Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

La otra cara del
En una clase básica las participantes comienzan por aprender a caminar en torno al tubo y dominar la distribución del peso corporal. (Ramón Tonito Zayas)

Si solamente relacionas el “pole dancing” con una forma de baile que se practica en espacios oscuros para atraer al público masculino te has quedado atrás. Moverse alrededor de un tubo se ha convertido en una actividad que hoy seduce a mujeres interesadas en mucho más que sacar a pasear su erotismo para complacer a otros. Cada vez más, hay quienes quedan cautivadas con la posibilidad de bailar para sí, de encontrar un nuevo reto para su cuerpo o de simplemente redescubrir su físico frente al espejo y con poca ropa.

Para hablar de qué está pasando en Puerto Rico en relación a este tema hay que hablar con Natalia Villarejo. Junto a su socia, Julianna Elizondo, creó Hálito, corporación se dedica a impartir clases de “pole dancing” desde un enfoque que aborda los aspectos físicos, pero también emocionales de la disciplina. ¿Y esto qué quiere decir? De acuerdo con ambas instructoras, se trata no solamente de enseñar a bailar sino de empoderar a la mujer al mismo tiempo. “El ‘pole dancing’ es un disfraz, pero trabajamos con todo lo que tiene que ver con la mujer”, explica Villarejo, quien se enfoca más en la parte física de la enseñanza, mientras Elizondo está concentrada en el aspecto emocional.

Con este acercamiento, las dos maestras buscan abrirle paso a la nueva percepción sobre el ‘pole dancing’ que ellas mismas adquirieron gracias a una búsqueda muy personal en momentos difíciles de sus respectivas vidas.

“Hace unos cinco años quise darle un cambio a mi vida. Yo vengo de una base de teatro, y había hecho un musical donde tenía una pieza de ‘pole dancing’. Eso se me había quedado en la mente siempre y decidí certificarme como instructora”, contó Villarejo, quien conoció a Elizondo cuando ambas estudiaban diseño de interiores y empezaron a intimar porque estaban pasando por sus respectivos procesos de divorcio.

En la Isla, Villarejo no consiguió el tipo de clases que buscaba. Los lugares a donde llegó para aprender se convertían en ‘stripclubs’ por la noche y ella no estaba interesada en involucrarse con ese mundo. Además, su formación en teatro musical la motivó a procurar un nivel de profesionalismo ausente en nuestros lares. Por eso no vaciló en sacar un pasaje a Las Vegas para entrenarse en Pole Fitness Studio, la primera escuela de este tipo en Estados Unidos.

Esta academia fue establecida por Fawnia Mondey, una “stripper” canadiense que al conocer el interés de las mujeres por el “pole dancing” decidió romper el molde al comenzar a enseñarles en clases en vivo como en vídeos. También creó su propio método de enseñanza que hoy se imparte en diferentes partes del mundo.

Tras culminar su curso con Mondey, Villarejo continuó tomando talleres en otras partes de Estados Unidos y en Europa. Elizondo, por su parte, también se entrenó como maestra de ‘pole dancing’, pero además se hizo psicóloga, consejera, coach ysexóloga. Juntas, las mujeres se consideran un equipo en el cual una complementa a la otra.

Su visión al crear Hálito fue sacar el “pole dance” de los “stripclubs” para ofrecer un espacio “de luz” donde predomina el respeto a la técnica y el arte de la disciplina.

La práctica fuera del cliché Hálito ofrece una variedad de clases con distintos enfoques y para diferentes niveles.

En una clase básica las participantes comienzan por aprender a caminar en torno al tubo y dominar la distribución del peso corporal. Estos pasos son la base para, eventualmente, conseguir subir a hacer piruetas y coreografías completas.

Las maestras coinciden en que “el pole no es para todo el mundo; pero hay algo en el pole para todos”. Es decir, para alcanzar un dominio de la técnica y ponerla en práctica con toda la gracia necesaria hay que tener mucha paciencia y disciplina. Se requiere desarrollar dominio corporal, balance y flexibilidad.

Pero cuando la meta no es llegar a este nivel, las participantes obtienen, de todos modos, otros beneficios que incluyen acondicionar el cuerpo, ganar confianza en sí mismas y aprender maneras de proyectarse, entre otros.

