Área verde central. Alrededor se agrupa el conjunto de edificios y enclava la torre. (Arq. Eduardo Bermúdez)

“Podemos vivir sin arquitectura y practicar el culto sin ella; pero no podemos recordar sin su auxilio”. Estas palabras escritas por el filósofo inglés John Ruskin resumen la importancia de los edificios en nuestras vidas.

La escuela superior de la Academia San José de Villa Caparra es una estructura ejemplar, de esas que crean memorias. Ubicado en la calle A en el corazón de un área residencial completamente rodeada de viviendas, es el repositorio de muchas gratas vivencias. Esto no solo lo aseveramos como exalumnas de nuestra Academia, sino porque como arquitectas, reconocemos los valores que Ruskin citó: “No podemos recordar sin arquitectura, la arquitectura es el vehículo de la memoria”.

Las circunstancias presentes del cierre repentino de nuestra “high”, obliga a investigar la arquitectura de su edificio. Nuestra escuela superior es parte del complejo que une la Iglesia Parroquial de San José, sus oficinas, y la escuela elemental de la Academia. Los terrenos para este recinto fueron donados por la familia González-Giusti.

El edificio modernista para la “high school” diseñado para el 1963, fue obra del arquitecto David P.C. Chang, AIA, egresado de Princeton University, que para entonces estaba asociado al arquitecto Lorenzo Ramírez de Arellano a quien había conocido cuando trabajaron juntos en Desarrollos Metropolitanos. Según relata el ingeniero Gonzalo Ferrer, gran amigo de ambos, Chang, “el chino” (apodo que él mismo se puso), fue una persona completamente integrada a la sociedad puertorriqueña de esa época y hablaba un español perfecto.

La obra se llevó a cabo entre el 1963 y abril de 1964 cuando entraron las primeras clases de las “Blue Ladies” a sus aulas y facilidades innovadoras. Eran y continúan siendo hermosos los edificios del complejo en tres alas que formaron originalmente nuestra escuela superior. Una cuarta ala suponía incluyera el auditorio que no se construyó durante esta etapa. Un ala con patio interior sirvió para oficinas administrativas, otra con techo de placas plegadas y escaleras a ambos extremos, albergó los salones de clase y la cafetería, y la tercera, sirvió para instalar la biblioteca y los laboratorios. El colorido azul y blanco que siempre mantuvieron los edificios representó la lealtad y el honor que nos inculcaron.

Los techos altos y grandes ventanales proveyeron la iluminación y ventilación de los salones, incorporando la sensación de estar en comunión con la naturaleza circundante. Los pasillos semiexteriores permitían reuniones informales en comunicación visual y auditiva con el espacio abierto en grama alrededor del cual se agrupa el conjunto de edificios y enclava la torre. Este espacio fue testigo de innumerables actividades memorables para las ­­­­­­­­56 clases que allí se instruyeron. Fue para nosotras un verdadero privilegio estudiar allí.

En el edificio administrativo se emplearon materiales de vanguardia como los bloques de cristal que reducían el reflejo solar para lograr aminorar los gastos energéticos, una técnica de avanzada hoy día conocida como la sostenibilidad. El edificio fue de suficiente importancia en su época como para ser incluido en la publicación de 1965 “Architecture in Puerto Rico” por José A. Fernández como un ejemplar distinguido de nuestra arquitectura contemporánea.

Para honor de nuestra Academia San José, en el año 2003 al edificio de la “high school” le fue otorgado el Premio de Test of Time, por el American Institute of Architects. Este honor reconoce una obra arquitectónica que haya resistido los embates del tiempo por más de 25 años sin que haya sufrido alteraciones significativas. Los comentarios del Jurado fueron: “Concebido como un edificio de vanguardia, desde su origen las techumbres diagonales y el uso del concreto definen un espacio de uso intensivo y de gran durabilidad”. ¡Y de gran durabilidad ha sido! Su gran calidad arquitectónica sigue vigente.

