Magritte, ubicado en el segundo nivel de Plaza las Américas, cerró tras 40 años de servicio. (J. ISMAEL FENANDEZ REYES)

El dulce aroma que salía de Magritte Chocolatier activaba de inmediato las papilas gustativas de todos los chocoadictos. Poner un pie en la escalera eléctrica hacia el segundo nivel de Plaza Las Américas era sinónimos de encenderse una brújula predirigida hacía una fresa cubierta de chocolate.

Desde que abrió sus puertas hace 40 años Magritte Chocolatier, una industria familiar puertorriqueña, endulzó el paladar de su clientela con deliciosos bombones y dulces. Tristemente ese perfume a chocolate que invadía el pasillo del centro comercial no se volverá a percibir. Magritte cierra sus puertas.

“Ha sido una decisión dolorosa y difícil, pero no tuvimos otra alternativa. Llevamos años luchando contra varios factores que nos han perjudicado grandemente. Este fue el primer negocio que abrimos y toda mi familia se volcó en él. Hicimos muchos sacrificios económicos y familiares para que fuera exitoso. Y lo logramos. Mi mamá y mi papá trabajaron muchas horas para que arrancara. Te puedes imaginar la tristeza que nos provoca tener que cerrar”, nos comenta Maggie Córdoba, segunda generación de la empresa Magritte Inc.

Los obstáculos que les fueron cerrando el camino a la chocolatería fueron diversos y no hubo manera de que pudieran vencerlos. Muchos de ellos son escollos a los que se enfrenta una gran parte de los negocios nativos. Rivales dentro del mismo centro comercial, farmacias y almacenes que vendían los mismos productos al precio que ellos adquirían la mercancía, el alto precio de la renta, en fin, todo se fue conjugando hasta que resultó insostenible.

“Cuando abrimos éramos los número uno en ventas de Godiva en el Caribe y sureste de los Estados Unidos. Con la apertura de Godiva comenzamos a tener problemas. A eso súmale que el volumen de compras de farmacias y almacenes es tan grande que les permite comprar la mercancía a un precio muy por debajo del nuestro, los fletes y la renta del espacio no va a la par con lo que produce vender dulces. La combinación de todos estos elementos nos obligó a cerrar. Lamentablemente el pequeño y mediano comerciante local está en desventaja”.

Nace Magritte Chocolatier

Cuando en 1980 Pedro Córdova le propuso a su esposa Margarita “Mimi” McCloskey poner una tienda en un local que acababa de desalojarse en Plaza Las Américas, Mimi jamás anticipó las dimensiones que esta decisión adquiriría. Aunque desconocían los entresijos de lo que conllevaba desarrollar y mantener un negocio, sus ganas de triunfar, su espíritu aventurero y trabajador fue su más fértil plan de negocio.

“Papi trabajaba en Plaza Las Américas y es él quien le propone montar una chocolatería. Ella accedió y se tiraron la maroma, así, de cantazo. Al principio fue una locura. No venimos de la industria así que todo era nuevo para ellos. Mami no paraba de trabajar buscando agilizar los procesos para atender a los clientes y la manera de correr el negocio más eficientemente. Nuestra casa era el almacén y cuando cerraban la tienda mami seguía en casa haciendo canastas. Llegó un momento en que todos terminamos durmiendo en el mismo cuarto porque el resto de la casa servía para guardar la mercancía. Por las mañanas mi papá montaba todo en la guagua y lo llevaba a la tienda. Además, antes de irse para el trabajo hacía el ‘fudge’ que vendíamos”.

La respuesta del público, nos asegura Maggie, fue otro de los motores que los impulsó a seguir trabajando con tanto ahínco.

“Para ellos fue una sorpresa la cantidad de clientes que los respaldaron desde el primer día. Jamás pensaron que tendrían tanto éxito. La gente piensa que los dueños de Ponte Fresco comenzamos en una situación económica acomodada, pero no es así. Empezamos desde abajo y hemos hecho muchos sacrificios y hemos trabajado duro para conseguir lo que tenemos. Somos una empresa familiar puertorriqueña”.

Una nueva generación

Cuando Maggie y su hermana Kate estaban en edad de arrimar el hombro, rápidamente se integraron a la plantilla de trabajo para apoyar a sus padres. Llevaban años viéndolos trabajar sin descanso y estaban claras de que para sostener lo alcanzado tendrían que emular su ejemplo.

“Cuando Kate y yo comenzamos hicimos de todo. Barrer, ser cajeras, atender al público, lo que hubiera que hacer. Conocer todo el funcionamiento del negocio te hace valorar mucho lo que tienes y el trabajo que realizan tus empleados. Ahora que el negocio ha crecido tratamos de estar o pasar por los diferentes locales con regularidad. Nos dividimos el trabajo entre mi hermana, mi esposo Felo Covaa y yo para que nuestros empleados sepan que estamos con ellos. Para ellos es extraño, pero aprecian tener a los dueños cerca”.

Con la entrada de las hermanas comienzan a surgir nuevas ideas de negocio. Passion, Ponte Fresco, Under the Trees y Qué Pasta enriquece el perfil de la corporación.

“En el 2000 abrimos Passion. Ante el éxito de Magritte la misma gente de Plaza nos propone abrirlo. Cuatro años después abrimos Ponte Fresco”.

Conociendo el récord de éxito que representaba la firma Córdova-McCloskey y ante la carencia de ofertas saludables en el centro comercial, la gerencia los motiva a visualizar una propuesta para este público. Así nace Ponte Fresco que supuso un nuevo desafío.

“Una vez más nos enfrentábamos a un escenario que no dominábamos. Fueron muchas horas de trabajo. Mi mamá y yo sufríamos, pero el agradecimiento de la gente era tan grande que seguimos. En este momento Ponte Fresco tiene cuatro tiendas. Después nos aventuramos con Qué Pasta y después con Under theTrees, en Condado. Under the Trees fue otro reto. Mi respeto para los dueños de restaurantes. Es tan costoso mantenerlos y tan difícil todo el tema de la permisología que a los cinco años tuvimos que cerrar”.

Ante el COVID-19

“Al principio decidimos abrir, pero después nos comenzó a preocupar la salud de nuestros empleados. Fue una decisión difícil porque ellos querían trabajar, pero era muy arriesgado. Así que nos reinventamos. Mi hermana creó una página de venta por internet passiontoshop.com que nos ayudó a mantenernos activos. Han sido tiempos difíciles, pero gracias a nuestra unión y a nuestros empleados saldremos adelante. No tenemos manera de agradecerles su trabajo. La fidelidad y la lealtad de ellos ha sido vital para que podamos seguir”.