“Es maravilloso”, comenta Elizondo acerca de la dinámica que se observa en las clases. “El empoderamiento surge cuando te das cuenta de que tu cuerpo es capaz de hacer cosas que no necesariamente pensabas que eras capaz de hacer”, resaltó la instructora.

Elizondo atribuye la acogida que han tenido las clases de “pole dancing” al hecho de que las mujeres encuentran no solamente un espacio para aprender sino “una experiencia” muy completa y satisfactoria.

Por lo anterior, a las clases llegan mujeres con diferentes trasfondos. En el grupo hay participantes desde los 18 a los 60 años de edad. Muchas son abogadas y también hay doctoras, amas de casa, profesionales del mundo del arte, entre otras profesiones. También han llegado “strippers” que desean continuar desarrollándose y alguno que otro hombre. Las razones por las cuales se interesan en el “pole” son muy variadas. Desde aprender un baile para presentárselo al marido o al novio, a querer hallar una nueva manera de hacer actividad física.

Hace cuatro años, Yeimi Tangarife comenzó a tomar con Villarejo clases de baile en silla y poco a poco se interesó por descubrir el “pole”. La atrajo la posibilidad de desafiar la idea general de lo que ella era capaz de hacer con su cuerpo, a pesar de no tener un físico “de 100 libras”.

“Soy de las más llenitas del grupo, pero con el ‘pole’ se incrementó mi autoestima. Uno empieza a conquistar retos. Eres tú versus tu cuerpo, y según vas desarrollándote ves los resultados”, aseguró.

Tangarife, quien tiene 32 años y es auditora bancaria, se ha mantenido fiel a la práctica porque le encanta el “’boost’ de autoestima” que le ha inyectado.

“(El ‘pole’) te lleva aaceptarte, a quererte. Yo no hacía nada de ejercicio, pero ahora corro, me preocupo por lo que como. Esto fue el detonante para hacer muchas otras cosas”, compartió.

Por su parte, Ana Guzmán tomó su primera clase, interesada en hacer alguna actividad que la liberara de la ansiedad e inseguridad que sentía debido a su obesidad. En aquel entonces, pesaba casi 200 libras.

“La primera vez salí muerta. El reto era caminar alrededor del tubo, pero no caminar como uno está acostumbrada sino en ángulo, en punta. Por el agarre del tubo, me salieron moretones en los brazos y mis batatas (pantorrillas) estaban en fuego. Pero terminé con ganas de más porque la hora pasó en un abrir y cerrar de ojos”, contó la mujer de 37 años, quien es directora de recursos humanos en una empresa.

Hoy, Guzmán pesa 50 libras menos, su cuerpo se ha fortalecido y es una de las primeras 10 instructoras de 'pole dancing' que recientemente fueron certificadas en Puerto Rico.

“Decidí certificarme porque quería ser una herramienta para poder ayudar a otras personas que quizás están pasando por lo que pasé, a poder encontrar una herramienta de exploración individual donde puedan ser ellas, expresarse sin restricciones ni juicios. Dicen que las mujeres nos criticamos mucho entre nosotras, pero aquí es lo opuesto, nos apoyamos mucho, terminamos siendo como hermanas, casi familia” , precisó.

Como a muchas personas que conocen el “pole dancing” a través de Villarejo y Elizondo, a Guzmán también le cambió la percepción acerca del baile.

“Mi familia me pedía que no posteara fotos mías bailando por miedo a lo que otros iban a decir. Hasta que vieron el cambio en mi personalidad, mi físico, cómo me expreso y lo feliz que estoy. Esto ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. Y ahora ellos lo ven como un baile más, ven la parte artística y que hago piruetas”, indicó la mujer, quien incluso mandó a instalar un “pole” en su casa para mantener la práctica.

Villarejo reconoce que para la mayoría de las personas el “pole dancing” es un tabú. Sin embargo, junto a Elizondo, se propone seguir trabajando para dar a conocer el baile y promover los beneficios que obtienen quienes lo practican. Incluso, para quienes no se atreven a llegar a una clase, ofrece clases virtuales a través de la página www.polebodyfusion.com.

“Cuando la gente me pregunta a qué me dedico, yo digo que mi trabajo es transformar perspectivas. Me encanta que las personas lleguen pensando una cosa del ‘pole’ y, cuando salen por la puerta, ese mundo es mucho más amplio y se abren muchas más posibilidades”, aseguró.


💬Ver 0 comentarios