Ignacio Álvarez, principal oficial de Popular Inc. indicó que Banco Popular recortó sus gastos por $24.4 millones al gastar menos en el mantenimiento de inmuebles reposeídos, ejecuciones hipotecarias, publicidad y menos comisiones e incentivos a empleados. (Archivo / Gerald López)

A pesar del alza en el número de contagios por COVID-19, Puerto Rico va a tener que seguir “experimentando” entre restringir ciertas actividades como barras o limitar el acceso a las playas y permitir otras, pues la economía local “no aguantaría” otro período de encierro restricto para atajar la pandemia, opinó el principal oficial ejecutivo de Popular Inc. (BPOP), Ignacio Álvarez.

De acuerdo con Álvarez, en esta ocasión, la economía de Puerto Rico se ha deteriorado tanto que no podría superar los efectos de otro encierro tan restrictivo como el que experimentó en marzo pasado y que se prolongó por casi 10 semanas.

“No vislumbro un retorno a un ‘lockdown’ como antes. Estamos en una etapa en que tenemos que balancear lo económico con la salud, no pienso que Puerto Rico aguante un ‘lockdown’ como antes”, indicó Álvarez.

El líder de Popular conversó con periodistas ayer teniendo como telón de fondo el desempeño de la institución durante el segundo trimestre de este año.

A pesar de que la economía de Puerto Rico estuvo esencialmente paralizada durante la mayor parte del trimestre por la pandemia, las instituciones financieras en la isla continuaron operando. Popular mantiene el 90% de su red de sucursales operando, y sus clientes se habrían volcado a canales digitales.

Y en el caso de Popular, esa continuidad de operaciones -con todo y la pandemia- se tradujo en $127.6 millones en ingresos netos, así como en un alza de unos $10,000 millones en los activos del conglomerado. Ello en buena parte, una vez el gobierno depositó en sus cuentas unos $4,200 millones como resultado de los fondos federales asignados a la isla para hacer contrapeso al coronavirus y como resultado de la aprobación de 28,000 préstamos o unos $1,400 millones en préstamos de protección de nómina o PPP, en inglés y que también fueron parte de la repuesta federal a la pandemia.

Popular reportó ganancias a pesar de una caída de 49% en la venta de autos —lo que se traduce en menos préstamos—, de que la actividad hipotecaria estuvo suspendida por casi dos meses, se produjo una caída de 6% en la venta de sacos de cemento y también, pese a que sobre 300,000 personas quedaron en la fila del desempleo como resultado del encierro.

Empero, los beneficios reportados no se dieron exclusivamente por el rendimiento de inversiones o intereses. En el trimestre, la matriz de Banco Popular recortó sus gastos por $24.4 millones, una vez, gastó menos en el mantenimiento de inmuebles reposeídos, ejecuciones hipotecarias, publicidad y menos comisiones e incentivos a empleados.

El ajuste en gastos operacionales, dijo Álvarez, forma parte de la meta impuesta por Popular a principios de año para ahorrar unos $50 millones en gastos operacionales durante el 2020.

Banca en medio de la pandemia

En el lado opuesto, aunque según Álvarez, los paliativos otorgados por el gobierno para contrarrestar la pandemia se han centrado en mantener la liquidez entre individuos y empresas, quedará por verse cuántos de los préstamos acogidos a programas de moratoria comenzarán a pagarse una vez terminen los períodos de gracia concedidos.

Según Álvarez, mientras las moratorias a préstamos de consumo terminan este mes, aquellas en hipotecas terminan en agosto próximo.

Aparte del ingreso de $1,200 que otorgó el gobierno federal, Álvarez recordó que muchos individuos que quedaron sin empleo, recibieron el beneficio de desempleo adicional de $600 semanales que se aprobó bajo la ley federal CARES, una compensación que sería considerablemente mayor que la paga que reciben muchos trabajadores en condiciones regulares.

Hasta el pasado 30 de junio, el 27% de la cartera de Popular se encontraba bajo alguna moratoria. Al concluir el segundo trimestre de este año, unos 121,229 préstamos en los libros del Popular con un valor total de $7,985 millones estaban en moratoria. La cifra excluye las moratorias otorgadas en las hipotecas que Popular administra a nombre de terceros como serían los préstamos convencionales.

Popular otorgó moratorias en 16,595 préstamos hipotecarios valorados por $2,108 millones.

En términos numéricos, los financiamientos de autos encabezan la lista de concesiones especiales con 47,975.

Sin embargo, monetariamente hablando, la mayor parte de los préstamos en moratoria en los libros del Popular son préstamos comerciales. A pesar de que la moratoria se extendió a unos 5,003 préstamos de este tipo, en libros, estos totalizaron unos $4,116 millones.

De acuerdo con Álvarez, aunque por el momento prevalece la incertidumbre por la pandemia, Popular se siente cómodo con las reservas para pérdidas que ha acumulado.

Explicó que como resultado de los nuevos requisitos contables identificados en la jerga técnica como CECL, la institución ha inyectado sobre $400 millones a la reserva desde diciembre pasado. Ese abultamiento de la reserva, entiende la institución sería suficiente para amortiguar una estela de pérdidas por el coronavirus, explicó el banquero.

Falta de efectivo

De otra parte, Álvarez reconoció que Puerto Rico experimenta escasez de dinero y monedas como resultado del disloque que tuvo el coronavirus en las operaciones de la casa de la moneda del Tesoro estadounidense.

Explicó que el período de encierro también contribuyó a una reducción en el número de transacciones en la isla, a medida que los consumidores respondían a las directrices del encierro.

Álvarez sostuvo que, al presente, las instituciones bancarias confrontan problemas para resarcir los pedidos de moneda que hacen los comerciantes, pero aseguró que la situación ha mejorado “un poquito”. A ello responden los llamados del sector para que las personas lleven sus monedas a las instituciones bancarias, indicó.

Según Álvarez, en tiempo reciente, la Reserva Federal ha aumentado el nivel de monedas que envía a Puerto Rico e indicó que la situación debe mejorar, pero no se resolverá “inmediatamente”.