Actualmente en Puerto Rico hay entre seis a ocho aserraderos  activos, donde se corta y se trabaja la madera.
Actualmente en Puerto Rico hay entre seis a ocho aserraderos activos, donde se corta y se trabaja la madera. (Isabel Ferré Sadurní)

Puerto Rico podría tener una industria sólida de madera sin alterar los ecosistemas, pero falta educación, interés y una organización que garantice un crecimiento sostenido de esta industria, concluyó el Centro para la Conservación del Paisaje, presidido por Edgardo González.

La realidad es que la mayoría de los dueños de estos bosques desconocen el valor de este material, cómo cortarlo o incluso a quién y a cuánto venderlo, se añadió.

Un estudio realizado por esta organización, junto al Programa de Innovación de Madera del Servicio Forestal federal, encontró fallas importantes que impiden el desarrollo de esta industria. Entre las razones principales está la falta de conocimiento y educación, junto a la ausencia de una política pública para tener un desarrollo sostenible de bosques.

Los datos revelaron que el 55% de la tierra aquí está cubierta por bosques, sin embargo, se importa casi toda la madera que se utiliza. En Puerto Rico, el 75% de estos bosques están en manos privadas. Gran parte de la tierra dedicada a bosques en manos públicas están en Bosque Nacional El Yunque. Existen de seis a ocho aserraderos activos aquí.

“Hace falta organizar bien esa cadena. Necesitamos que se organice la cadena y se eleve el nivel de calidad del producto que se trabaja para que sean una alternativa en los mercados internacionales. Al hablar con la gente que produce madera en Nueva York, nos dicen que tienen dificultad consiguiendo especies de Asia. Eso es una oportunidad. La caoba, la acacia, que se da tanto por ahí, se usa mucho para muebles pequeños”, explicó González. “En América Latina, donde el bosque se maneja de manera productiva, la gente conserva más el bosque si hay unas regulaciones porque son una fuente de ingreso, es un producto. En Honduras, las comunidades que manejan sus bosques los protegen más y los preservan mejor”.

Según el portavoz, para desarrollar una industria de madera sostenible, hay que trabajar los viveros de árboles para producir material apropiado para siembras de enriquecimiento y plantaciones en esos terrenos privados. “Ahora mismo, las maderas que más se están usando no son las que estamos plantando. Si queremos manejar los bosques, tenemos espacio para hacerlo”.

González presentó recientemente los hallazgos de su investigación en una charla frente a dueños de aserraderos, artesanos, agricultores y arquitectos que trabajan y manejan la madera. Reconoció que el paso del huracán María en 2017 despertó un interés en esta industria por la cantidad de árboles de madera fina que terminaron en el suelo y muchos en los vertederos por la falta de conocimiento sobre cómo cortarlos y curarlos para luego convertirlos en muebles, artesanías y materiales de construcción.

“Tras el huracán, cuando vieron la madera en el suelo, vieron que tenía unas fibras, colores. Las acacias se han utilizado para muchos muebles. Encontramos un artesano que hizo una tabla de surfing del árbol comúnmente conocido como “meaíto” (tulipán africano) y es una tabla de surfing bien hecha y trabajada”, relató. “Ese componente de educar y llegar a los dueños de terrenos privados no se está dando y no saben cuánta madera tienen en sus fincas”.

Durante el evento, se comenzó a cuajar una organización que agrupe a los que ya se dedican a trabajar con la madera.

“No existe un marco conceptual organizado con una cadena que incluya productos forestales encaminados a una economía de exportación”, afirmó González.

El estudio encontró además una falta de información sobre esta industria en la isla. Las estadísticas disponibles responden al panorama en 2016, antes de María.

“La información del Departamento de Agricultura revela que en 2016 la producción local de madera representaba menos del 0.6% de la madera consumida aquí”, indica el documento.

De acuerdo con estadísticas de la Asociación Americana de Papel y Bosques, en 2020 la producción de los bosques – papel, madera y otros productos – produjo un estimado de $300,000 millones además de un millón de empleos. Los productos de los árboles son una de las principales exportaciones de Estados Unidos y la expectativa de la organización es que este sector de la economía continúe creciendo con la construcción de viviendas y proyectos de remodelación. Como ejemplo, uno de los estados que más madera produce – Massachusetts – reportó en 2020 unos $3,000 millones producto de la industria de la madera.

“Antes aquí había datos y Recursos Naturales tenía un programa de producción forestal que se cerró. Sabíamos los pies tablares que se producían, que eran entre 60,000 y 70,000; había una lista de precios de la madera. Ahora no hay nada de eso. La empresa se regula ella misma”, afirmó González.

Oportunidades perdidas

Para las personas que conocen el valor de las maderas que se producen aquí, resulta frustrante verlas acumularte en vertederos, lo que para ellos representa literalmente echar dinero a la basura.

Durante la charla ofrecida en el Jardín Botánico de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, varios de los que trabajan con esta materia reclamaron crear un grupo que se encargue de organizar esta industria en la isla.

Thrity Vakil, directora de Las Casas de la Selva, relató que es poca la ayuda que ha recibido del gobierno para manejar su sembrado de 40,000 árboles.

“Luego de María tuvimos cientos de árboles en el piso. Pedimos ayuda y no recibimos ninguna. Espero que en esta nueva era Puerto Rico pueda crecer la mejor madera del mundo, porque luego de María vimos la cantidad de caoba que se destruyó y la vimos tirada en los vertederos y eso fue traumático”, afirmó. “La caoba es la madera más valiosa del mundo y Puerto Rico debería estarla manejando como una industria. Hay un mercado y podemos hacer de esto una industria porque tenemos los árboles. No hay razón para que Puerto Rico no pueda tener una industria con la madera que tenemos en el suelo ahora mismo”.

El arquitecto Claudio Betances Maxwell Merrill sugirió en tanto que haya una estandarización de cómo manejar la madera.

“Se necesita estandarización de la madera porque para que cumpla con varios criterios y se pueda usar. Hay que saber cómo se corta, cómo se seca, los tamaños para las vigas. Eso es importante para darle un valor añadido en los centros comerciales”, afirmó.

René Delgado, fundador del Taller Escuela de Diseño y Arte Funcional, abogó por la educación como piedra angular en el proceso de impulsar una industria de la madera en la isla.

“Lamentablemente todas las industrias relacionadas a la madera, fabricación, manufactura de la madera, ya no están. Pero en realidad, el mensaje que quiero llevar es que necesitamos educar. No se puede ir a los municipios a pedir respaldo porque no entienden. Para ellos, esto es basura”, afirmó. “Si logramos crear un grupo, si logramos educar y que se entienda que esto es un negocio, que es algo sustentable y bueno para la economía, las cosas cambiarán”.

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