Las citoquinas son un tipo de proteínas que se producen en el cuerpo para responder normalmente a las infecciones y que coordinan la actividad inmunológica para eliminar a los agentes infecciosos. (Shutterstock)

Todavía se desconocen varios aspectos de cómo se comporta el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2). Sin embargo, se ha descubierto que en un grupo de pacientes que desarrollan la enfermedad (COVID-19), el propio cuerpo ataca a las células del pulmón. El motivo: el exceso de una proteína llamada citoquina.

Con el objetivo de reducir esa sobrecarga, la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó en pacientes con COVID-19 el uso de emergencia de Cytosorb, un dispositivo de purificación de la sangre.

Tormenta de citoquinas

Las citoquinas son un tipo de proteínas que se producen en el cuerpo para responder normalmente a las infecciones: coordinan la actividad inmunológica para eliminar a los agentes infecciosos. Pero, en ciertos casos de COVID-19 -no se sabe todavía por qué- el organismo desencadena una reacción inmune severa, liberando a la sangre demasiadas, y muy rápidamente, citoquinas.

A este fenómeno se le conoce como tormenta de citoquinas, y puede generar lesiones en diversos órganos. En el caso del COVID-19, el pulmón es el principal afectado, pero también resultan perjudicados los riñones y el hígado. Se trata de un evento preocupante que puede conducir a la muerte del paciente.

En otras palabras, son las citoquinas las que desencadenan el daño en el pulmón, el corazón, el riñón, el hígado y el cerebro asociados al COVID-19, no el virus en sí.

Médicos investigadores todavía están tratando de determinar la frecuencia con la cual ocurre este evento y qué factores están detrás de él.

Un barrido de citoquinas

En sí, no hay un tratamiento específico para la tormenta de citoquinas. Hay algunos medicamentos que actúan en cierto grado o de forma indirecta, como el tocilizumab o los corticoides. En el caso del Cytosorb, funciona como una especie de filtro.

“La sangre del paciente va circulando por este sistema, y pasa a través de un envase formado de polímeros. Cada uno de estos tiene diminutos agujeros compatibles con el tamaño de las citoquinas, las cuales se quedan atrapadas en esas porosidades”, dijo Alfredo Rodríguez, director de investigación y desarrollo de la empresa Cardiomed.

Según Rodríguez, este tratamiento no barre por completo las citoquinas en la sangre, sino que elimina el exceso, dejando concentraciones cercanas a las que había antes de la tormenta de citoquinas.

Frente al COVID-19

La FDA permite el uso de Cytosorb en todo paciente con COVID-19 mayor de 18 años que ingrese a cuidados intensivos con falla respiratoria confirmada -que va a utilizar un respirador mecánico- o inminente -que está afectado del pulmón pero que todavía no ha sido sometido a un respirador mecánico-.

“Si el paciente con COVID-19 ya ha desarrollado una tormenta de citoquinas, debe de ser tratado antes de que el daño pulmonar sea tan grave que requiera un respirador. Por eso este tratamiento no es una alternativa al respirador, sino una herramienta para reducir la probabilidad de que en un enfermo grave se llegue a aplicar un respirador mecánico”, recalca Rodríguez, y agrega que también puede emplearse el Cytosorb en pacientes con respirador a fin de que salgan más rápido de este y el daño no siga progresando.

Esta tecnología es utilizada desde el 2011 en Europa, y es específica para personas con shock séptico, una infección grave que se ha extendido a lo largo del cuerpo. Y son las mismas citoquinas las que promueven este daño. También se emplea en intervenciones cardíacas grandes que generan respuestas inflamatorias en el organismo, como trasplantes u operaciones de aorta.

Para tener en cuenta

Algunos de los síntomas asociados a la tormenta de citoquinas son fiebre alta, inflamación, fatiga severa y náuseas.


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