Ivonne Ithier, propietaria de Enhorabuena. (Suministrada)

“Una confitería rústica puertorriqueña”. Así describe Ivonne Ithier su empresa Enhorabuena, que por 17 años ha deleitado a una creciente clientela, y con su amplia demanda evidencia el poder de una pequeña empresa apoyada en una sólida filosofía de negocios.

“Aquí nos dedicamos a hacer galletitas, somos un negocio dulce y Enhorabuena se ha convertido en una marca para llevar alegría”.

Esta compañía, ubicada en Bayamón, es conocida por su producto estrella, que son los famosos “palitos de guayaba”.

Fue el producto inicial y único, pero con el tiempo la oferta se amplió. “Buscamos ofrecer estos productos y estos sabores que ya conocemos, como el ajonjolí, la canela, el jengibre, que son muy caribeños, y presentárselos al consumidor de una manera elegante, de una manera más divertida para que tengan esa alternativa de valor a la hora de obsequiarlo”, señaló.

Uno de los secretos de su éxito está en sus orígenes, y es que su confitería no es muy dulce.

“Adopté ese sabor de la pastelería europea, que no es extremadamente dulce, esto mientras viví en España”, dijo Ithier.

Explicó que la empresa nació en 2002 por una petición de su hermana, organizadora de eventos, que buscaba una alternativa diferente como detalle para obsequiar a sus invitados, y así nació la propuesta para su negocio.

“Llego a Puerto Rico con los palitos de guayaba, registré la marca y empecé a darle forma”, dijo.

El camino ha estado lleno de aprendizajes y celebra que el negocio comenzó a buen ritmo.

Ithier dijo que ha invertido en su negocio cerca de $1 millón, monto que incluyó la compra de nueva maquinaria para mecanizar los procesos de confección de su producto y la compra del edificio que alberga su negocio.

“Esto ha sido como cualquier negocio, cuesta arriba. Sobre todo porque yo no sabía nada de pastelería, pero uno sigue aprendiendo todos los días”, indicó al aclarar que sus estudios formales son en ciencias computadoras.

Aunque aseguró que se disfruta el proceso, reconoció que tuvo que enfrentar los baches de la economía y la interrogante sobre cómo mantener el negocio a flote.

Actualmente la empresa emplea a cuatro personas, lo que les permite, según dijo, conservar el control de calidad que les distingue.

Durante estos 17 años, vieron crecer sus ventas anuales de los $40,000 que promediaron entre el 2002 al 2004, a cerca de $300,000 que promedian al presente.

Su éxito les permitió abrir mercados fuera de Puerto Rico y desde octubre incursionó con resultados favorables en el mercado de Florida. Allí sus productos se venden en 14 tiendas, que representan cerca del 10% del total de ventas de la empresa. También operan una tienda virtual.

Sus planes son expandirse gradualmente a otros estados y aumentar en un 15% adicional sus totales de ventas.

“Yo digo que queremos llevar al mundo un palito de guayaba a la vez y lo estamos logrando”, afirmó la empresaria.

Su receta para el éxito comienza con hacer las cosas con mucha cautela, tratando de minimizar los riesgos, indicó. Lo mismo recomendó cuando se quiere exportar o abrir una tienda.

“Hay que ser cuidadoso, no apresurarse. Muchas personas me preguntan a qué debo el éxito y para mí es el trabajar día a día. Ese sentido de responsabilidad, sobre todo, es que el que nos lleva a dar estos pasos con mucha precaución”, señaló.


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