Por lo pronto, los restaurantes están operando solo para órdenes por servi-carro. Una vez abran, el área de juegos permanecerá cerrada temporeramente.
Por lo pronto, los restaurantes están operando solo para órdenes por servi-carro. Una vez abran, el área de juegos permanecerá cerrada temporeramente.

De 89 sillas que tenía disponible antes de la pandemia de coronavirus, el restaurante McDonald’s en la Avenida Las Cumbres de Guaynabo ahora solo contará con 19 de ellas para mantener el distanciamiento físico entre sus comensales, una vez que la gobernadora Wanda Vázquez Garced apruebe la reapertura de sus comedores.

Lo mismo aplica a su restaurante en los Outlets de Montehiedra que bajó de casi 100 sillas a unas 24, una reducción de un 75% en su capacidad y que reproduce de forma similar en los otros 93 restaurantes de la cadena que no han parado de atender clientes por servi-carro o delivery desde que el gobierno forzó el cierre de la economía hace ya 66 días.

Asimismo, su gerente general en Puerto Rico e Islas Vírgenes, Marisol Vega, indicó en exclusiva a El Nuevo Día que en las próximas semanas implementaría, junto a Evertec, un sistema de pago completamente libre de contacto a través de ATH Móvil, siendo la primera cadena de comida rápida en adoptar una tecnología que los consumidores llevan años pidiéndole a los restaurantes de la isla.

“Esto es algo que ya estaba en planes, pero ahora se vuelve más relevante. El tema del cero contacto te mueve a tener que pensar el negocio de forma completamente diferente”, dijo Vega, quien ha instalado acrílicos en las cajas registradoras y pegatinas por doquier para informar a sus comensales algunas de las nuevas reglas dentro de sus comedores debido a la pandemia.

Las pegatinas negras sirven de guía para mantener la distancia física entre clientes.
Las pegatinas negras sirven de guía para mantener la distancia física entre clientes.

Pegatinas negras fuera del restaurante señalan dónde empieza la fila para las personas que cumplan con el requisito mínimo de entrada: uso de mascarilla.

A la puerta, un anfitrión, conocido internamente como líder de experiencia, le proveerá desinfectante de manos al comensal antes de tomarle la temperatura corporal con un termómetro infrarrojo. Si arroja una temperatura inusualmente alta, el comensal deberá abandonar la fila y regresar a casa.

Dentro del comedor, la fila se reduciría a dos: el cliente que es atendido a través de un acrílico y el que espera a unos seis pies de distancia detrás. Además de ellos, otras dos personas podrían estar esperando su orden, bajo los mismo criterios de distanciamiento físico a vuelta redonda.

Si el comedor no es muy concurrido, los clientes podrán dejarse llevar por pegatinas rojas que señalan qué mesas se pueden usar y cuáles no. Cuando la decisión se ponga difícil, el anfitrión debería guiar al comensal a una de las mesas aún disponibles que, por regla general, no será una con gente justo al lado.

Al momento en que un comensal abandone su mesa, un empleado debería llegar a desinfectarla antes de que esté disponible al próximo consumidor o grupo de consumidores, ya que las familias serían bienvenidas, siempre y cuando no violenten el distanciamiento físico.

Las mesas estarán disponibles siempre y cuando no se violen las reglas de distanciamiento.
Las mesas estarán disponibles siempre y cuando no se violen las reglas de distanciamiento.

“Cuando empezamos, dijimos que sería fácil. Esta (silla) sí, esta no”, explicó la gerente de Entrenamiento de McDonald’s en Puerto Rico, Lourdes Cortés. “Pero después, cuando llegamos al restaurante a tomar las medidas (con cinta métrica), ver dónde la gente espera la orden y cuál es el camino de salida, nos dimos cuenta de que todo ese recorrido que la persona va a hacer dentro del restaurante tiene que respetar los seis pies (de distancia a vuelta redonda)”.

Por eso, algunas de las mesas o sillas más cercanas a las cajas registradoras, pasillos o puertas dentro del restaurante no estarán disponibles, enfatizó Cortés, quien atempera las guías internacionales de McDonald’s a las exigencias del Departamento de Salud de Puerto Rico.

Haciendo referencias a pegatinas amarillas, a esos protocolos añadieron que el área de juegos está cerrada hasta nuevo aviso y que solo se permitirá una persona a la vez por baño en sus restaurantes.

Pero no todas las medidas son complejas o de alta tecnología.

Ante el riesgo de contacto entre los consumidores y empleados, McDonald’s había suspendido la venta de conos de mantecado. Sin embargo, trajeron el artículo de vuelta cuando lograron implementar una simple bandeja ahuecada para hacer el pase del cono sin que el empleado toque al consumidor.

En las ventanillas del servi-carro, Vega ya había instalado acrílicos al nivel de la cara del empleado para que sirviera de barrera al hablar con el cliente.

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En el lado de delivery, la cadena de restaurantes ya había implementado el uso de doble bolsa, tres dobleces y un sello para señalarle al consumidor que nadie ha tocado su comida después de ser servida.

En cuanto a su empleomanía, la gerente general dijo que “también estamos reforzando horarios porque esto requiere una inversión mayor en mano de obra. Definitivamente, hemos identificado personas que, si se activa la (re)apertura paulatina, tendríamos que tener desde la semana que viene más empleados por restaurante”, haciendo referencia a las tareas adicionales del anfitrión y de constante desinfección.

Vega, quien también preside la Asociación de Restaurantes de Puerto Rico (ASORE), no sabe a ciencia cierta cuándo podrá reabrir al público general, pero asegura que su cadena de 99 restaurantes y 3,600 empleados estará lista para el día que sea.