, en el concierto se ofreció la música del más reciente álbum de Zenón, que lleva el mismo título y en el que lo acompaña la mencionada agrupación, integrada por Clara Lyn y Maeve Feineberg en violines, Doyle Armbrust en viola y Russell Rolan en violonchelo.

Esta música, sin embargo, está muy lejos de ser el acostumbrado “jazz con violines” que se produce con cierta regularidad y en el que estos últimos desempeñan un rol más bien decorativo. Aquí, en cambio, el saxofón y las cuerdas se encuentran en un constante diálogo creativo, de tú a tú, como genuinos coprotagonistas en un proceso dinámico.

Es en esa amalgama de voces, precisamente, donde reside el carácter único de estas composiciones: se trata de música de cámara (de evidente raíz europea), pero está basada en tradiciones musicales y culturales puertorriqueñas (como el aguinaldo, el seis, los rosarios cantados o las promesas de Reyes) y con el elemento jazzístico provisto por el saxo alto de Zenón. Una síntesis innovadora, de gran belleza y estímulo intelectual, ideada y compuesta de principio a fin por el puertorriqueño.

La pureza de sonidos –tanto de las cuerdas como del saxofón- se hizo evidente desde los primeros acordes de “Rosario”, el tema inicial, marcado por los contrastes entre la calma y la agitación, así como por las variaciones melódicas. La intensidad de las frases staccato (entrecortadas) creó tensión y ricos contrapuntos en el tema siguiente, “Cadenas”, en el que Zenón ejecutó un sabroso solo, con breves citas del repertorio jazzístico, incluyendo a “Work Song” y “Softly as in a Morning Sunrise”.

“Yumac”, la tercera pieza, fue un verdadero tour de force, requiriendo una gran destreza técnica tanto en los pasajes de contrapunto como en los unísonos de saxo y violines. Una maravillosa interpretación, que también incluyó un solo de violín de marcadolirismo y fue recompensada por una ovación del público, receptivo y entusiasta en todo momento.

El propio Zenón, de hecho, se mostró relajado y contento en sus breves comentarios al público a lo largo de la presentación. Aunque admitió que, pese a su ya larga experiencia como músico, siempre siente “un poco de cosquillas” al tocar en su tierra natal, su rostro reflejaba la satisfacción de poder comprobar el agrado de los presentes, pese a que esta música no está exenta de cierta complejidad.

Zigzagueante y alerta, “Milagrosa”, inspirado en un aguinaldo a la Virgen de la Milagrosa de Yauco, fue otro de los momentos cumbre de la noche. Alternando entre la calma y la tensión, dio paso a algunas de las mejores expresiones de las personalidades de los músicos: el cuarteto de cuerdas en una abstracción de la música típica puertorriqueña filtrada a través de aires “clásicos” y Zenón en un solo excepcional, de impresionante digitación y múltiples ideas. El pasaje final fue sencillamente deslumbrante, con un alto nivel de virtuosismo y coordinación.

Agradeciendo la presencia de amigos y colaboradores como el productor Luis Álvarez, el profesor Orlando Laureano, la periodista Millie Gil y la productora del concierto Mariana Reyes, Zenón y compañía dieron paso entonces a “Viejo”, otra magnífica interpretación en la que se lucieron algunos de los diversos colores de los que es capaz de una sección de cuerdas: pulsados, zumbantes o plañideros. La pieza incluyó además una memorable creación conjunta de melodía entre saxo y violines, así como un solo de Zenón no menos memorable, que hizo pensar en un titán del saxofón como Sonny Rollins, por su brillante y lógico desarrollo.

“Cadenza” se destacó no solo por el ritmo creado por los violines y la total interacción entre los músicos, sino por la sorprendente incorporación de palmas (breves aplausos rítmicos) al estilo flamenco. “Promesa”, por su parte, fue el marco de hermosos contrapuntos, unísonos y un punzante y envolvente solo de Zenón. El ostinato final fue pura magia. La velada concluyó con la reposada melodía, de acento jíbaro y con ciertos aires de misterio, de “Villalbeño”.

Expansivo, lírico, original en su propuesta y con frecuentes momentos de virtuosismo, “Yo soy la tradición” es uno de los mejores conciertos que se han presentado en el país. Gracias a Miguel Zenón y al Spektral Quartet por una jornada inolvidable.


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