Durante las pasadas semanas la rutina del hogar ha cambiado, la situación financiera se ha visto trastocada y su efecto tiene a muchos puertorriqueños preocupados. (Shutterstock)

Roberto “Junito” Ortiz y Daisy Prado Garzón llevan 15 años casados y coinciden en que nunca habían tenido que pasar por una situación de tanta incertidumbre como la que viven desde hace casi dos meses, cuando comenzó la cuarentena debido al coronavirus. Ortiz es entrenador físico en un gimnasio y Prado es propietaria de una peluquería. Ambos están sin un ingreso estable “y los chavos se están acabando”.

“Esto nos tomó por sorpresa de un día para otro. Tuve que cesantear a mis empleados porque no tenía la capacidad económica para seguir. Ahora mismo no creo que pueda abrir de nuevo el salón”, comenta con tristeza Prado, quien resalta el estado de ansiedad en que ella y su marido viven por no saber qué va a pasar o cómo podrán salir adelante.

La esteticista, de 42 años, agrega que tienen dos niños pequeños en edad escolar que toman sus clases de forma virtual y tienen que pagar la mensualidad del colegio, la hipoteca, además de los gastos fijos, como electricidad, agua y mantener los servicios de cable y teléfono, necesarios para que sus hijos tomen las clases y para que su esposo pueda ofrecer entrenamientos virtuales a sus clientas y generar algo de ingreso.

“Es muy complicado lo que está pasando. Yo hago unas mezclas de tintes y se las vendo a mis clientas, se las llevo y se las dejo en la puerta. Con eso puedo hacer la compra”, agrega Prado, mientras su esposo señala que, aunque recibieron unas ayudas iniciales de $1,500 y él gana algo de dinero con las clases virtuales, no les alcanza.

“Se están acabando los chavos y esto me preocupa mucho. Me despierto a las 2:00 de la madrugada y no puedo volver dormir, no es fácil lo que está pasando” afirma Ortiz, de 54 años, quien junto a su esposa trató en múltiples ocasiones de llenar el formulario digital para solicitar la Asistencia de Desempleo por Pandemia (PUA, en inglés) sin éxito. El pasado jueves lo intentarían de nuevo.

Una situación similar enfrentan Nelson Biaggi y su novia, la abogada Vanessa Luzunaris. “El problema económico causa mucha ansiedad”, afirma de entrada Biaggi, propietario de San Patricio Laundry, en Guaynabo, cerrado desde el pasado 16 de marzo, mientras indica que su novia tampoco ha generado ingresos.

“Todo esto me crea mucha inseguridad, tengo que pagar pensión y un sinnúmero de cosas, como renta, luz y agua. No sé qué va a pasar, ni cuándo voy a poder abrir el negocio y las ayudas que han prometido no llegan”, agrega Biaggi, de 49 años, quien dice que la ansiedad le ha dado por comer y ha aumentado unas 14 libras. (El viernes pasado la Orden Ejecutiva emitida por la gobernadora Wanda Vázquez, permitió abrir las lavanderías).

“No puedo seguir esperando, necesito los chavos, tengo que hacer algo. Creo que la lavandería puede ayudar a desinfectar las ropas. Voy a hacer ‘delivery’ y trabajar ya”, agrega el empresario, mientras destaca que “no tengo esperanzas de que el gobierno vaya a resolver”.

Emociones a flor de piel

Son tres ejemplos de la situación por la que están pasando muchas familias trabajadoras que, de golpe y porrazo, se quedaron sin sustento y con muy pocas opciones para salir adelante.

Ansiedad, incertidumbre, temor y desesperación son algunas de las palabras más mencionadas, tanto de los entrevistados como de otras personas que se expresan en las redes sociales ante la pérdida de sus ingresos. Una situación que, sin duda, afecta el diario vivir y que también tiene efectos físicos y mentales. Desde mal humor, dolores de cabeza, hipertensión y cansancio extremo, hasta insomnio, problemas de concentración y desesperanza, por mencionar algunos.

“Sentir ansiedad es normal. Lo que no es normal es que sea a largo plazo porque nos afecta y no nos permite ser asertivos en las decisiones y acciones que tomamos, sobre todo cuando hay crisis”, advierte la doctora en consejería profesional Monsita Nazario Lugo, del Centro de Calidad de Vida-Consejería Profesional.

Pero son emociones y sensaciones que se vienen acumulando desde hace dos años, con el paso del huracán María, luego con el terremoto de principios de este año y la cuarentena por el coronavirus hace ya casi dos meses. A lo que se añadió un temor ya conocido a raíz del temblor del pasado sábado, 2 de mayo, de que ocurra otro terremoto y el panorama se complique aún más.

