13 de marzo de 2022 - 11:40 PM

“Nunca sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es tu única opción”. Esta frase de Bob Marley la comprende a la perfección la triatleta Jennifer Betancourt Vidal, y no ha sido solamente por los eventos en los cuales recorre largas millas hasta llegar a una meta.
La vida le presentó una carrera diferente en medio de agotadores entrenamientos para continuar estableciendo sus propios récords tras haber completado el Ironman 70.3 de Puerto Rico durante 2017 y 2018, año en que viajó a Sudáfrica por haber cualificado para el campeonato. Un diagnóstico de cáncer de seno sorprendió a la también arquitecta a principios de 2019, cuando se encontraba en un momento de alto rendimiento deportivo.
Sin saberlo, la fortaleza física y mental que iba adquiriendo en cada brazada, pedaleo y pisada, la estaban preparando para esa noticia que trastocó su vida. Según narra la madre de dos, en diciembre de 2018 se palpó una pequeña masa en el seno derecho, por lo que acudió a hacerse una mamografía de rutina y le realizaron una biopsia.
“Esas Navidades me fui de viaje con mis hijos a Perú bien positiva, como que no iba a salir nada. Ni pensé en eso durante nuestro viaje. Pero, desafortunadamente, en enero me llamó mi radióloga que es la doctora Eva Cruz, excelente ser humano, y entonces me dio la noticia de que no era algo normal lo que se halló, que era algo que teníamos que verificar”, dijo la progenitora de Hans, de 21, y de Emma, de 17 años.
En enero del siguiente año, a Jennifer le practicaron una primera lumpectomía (cirugía para extirpar el cáncer u otro tejido anormal de la mama) y ya luego una segunda para limpiar más el área y asegurarse de eliminar todo. Afortunadamente, se trató de una detección temprana y en medio de esas intervenciones quirúrgicas, continuó entrenando con su mirada fija al Ironman 70.5 de Puerto Rico, el cual se celebraría en marzo.
“Seguí entrenando porque eso me ayudó un montón a canalizar, primero el ‘shock’, pues tú nunca esperas que te vayan a decir ‘mira, hay algo que no está normal’. Así que definitivamente seguí entrenando e hice el Ironman de Puerto Rico en el 2019, con el que cualifiqué para Niza, con todo eso pasando”, expresó Jennifer, quien decidió llegar hasta la ciudad francesa en septiembre y cumplir otra de sus metas luego de haber logrado ese pase.
Los meses en los que se mantuvo entrenando, aunque bajo tratamiento de pastillas que hormonalmente alteraban el funcionamiento de su cuerpo, sirvieron para tomar la importante decisión acerca del tratamiento al cual se iba a someter. Era demasiado el bombardeo de información, según explica, y le habían sugerido radioterapias, pero se pudo tomar un tiempo para optar por lo que más le convenía.
Para esta profesional, quien siempre ha visto el deporte como un estilo de vida, no le bastó realizar la hazaña en Niza en septiembre, sino que al siguiente mes, en octubre completó lo que ha sido su único “full” Ironman en Calella, provincia de Barcelona. En las tres modalidades completó en total 140.6 millas. Ya en noviembre estaba lista para dar el próximo paso de la otra carrera: someterse a una mastectomía bilateral.
Dejar de entrenar nunca fue una opción. Por el contrario, levantarse a las 4:00 a.m. para dirigirse a la pista o a la piscina, le resultó el método perfecto para soltar los miedos que aparecían sobre la marcha. La mujer de 52 años no era la única en su familia con un diagnóstico de cáncer; su madre y su hermana padecieron esta enfermedad.
“Una vez lo decidí, el proceso empezó y me dieron unas pastillas que hormonalmente te cambian, pero como seguía entrenando, para mí fue transparente en ese sentido. Pude canalizar esa ansiedad y ese estrés que te da cuando te dicen la palabra ‘cáncer’ y poder verlo de forma positiva. Además de que tenía unas amistades que están en el equipo de tríalo que me apoyaron un montón, así como mi pareja y mi familia”, sostuvo la atleta del equipo Trispot, cuyo entrenador es Rafa Colón.
Su deseo como madre era mantenerse saludable, por eso tomar la decisión de realizarse una mastectomía bilateral le trajo paz . “La realidad es que tienes que mantener una mente positiva, porque se trata de proceso bien difícil y resulta diferente para cada mujer”, recalcó la fémina, a la que le pusieron unos expansores en el área de las mamas, para más adelante someterse a una cirugía reconstructiva.
En enero del 2020 ya estaba recuperada y con la aprobación médica se lanzó a entrenar nuevamente y competir en lo que sería el próximo Ironman Puerto Rico 70.3 en marzo. Sin embargo, a raíz del COVID-19 el evento quedó cancelado, así como la cirugía reconstructiva de sus mamas, que finalmente se realizó en septiembre de ese mismo año. Durante este periodo, ejercitarse desde su casa resultó en una gran distracción en medio del encierro por la pandemia.
“Esa cirugía fue más llevadera, pues consistió en quitar los expansores y poner los implantes. No te ponen los drenajes, como cuando se trata de la mastectomía. Me recuperé bastante rápido y después seguí entrenando. Más que todo, quise ser ejemplo para mis hijos, que sepan que en la vida tú no sabes lo que te va a pasar. Las cosas cambian de un día para otro y para mí era importante enseñarles a ellos que pueden, que la vida no para con un diagnóstico. Claro, es esencial contar con el apoyo de la familia, las amistades y tratar de mantener la mente positiva. Eso es lo mejor que yo le puedo enseñar a mis hijos y poder ser ejemplo para quienes están pasando una experiencia similar, ya para mí eso es una ganancia”, recalcó.
