Los espacios comunes como las oficinas, centros comerciales, tiendas y salones de belleza, entre otros, son algunos de los que sufrieron cambios a raiz del distanciamiento social forzado por el COVID-19. (Shutterstock)

Con la reapertura de amplia variedad de comercios y el lento retorno a las oficinas, ¿cómo reconfigurar los espacios físicos para que cumplan con los protocolos de distancia que se requieren para reducir el riesgo de contagio con el coronavirus? ¿Cómo conjugar la merma en ingresos de tantos negocios con el costo de reconfigurar un área de trabajo, en especial si es de formato abierto?

Estas son apenas un par de las preguntas que muchas empresas se están haciendo en el contexto de la pandemia de COVID-19, una crisis sanitaria que nadie sabe cuándo se estabilizará.

Por ello, la arquitecta y diseñadora de interiores Edwina González recomendó calma y búsqueda de alternativas que no necesariamente sean permanentes, para continuar operando sin incurrir en inversiones que aún no se sabe si serán soluciones adecuadas: “Estos primeros seis meses van a ser un tanteo y error, un periodo de prueba”.

Por lo pronto, González observó que “estamos viendo un cambio de paradigma” ante la nueva necesidad del trabajo remoto que exige ajustes en la mentalidad y los estilos de supervisión, en especial ante la realidad de que las oficinas abiertas, tan populares hoy, exacerban los temores de contagio con el COVID-19.

“La nueva norma es bajar la densidad de uso de los espacios. Entiendo que los patronos, las escuelas se van a dar cuenta de que no todo el mundo tiene que estar presente todo el tiempo, tal como están haciendo los comercios también cuando fomentan que se haga en línea todo lo que se pueda”, planteó. 

Indicó que un ejemplo bien dramático son los centros de llamadas, donde la productividad se mide minuto a minuto, pero durante la pandemia han operado desde las casas de los empleados.

“Han aprendido que los jefes no tienen que estar todo el tiempo mirando al empleado. También los patronos han visto que no necesitan tanto espacio para operar y que la situación permite que le transfieran parte de la responsabilidad al empleado”, abundó González, fundadora del estudio de diseño E.go, alusivo a sus iniciales.

“Todo tiene más de dos formas de verse.  Hay gente que va a estar de acuerdo con trabajar en su casa y estar más cómodo. Hay gente que no tiene la facilidad en su casa y eso se va a tener que abordar”, pronosticó sobre el escenario de trabajo remoto a mediano plazo, no solo por unos meses de emergencia ni por estricta preferencia.

González opinó que, ante la fluida situación de la pandemia, desaconsejaría hacer inversiones de peso de inmediato. Por ejemplo, distanciar estaciones de trabajo modulares a simple vista parece lógico y fácil. Pero debajo de las alfombras y por dentro de los cubículos a menudo corren conexiones eléctricas y de las redes de telecomunicaciones que, para moverlas, se requiere personal experto y asumir el costo. En ese escenario, la experta planteó que algo más realista sería “en vez de tener todas las personas una al lado de la otra, dejar escritorios de por medio, que solo un porcentaje de la gente esté a la vez en el espacio físico. Cambiar los turnos”. 

“En los trabajos que había hecho antes de la pandemia para grandes corporaciones, ya se estaban moviendo a las estrategias de tener espacios de trabajo asignados y no asignados, con empleados que trabajaban de la casa ciertos días. Ese es el camino, porque reduce la densidad de uso”, mencionó. 

Mencionó que ya los salones de belleza con huella reducida están tomando estas medidas, aunque ello implique reducción en ingreso porque “un estilista va un día, y el otro día no para que la silla del medio esté vacía”.  

A la vez, ya no hay gente esperando en el recibidor de los negocios ni en los consultorios, sino que se manejan las citas. Con esto, a la vez, se demuestra que manejar los horarios en industrias como la del cuidado de salud, tan criticada por aglomerar pacientes por horas en un salón de espera, realmente era posible, pero sin la pandemia no se habría demostrado.  

González reconoció que en muchos casos estas medidas implican reducciones de ingresos pero invitó a “no verlo todo como dólares y centavos, porque hay otras implicaciones que se irán viendo con el tiempo. Estamos reescribiendo la historia y esto se va a resolver en algún punto, porque para eso tenemos tecnología y ciencia”.