“Saca de control nuestras emociones pues son muchas las áreas que se afectan: la rutina del hogar, la situación financiera ya sea por desempleo o por reducción de salarios, los estudios de los hijos, entre muchas otras”, agrega Nazario.

Situaciones como la que estamos viviendo en estos momentos tienen un impacto psicológico significativo, añade la doctora Katherine R. Gómez, pasada presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico (APPR).

“Personas que nunca habían tenido síntomas de depresión, ansiedad o ataques de pánico, entre otros, pueden comenzar a sentirlos. Si ya tenía una condición previa también puede agravarse y se convierte en un estresor adicional para personas que son sus cuidadores”, agrega lapsicóloga quien destaca que cuando se habla de desempleo en medio de la situación que se vive en estos momentos, su efecto puede ser más grave que en otros momentos.

“Ya contamos con las preocupaciones sobre la salud de los nuestros y la propia, estamos distanciados físicamente de las redes de apoyo y tenemos retos para obtener los artículos de primera necesidad como los alimentos, medicamentos, cuidados médicos, y otros esenciales para nuestra supervivencia”, advierte Gómez.

Síntomas físicos y psicológicos

Según explica el psicólogo industrial organizacional Andrés Claudio, los síntomas físicos y psicológicos de la ansiedad pueden variar de acuerdo con la magnitud de la amenaza percibida y las capacidades de afrontamiento del individuo. Por eso, resalta que esto varía de persona a persona incluso dentro de circunstancias parecidas.

“Lo primero que tenemos que entender es que la ansiedad es una respuesta natural de nuestro cuerpo, el cual se está preparando para responder ante una amenaza potencial. Nuestro cuerpo se energiza, aumentando nuestro ritmo cardiaco, nuestra mente se pone en alerta y todos nuestros recursos cognitivos están a la disposición de nuestro cuerpo para enfrentar dicha amenaza. Es una respuesta de lucha o fuga diseñada para sobrevivir que nos ha servido bien en la evolución”, explica el miembro de la APPR.

Sin embargo, advierte que el problema estriba en que no podemos estar en alerta todo el tiempo y, si eso sucede, tiene efectos en nuestro organismo. “Los síntomas pueden ser leves o severos, desde un temor exagerado, poca concentración, irritabilidad, insomnio, sudoración y músculos tensos, hasta hiperventilación o dolor de pecho”, describe Claudio, tras indicar que incluso los síntomas leves afectan nuestro diario vivir.

“Cuando a la mente le da trabajo pensar en otra cosa, comienzas a buscar información de la pandemia de forma exagerada o tienes dificultad para dormir porque tu mente sigue buscando soluciones a tu situación en todo momento. En fin, cuando la intensidad o frecuencia de estos síntomas no nos permiten cumplir con nuestras obligaciones sociales o laborales”, explica el psicólogo, quien ofrece los siguientes consejos:

1. Toma medidas de autocuidado. “Las personas tienden a lidiar mejor con la ansiedad cuando duermen adecuadamente, hacen ejercicio, se alimentan sanamente o toman un tiempo para ellos de forma rutinaria y se alejan de hábitos dañinos como el alcohol o fumar. Deben alentar a todos con los que comparta la cuarentena a hacer lo mismo”.

2. Enfocarse en lo que tienen control. “No controlamos las decisiones que el gobierno toma, el virus o la economía mundial, pero podemos controlar las prácticas que utilizamos para evitar la infección, nuestros horarios, actividades laborales y familiares, cómonos presentamos para el trabajo y cómo respondemos a los miembros del equipo. Controlamos las gestiones que hacemos para buscar ayudas del gobierno, siendo diligentes y manteniéndonos informados de fuentes confiables y evitando las noticias falsas en las redes”.

3. Mantener un soporte social. “El distanciamiento social no significa distanciamiento emocional. Podemos tener apoyo por medios digitales o telefónico. Compartir dificultades con otras personas que están dispuestas a prestar un oído comprensivo puede ser de gran ayuda para mantener bajo control su nivel de ansiedad”.

4. Enfocarnos en lo positivo de la cuarentena. “Puede ser también una gran oportunidad para estar con los nuestros o conectar con viejas amistades, iniciar ese proyecto personal, disfrutar de tiempo para reflexionar, retomar pasatiempos dejados en el olvido sin práctica o simplemente tomando un descanso sin remordimientos. Saborearse cómo el planeta tierra parece estar recuperándose cuando el ser humano está en cuarentena o pensar que de esta experiencia saldremos más fuertes y mejor preparado para el futuro”, propone Claudio, al tiempo que advierte que “cuando sientas que la ansiedad es más fuerte que sus recursos, es hora de buscar ayuda profesional”.


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