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Desde la izq.: Walter C. Keenan, principal ejecutivo de Advantage Insurance Inc.; Robb Rill, fundador del Act 20/22 Society y de The Strategic Group; y Peter Schiff, principal ejecutivo de Euro Pacific Capital Inc. y comentarista de CNBC. (Angel Luis García)

Si antes el conjunto de incentivos económicos que otorga el gobierno -a quienes se mudan a Puerto Rico o exportan sus servicios desde el territorio estadounidense- hacía sentido para una persona de negocios, la reforma contributiva federal aprobada hace poco más de un año solo ha servido para mejorar esa oferta.

En entrevista con El Nuevo Día, cinco integrantes de la Sociedad 20-22 destacaron que el número de personas en mudarse a Puerto Rico y hacer su vida personal o empresarial en el territorio estadounidense continúa al alza, y también va en ascenso el interés de estas personas y entidades por integrarse, invertir y aportar a la comunidad puertorriqueña de la que se sienten parte.

“Si este programa continúa, puede haber otro Puerto Rico en unos 10 años”, dijo Walter Keenan, principal oficial ejecutivo de Advantage Insurance, una aseguradora en el nicho de cautivas que hace tres años mudó su sede a Puerto Rico.

Luego de trasladar su sede, que antes ubicaba en Islas Caimán, Keenan finalmente decidió mudarse de California a Puerto Rico. El asegurador emplea unas 26 personas en la isla, con una compensación promedio de $100,000 y a excepción de tres ejecutivos, todos son puertorriqueños.

“Si la decisión de mudarse está únicamente relacionada con impuestos, si tu esposa y tus hijos no están contentos aquí, no será la decisión adecuada porque serás miserable”, dijo por su parte Rob Rill, coartífice de la organización que agrupa a cientos de estadounidenses e individuos de otras nacionalidades que se han mudado a Puerto Rico para tomar ventaja de los incentivos contributivos.

De acuerdo con Rill, hasta hace un tiempo, muchos individuos consideraban mudarse o ubicar sus empresas y negocios fuera de Estados Unidos debido al régimen impositivo federal. Ahora, aunque la reforma contributiva federal redujo la tasa estatutaria corporativa al 21%, el estatuto tiende a penalizar operaciones fuera de suelo estadounidense. Así las cosas, según Rill, “Puerto Rico es el último partido que queda en casa” junto a las Islas Vírgenes estadounidenses.

Pero según el manejador de activos y comentarista frecuente en CNBC, Peter Schiff, ahora que se conoce mejor el programa de incentivos de Puerto Rico, se ha vuelto frecuente que estadounidenses que se mudaron a las Islas Vírgenes se relocalicen a la isla.

Schiff, original de Connecticut y hasta hace dos años residente de California, para el 2013 ponderaba relocalizar su empresa de gestión de activos a Irlanda o Singapur. En el proceso de mudar su empresa, leyó un artículo sobre la incursión del multimillonario John Paulson en la isla y decidió viajar a Puerto Rico. Ahora, Schiff espera la aprobación de los reguladores para ubicar aquí una entidad financiera internacional que ha operado por años en Anguila.

“Fue la primera vez que supe de los incentivos que ofrecían y decidí venir”, dijo.

En lugar de mudarse a la Florida, Schiff -cuya empresa emplea una docena depersonas en la isla- se mudó a Puerto Rico en el 2017. Varios ejecutivos de la firma de Schiff residen en la isla desde la relocalización de la misma hace unos cinco años.

La historia no es muy distinta para Marc D. Grossman, socio del bufete Sanders, Barshay & Grossman, una de las firmas de reclamaciones de daños más grandes del mundo.

“Estamos buscando arrendar más espacio”, dijo Grossman al relatar que la sede de la firma en la zona de San Patricio Plaza en Guaynabo se les hace pequeña y que en el futuro cercano alcanzará a emplear unas 200 personas. “Son abogados y paralegales puertorriqueños”, comentó el abogado, quien sostuvo que la combinación de incentivos y capital humano ha propiciado que otras firmas de abogados también se relocalicen a la isla.

De acuerdo con Keith St. Clair, un ejecutivo que ha dedicado unos 35 años al mundo del turismo y viajes, Puerto Rico no es solo su nuevo lugar de negocios, es su hogar.

El empresario que para la década de 1980 solía promover viajes turísticos a Puerto Rico y República Dominicana, contrajo nupcias con una puertorriqueña y ha apostado decididamente a la isla, viabilizando $140 millones en siete proyectos hoteleros.

De acuerdo con St. Clair, Puerto Rico constituye una oportunidad para los inversionistas en turismo como ninguna otra y el sector, que apenas representa el 6% del producto bruto de la isla, debería ocupar un sitial clave en su desarrollo.

“Lo que yo estoy haciendo, lo pudo hacer cualquier puertorriqueño”, dijo St. Clair al indicar que las tasas contributivas preferenciales, así como las exenciones tributarias a los proyectos que impulsa, están disponibles para todos los puertorriqueños.

Según el ejecutivo, durante el huracán María, la propiedad que antes se conocía como ESJ Towers y que ahora forma parte de la colección Máre St. Clair, permaneció en operaciones durante el desastre, incluso apoyando a empleados que perdieron sus hogares. En contraste, dijo el ejecutivo, complejos hoteleros contiguos como el Ritz-Carlton (que todavía permanece cerrado) y El San Juan Hotel (que reabrió el año pasado), propiedad de “dueños ausentes”, cesaron operaciones como secuela del desastre.

“Si eso no es ser parte de la comunidad, qué lo sería”, dijo St. Clair, quien prevé podría emplear unas 2,000 personas en los proyectos que impulsa.


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