Jennifer se describe como una persona fuerte, pues cuando se traza una meta, trata de lograrla hasta lo más posible. Mientras, reconoce que aunque durante el camino surgen situaciones inesperadas, asegura que lo importante es llegar a la meta, ya se trate de un evento deportivo o la vida misma.
“Sí me considero una persona fuerte, porque nunca me vi tirada en una cama llorando, eso para mí era importante. Yo ser un pilar, en mi caso para mis hijos, y seguir lo más positiva posible dentro de lo que yo estaba haciendo. Así que hasta ahora, si Dios quiere, seguimos adelante”, manifestó a la vez que reconoció la importancia de la alimentación saludable dentro del proceso para recuperar más rápido.
De igual modo, Jennifer comparó las similitudes entre el entrenamiento para un tríalo y un diagnóstico de cáncer como, por ejemplo, los días en los que se levantaba y no se sentía bien física ni anímicamente por el agotamiento.
“Uno a veces se le olvida por qué uno hace esto y lo mismo pasa cuando me dieron el diagnóstico. Había unos días en que yo estaba superpositiva y había otros en los que daba dos pasos para atrás. Por tal razón, son claves las personas que están a tu alrededor, que son las que te recuerdan por qué estás haciendo el entrenamiento y, en el otro caso, porque también estás en el tratamiento. La decisión de quitarme las mamas fue una bien personal, pero una vez uno la toma, no debes de dar para atrás ni un segundo”, compartió.
La disciplina y la organización ayudaron a Jennifer a seguir con sus metas y su vida. Pero eso no solo bastaba, no lo hubiese podido hacer sin el apoyo de sus hijos, a quienes les agradece. El trajín diario incluye entrenamiento, transportarlos, trabajar, cocinar y, a veces hasta “doblar” entrenamiento, por lo que hay ocasiones en que el cansancio suele ser inevitable. Trabajar por cuenta propia también le dio flexibilidad.
“Para mí es una satisfacción poder hacerlo todo, eso me llena, es una pasión. Si uno sigue lo que a uno le apasiona, no es un sacrificio”, agregó la mujer, quien cada seis meses acude a someterse a una mamografía, sin negar que le causa miedo.
“Me refugié mucho en mi familia y las personas queridas alrededor mío. Definitivamente, uno le pide a papa Dios. Si tú no tienes fe es bien difícil salir adelante”, dijo esta arquitecta, quien prefirió mantener en privado su estado de salud y solo compartirlo con su núcleo más cercano. El hecho que su madre haya fallecido de un cáncer de estómago y que su hermana fuera diagnosticada son cáncer de seno durante sus 30, fomentó que no revelara su diagnóstico, pues sabía de primera mano los estragos ocasionados en su familia.
“Mi madre luchó. Para mí ella era un superejemplo, pero desafortunadamente, en el caso de ella llegó un momento que no pudo con las quimioterapias y falleció. En el proceso me hizo falta porque nosotros somos una familia bien unida. Mi hermana fue un apoyo increíble porque ella pasó primero por la experiencia y mi papá es una persona superespecial, así que junto también con mi hermano, mis hijos, el núcleo familiar y entorno cercano, fueron esenciales”.
Jennifer no olvida la primera vez que se observó desnuda ante el espejo, luego de que se le practicara la mastectomía bilateral. Confiesa que fue un momento en el que quería estar sola para aceptar lo sucedido.
“Te soy sincera, sí lloré y fue un ‘shock’, pero realmente después me acostumbré y para mí lo más importante es tener salud. Como me sentía bien, pues eso pasó a segundo plano”, afirmó. No obstante, asegura que ahora cuando se observa ve a otra mujer. “Yo me veo y para mí son cicatrices de lucha y eso va a estar ahí para toda la vida. Así que las llevo con orgullo porque no todo el mundo tiene la fortuna de poder contarlo o de seguir adelante. Así que mis respetos a todas las que se lo han hecho, las que decidieron hacerse solo una mastectomía y las que no, o sea, a todas las mujeres. Todas las decisiones son bien personales y las respeto todas. Definitivamente, son unas luchadoras”.
Aunque en octubre pasado logró completar el maratón de Boston, esta edición del Ironman 70.3 Puerto Rico es especial para Jennifer, primero por tratarse de la décima edición y segundo porque se trata de otra meta personal que se propuso cumplir y es su primer Ironman 70.3 tras recuperarse del cáncer.
“Después de todo, estos dos años que fueron bastante difíciles, y lograr otra vez completar el Ironman si Dios quiere, pues definitivamente voy a terminar con una sonrisa y con mi gorra de “fuck cancer”. Lo que quiero es completarlo y hacerlo bien. Sentirme bien, eso es lo importante. Así que es un año especial para mí, para mi familia y para los que me conocen”, dijo acerca del evento, que se llevará a cabo el próximo 20 de marzo con más de 1,750 atletas, procedentes de 30 países y Puerto Rico.
Su próximo plan consiste en continuar entrenando con un bagaje de experiencias y unas cicatrices en señal de lucha para rebasar la meta del maratón de Nueva York en noviembre de 2022.
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