A lo largo de los 56 años de existencia y utilidad del complejo de la “high school” de la Academia San José, eventualmente añadieron un gimnasio y un auditorio. El folleto del 2013 titulado “La Vereda Tropical” editado por el arquitecto Benjamín Vargas, FAIA (QDEP) ilustra una de las joyas arquitectónicas en Puerto Rico, nuestra “high”, con su torre alta, blanca, y emblemática coronada por una cruz, símbolo de fortaleza, fe, esperanza y cumplimiento de nuestras metas que siempre fomentó la Academia. El diseño y supervivencia de esta magnífica obra de arquitectura que siempre recordaremos y asociaremos con nuestros años como estudiantes, hace justicia a las palabras del filósofo Ruskin: “La calidad nunca es un accidente; siempre es el resultado de un esfuerzo de inteligencia”. Y así fue en el diseño de este edificio.

Esta institución académica nos ha brindado por décadas una educación de excelencia y los valores cristianos que han guiado nuestras vidas. Confiamos en que el complejo de la “high school” permanecerá en pie y en uso como hito que nos recuerda un pasado glorioso, unos momentos memorables, además de un profesorado y unas amistades que siempre permanecerán en nuestros recuerdos y nuestros corazones. Esperamos que el futuro le depare un uso digno donde prevalezca como norte el ambiente de tolerancia, respeto, y amor por el conocimiento que ha caracterizado nuestra Academia y que llevamos dentro en el ASJ DNA.

Vista del progreso de las obras de la High School ASJ. El Arq. Chang, acompaña a la Sister Immaculata y el Monseñor Ríos. (1963)
Vista del progreso de las obras de la "high school". El Arq. Chang acompaña a la Sister Immaculata y el Monseñor Ríos. (1963) (Suministrada)

“El Chino”

Mientras su padre estaba destacado en Alemania, David Pin Chun Chang decidió estudiar arquitectura en la Universidad de Princeton. Allí “El Chino” (apodo que él mismo se hacía llamar) conoció al arquitecto Carl B. Brunner y comenzó su relación con Puerto Rico. En el verano de 1959, mientras mi padre -el Ing. Gonzalo Ferrer- trabajaba en la entonces O’Kelly – Méndez (hoy Méndez, Brunner, Badillo & Asociados), el arquitecto Brunner le pide que ayude a su amigo, Chang a repasar la parte de estructura de la reválida de arquitecto que le restaba por aprobar.

Así fue como El Chino conoció a quien se convirtió en su amigo entrañable. Logró pasar el examen de reválida y años más tarde el destino lo regresó a vivir y trabajar en Puerto Rico. De regreso a la isla se integró al equipo de diseño de la empresa Desarrollos Metropolitanos (a quienes ya les había diseñado su logo) y es allí donde conoció a Lorenzo Ramírez de Arellano, AIA. Ambos decidieron irse por su cuenta, montaron una oficina en Santurce e hicieron algunos trabajos juntos, otros por separado. Entre las obras más destacadas del arquitecto Chang está el elegante diseño original de Wapa TV, la escuela superior de la Academia San José de Villa Caparra (proyecto que consiguió posiblemente por su relación con el arquitecto Jorge Ramírez de Arellano, entonces muy amigo de Monseñor Ríos) y un edificio para la Universidad Interamericana, Recinto de San Germán, entre otros.

David P.C. Chang, AIA, con su imponente estatura, carácter afable y bromista empedernido muy pronto aprendió a hablar español, se ganó el aprecio y reconocimiento de sus colegas en Puerto Rico e hizo grandes amistades que perduraron aun cuando decidió dejar la isla. El prestigioso arquitecto dejó su huella en todos los que lo conocimos. Tengo recuerdos muy lindos de niña de nuestras familias compartiendo largos domingos de sol, playa y barbacoa en su casa; otro magnífico ejemplo de su obra. Jamás imaginé que la escuela superior de la Academia San José -uno de sus emblemáticos diseños- sería el fabuloso telón de fondo de mis años escolares. Qué afortunados fuimos de tener prestado por algunos años a un arquitecto internacional, del calibre de David P. C. Chang, AIA en Puerto Rico y todavía tener una de sus obras. Una que superó la prueba del tiempo, todavía con nosotros.