El aceite de oliva es uno de los ingredientes esenciales de al dieta mediterránea. (Freepik)
El aceite de oliva es uno de los ingredientes esenciales de al dieta mediterránea. (Freepik)

Cuando se trata de mantener la salud llevando una dieta saludable, los especialistas en nutrición, dietética y medicina recomiendan observar el consumo de grasas y escoger aquellas que sean más saludables. El consenso es que las investigaciones sugieren que los aceites de origen vegetal tienen ventajas sobre sus contrapartes derivadas de animales, particularmente en lo que respecta a la salud del corazón.

Sin embargo, como detalla en el blog de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard Emily Gelsomin, licenciada en Nutrición y Dietética, por un lado, mucho se habla de los beneficios del aceite de coco para disminuir la grasa corporal o prevenir las enfermedades cardíacas, aunque la evidencia científica que avala estas aseveraciones aún es escasa, y, por el otro, se conoce que el aceite de oliva forma parte de la reconocida dieta mediterránea, la cual se ha denominado como uno de los regímenes alimentarios más saludables, quizás sea conveniente hacer una comparación para ver cuál no debe faltar como ingrediente principal en tu cocina.

El aceite de oliva

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La licenciada Gelsomin describe que el aceite de oliva es una grasa básica en la dieta mediterránea, y lo que se conoce de sus beneficios se ha basado, en gran medida, en examinar su uso por las poblaciones europeas.

“Esta información es útil, pero analizar el aceite de oliva en el contexto de las dietas estadounidenses nos proporciona datos más sólidos para hacer las elecciones dietéticas aquí en casa”, destaca, al mencionar que un estudio reciente cuyos datos fueron publicados en la revista del Colegio Americano de Cardiología y en el cual se examinó a adultos en los Estados Unidos y se descubrió que reemplazar la margarina, la mantequilla o la mayonesa con aceite de oliva estaba asociado con un riesgo reducido de enfermedad cardiovascular.

“Esto es particularmente notable porque los estadounidenses tienden a consumir menos aceite de oliva que nuestros homólogos europeos. En los Estados Unidos, quienes más consumían este tipo de aceite promediaron un poco menos de una cucharada de aceite de oliva al día, mientras que la ingesta diaria en estudios que examinan poblaciones mediterráneas ha sido tan alta, como tres cucharadas”, enfatiza Gelsomin.

De acuerdo con la licenciada en Nutrición y Dietética, el estudio tomó en consideración los factores demográficos y de estilo de vida de los participantes y notó que quienes consumían más de media cucharada de aceite de oliva por día tenían un riesgo reducido de desarrollar enfermedad cardiovascular en comparación con aquellos que usaban aceite de oliva con menos frecuencia (menos de una vez por mes).

“El consumo de más aceite de oliva también se asoció con una menor probabilidad de morir por enfermedad cardiovascular. Incluso los ligeros aumentos en el consumo de aceite de oliva, como reemplazar aproximadamente una cucharadita de margarina o mantequilla cada día con una cantidad similar de aceite de oliva, tuvieron ventajas”, recalcó Gelsomin.

También se pudo correlacionar el aceite de oliva con una reducción en los compuestos inflamatorios que pueden contribuir a la progresión de la enfermedad cardiovascular y se estimó que el aceite de oliva que se trae por procesos mecánicos, como el extra virgen, ofrece mayores niveles de compuestos protectores contra la inflamación conocidos como polifenoles. Por ello, el aceite de oliva extra virgen es el preferido para mantener la salud cardiovascular.

Si bien queda claro que se necesitan más investigaciones, los científicos estiman que los efectos de los polifenoles del aceite de oliva en los procesos de inflamación en otras partes del cuerpo, como en el cerebro, son posibles.

¿Cómo se compara el aceite de coco?

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“Los defensores del aceite de coco citan los ácidos grasos de cadena media que contiene este como un beneficio debido a la forma única en la que se digieren estas grasas. Se afirma que estas grasas ofrecen ventajas relacionadas con la pérdida de peso y el colesterol, aunque estas afirmaciones siguen siendo controvertidas”, señala la licenciada Gelsomin, al agregar que se cree que el ácido láurico, la grasa primaria que se encuentra en el aceite de coco, se comporta de manera diferente a otras grasas de cadena media, pero que quizás no es tan saludable como se piensa.

Sobre este tema, menciona un artículo publicado en la revista especializada Circulation en el cual se recopilan datos de varios estudios y en el se reveló que el aceite de coco no mostró beneficios relacionados con la circunferencia de la cintura o la grasa corporal en comparación con otras grasas de origen vegetal.

El aceite de coco, un aceite que se obtiene de plantas tropicales, tampoco funcionó tan bien como los aceites de plantas no tropicales, como el aceite de oliva, con respecto a la reducción de otros factores de riesgo cardíaco. De hecho, el aceite de coco aumentó el colesterol de lipoproteínas de baja densidad (LDL), el cual se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardíaca”, indicó Gelsomin, quien abunda sobre los elementos que pudieran tener un efecto más positivo en el uso de este aceite en otras culturas.

El coco ha sido una grasa importante en una variedad de dietas tradicionales en Asia y se promociona para brindar beneficios para la salud dentro de estas comunidades, incluidas menos complicaciones cardíacas y muertes prematuras. Sin embargo, estas dietas a menudo presentan productos de coco minimamente procesados, como la pulpa de coco, que también son más ricos en nutrientes como la fibra. Los estilos de vida en estas comunidades asiáticas también suelen incluir comer más frutas, verduras y pescado que en muchas dietas estadounidenses”, compara la nutricionista dietista.

Detalla que el aceite de coco que se puede conseguir en este lado del mundo es posiblemente menos procesado y puede ser refinado de la misma manera que el aceite de oliva extra virgen. Además, destaca que, en otro estudio publicado recientemente en la revista en línea BMJ Open y en el que se comparó el aceite de oliva extra virgen con el aceite de coco, el uso de este último no mostró un aumento en el colesterol LDL en comparación con el AOVE durante un período de cuatro semanas y que ambos aceites funcionaron mejor que la mantequilla.

Pero, “desafortunadamente, no hay suficientes estudios en humanos que involucren el aceite de coco extra virgen para respaldar su uso como grasa primaria en nuestras dietas. Tampoco tenemos información sobre sus efectos a largo plazo aquí en los Estados Unidos”, subraya la nutricionista dietista, quien ofrece un veredicto claro, por el momento.

“Los beneficios del uso de aceites vegetales no tropicales siguen siendo muy prometedores, lo que hace que el aceite de oliva sea una opción natural en la cocina”, enfatiza, mientras recomienda usar el aceite de oliva extra virgen de diversas maneras, como añadirlo a las ensaladas frescas, usarlo para sustituir la mayonesa en la ensalada de papas o de atún o para agregarle a las verduras.

Mantén el aceite de coco para un uso ocasional, por ejemplo, para mejorar el sabor de un curry de verduras o como un sustituto de la mantequilla en los postres horneados”, finaliza diciendo Gelsomin.