Desde la izquierda, el  Dr. Raúl G. Vilá Ramírez, el  licenciado Raúl Vilá Sellés y Javier L. Vilá Ramírez.
Desde la izquierda, el Dr. Raúl G. Vilá Ramírez, el licenciado Raúl Vilá Sellés y Javier L. Vilá Ramírez. (Suministrada)

Dice el refrán que “De tal palo, tal astilla”. Esto es lo mismo que afirmar que el carácter y las costumbres se transmiten de padres a hijos. Por eso yo secundo esta otra máxima: padre coleccionista, ¡hijos coleccionistas!

Al menos, así ha sido el caso del licenciado Raúl Vilá Sellés y sus hijos, el Dr. Raúl G. Vilá Ramírez, otorrinolaringólogo, y Javier L. Vilá Ramírez, consultor de negocios. Estos, a pesar de tener gustos distintos a la hora de coleccionar, sí coinciden perfectamente en el amor por el buen arte.

“Definitivamente. Mis hijos y nietos saben lo que las obras representan para mí”, dice Vilá Sellés. Y añade: “Tengo muchos cuadros, pero no todos los que desearía tener. Me gusta coleccionar de varios artistas, temas y estilos. Cada uno tiene su encanto. La mayoría son de pintores puertorriqueños, muchos de los cuales he conocido personalmente. Pero cada día surgen nuevos pintores con sus propias técnicas y estilos. El arte, al igual que todo, va evolucionando con el tiempo”.

En su caso, en una mirada atrás en el tiempo para conseguir el momento en que nació su vocación para coleccionar, Vilá Sellés vuelve a su centro: su familia. Allí estaba la tía Quica.

Desde la izquierda, Javier L. Vilá Ramírez, el  licenciado Raúl Vilá Sellés y el  Dr. Raúl G. Vilá Ramírez.
Desde la izquierda, Javier L. Vilá Ramírez, el licenciado Raúl Vilá Sellés y el Dr. Raúl G. Vilá Ramírez. (Suministrada)

“Mi interés en el arte comenzó desde que cursaba la escuela superior. Desde joven tuve muy de cerca a una tía, Quica Sellés, quien coleccionaba obras de pintores puertorriqueños”, cuenta. “Ella influyó mucho en mí y fue quien me regaló los primeros cuadros de mi colección. Luego, estudiando en la universidad, hasta tomé un curso de pintura”.

¿Cuál fue tu primera pieza?

“Comencé a comprar piezas de arte ya estando casado y recién comenzando a trabajar, siendo las primeras obras del pintor Luis Germán Cajiga”.

Sin embargo, admite que no tiene una pieza especial, pues “aprecio cada una de las obras que tengo, ya que cada pieza tiene su historia, sus recuerdos y un momento determinado en la evolución del arte y el desarrollo de uno mismo como persona”.

Por eso, cuando se le pregunta qué significa ser un coleccionista de arte, afirma: “Ser coleccionista es sentirse representando por un conjunto de piezas de arte, porque reflejan mucho de la persona que las adquiere”. Con todo, “para ser coleccionista de arte, lo más importante es disfrutarlo, ir aprendiendo cada día, conocer las obras de los nuevos pintores e ir evolucionando con sus cambios, teniendo un sentido de responsabilidad del mantenimiento y conservación de las obras”.

Dado que, en su caso, ser coleccionista nace de una convicción tan profunda y personal, ¿alguna lección o consejo que les haya dado a sus hijos a la hora de adquirir una obra de arte? “Para adquirir una obra lo más importante es que te guste mucho, tanto, que puedas vivir con esa obra por muchos años. Además, es importante conocer del artista, su estilo, técnica por el cual se distingue y trayectoria”.

¿Cuál te gustaría que fuera tu legado como coleccionista para tus hijos?, le pregunté. “El que estas obras que yo mismo he seleccionado durante mi vida, puedan siempre ser un reflejo de lo que representó el arte para mí, además de la historia y el mensaje que conlleva cada obra”.

La autora es propietaria de Galería Petrus.

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