Más de 30 millones de turistas visitan cada año Maine para deleitar sus populares platos confeccionados con langostas. (The New York Times)

Mientras se detenía junto a una de sus jaulas para langostas, marcada con una boya de color rojo y amarillo en la Bahía de Penobscot, en Maine, Mike Hutchings extrajo varios de los crustáceos que contribuirían a su pesca de 60 kilos (132 libras) ese día. Era un botín decente, pero su evaluación sobre la temporada de pesca era sombría: “La peor que se ha vivido”.

Hutchings y otros pescadores de langostas deberían estar preparándose para “los buenos tiempos” ya que la combinación de visitantes de fuera del estado, los cruceros, el clima más cálido y una profusión de langostas supondrían ganancias inesperadas para la temporada.

Sin embargo, al igual que muchos negocios por todo Estados Unidos, la industria de la langosta en Maine, que conforma la mayoría de los ingresos de pesca que produce el estado todos los años, se vió golpeada por el coronavirus esfumando las proyecciones positivas que prometía la temporada.

El problema para Hutchings es simple: demasiadas langostas y poca gente para comerlas. Eso ha hecho que el precio de las langostas se desplome.

Luego está el aumento en la temperatura de las aguas de la región, impulsado por el cambio climático, que ha reubicado las áreas de langostas lejos de la costa.

El efecto del virus en el comercio de langostas es el indicio más reciente de la forma en que la enfermedad trastorna todos los rincones de la economía.

Típicamente, más de 30 millones de personas visitan Maine cada año. La mayoría llega en los meses de verano por el agradable aire de la costa de Nueva Inglaterra, así como por la langosta, una especialidad costosa que es un elemento de rigor de las comidas para turistas.

Pero el virus y las estrictas restricciones de cuarentena de Maine han descarrilado el turismo.

Para Hutchings, de 66 años, cuyas manos están maltratadas tras pescar en las aguas de Maine durante más de 50 años, el efecto de la pandemia se reduce a si puede ganar suficiente dinero para que su barco siga siendo rentable. Sus gastos incluyen cebo, combustible y los salarios de su tripulación.

En junio, Hutchings dijo que estaba vendiendo langostas en alrededor de $10 el kilo, la mitad del precio de hace un año.

El mes pasado, el presidente Donald J. Trump ordenó a funcionarios que brindaran asistencia a la industria de la langosta, que él dijo había sido blanco de aranceles de represalia de China.

Los aranceles de represalia de Beijing a la langosta estadounidense por poco paralizan las exportaciones. En el 2019, las exportaciones de langosta de Maine a China cayeron un 48.24 %.