Yareli Manning, de The Meatball Company, abrió un “food truck park” en la isla luego de renunciar a su trabajo en una multinacional en Austin, Tejas. (horizontal-x3)
Yareli Manning, de The Meatball Company, abrió un “food truck park” en la isla luego de renunciar a su trabajo en una multinacional en Austin, Tejas. (Dennis M. Rivera Pichardo)

Dos jóvenes graduados del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) hicieron lo impensable el verano pasado: renunciaron a sus empleos envidiables y volvieron a Puerto Rico, trayendo con ellos su plan para una empresa emergente, ostartup.

“La gente decía: ¿Estás loco? ¿Por qué harías una cosa semejante? Vuelve en otro momento, básicamente estás yendo a un infierno ahora mismo”, contó Eric Crespo, de 25 años, quien ayudó a crear Lunchera, una empresa en línea de rápido crecimiento que se dedica a la entrega de comida y logística en Puerto Rico.

Mientras la marea de puertorriqueños que abandonan la isla continúa sin parecer detenerse, Crespo y su socio y amigo de la universidad, Bryan Collazo, son parte de una ola pequeña pero crucial de millennials educados que están haciendo lo contrario: eligen volver a casa y quedarse en la isla.

Están abriendo restaurantes y bares, estimulando startups y pequeñas empresas o poniendo en marcha sectores agonizantes, como la agricultura. Los motivan tanto un impulso por sacar a Puerto Rico del estancamiento como un profundo apego a la isla –sus playas y campos, las amistades, la intimidad y los lazos familiares.

La atracción hacia la dirección opuesta puede ser fuerte, ya que Puerto Rico lleva más de una década de crisis económica. Esta isla, cuyas finanzas están siendo supervisadas por una junta de control federal, está encadenada a una deuda pública de $70,000 millones de dólares. Además, ha sido afectada por las pérdidas de empleos, que se espera se profundicen a medida que más trabajadores del gobierno sean despedidos y continúe un éxodo implacable que incluye a muchos profesionales como médicos, ingenieros y maestros. Desde 2004, más de 400,000 personas han dejado Puerto Rico, un territorio estadounidense de unos 3.4 millones de habitantes.

Sin embargo, a medida que la isla entra en su onceavo año de recesión, la crisis está lentamente dando lugar a nuevas oportunidades que están dejando de lado las maneras más convencionales de pensar. Durante mucho tiempo, los puertorriqueños han dependido del gobierno para la mayoría de sus empleos y en el continente para muchas de sus carreras; los graduandos universitarios han mirado reflexivamente a las empresas de los EE.UU. para trabajar o se inclinan por profesiones confiables, como la medicina o la ingeniería. En la isla, lo llaman la mentalidad “colonial”, una forma de pensar que está estrechamente ligada a la posición de Puerto Rico como un Estado Libre Asociado.

“Aquí, nos enseñaron a ser empleados, no a ser emprendedores”, dijo Carlos Cobián, un especialista en eventos que buscan persuadir a los puertorriqueños en Estados Unidos a que regresen a sus hogares y promuevan el espíritu emprendedor en la isla.

Pero eso está cambiando de a poco. Una generación más joven, empapada en la revolución emprendedora de hoy en día, está comenzando a pensar diferente.

En mayo, el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, anunció que el gobierno había certificado a 260 nuevas empresas que crearían alrededor de 1,000 empleos, en gran parte a través de un programa de incentivos fiscales para ayudar a los emprendedores. En su mayoría son pequeñas operaciones y más del 75% están dirigidas a personas menores de 35 años, según explicaron los funcionarios.

“Durante mucho tiempo, hubo una mentalidad que suponía que cualquier cosa que viniera del exterior era mejor”, dijo Daniella Rodríguez Besosa, de 32 años, integrante de un colectivo de jóvenes agricultores que han vuelto a abrazar la agricultura, un sector económico olvidado en la isla, y están ayudando a reforzar el agroturismo y el movimiento “de la granja a la mesa”.

“Siento que la crisis es una oportunidad; hasta que no estás en una situación desesperada, no te das cuenta que tienes que hacer las cosas creativamente”, dijo Rodríguez, quien tiene la pequeña granja “Siembra Tres Vidas”, en las montañas de Aibonito, donde cultiva vegetales orgánicos. “El cambio puede suceder”.

Rodríguez regresó a Puerto Rico siendo niña y nunca se fue, eligiendo la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez para estudiar Biología.

“Si nadie está aquí para cambiar lo que pasa, vamos a sufrir”, dijo. Y, mientras señalaba hacia el mar a lo lejos y las exuberantes montañas que la rodeaban, agregó, “¿quién se va del paraíso”?

Recientemente, los agricultores con granjas pequeñas y medianas han comenzado a vender sus productos a los cocineros de la escena culinaria que se expande velozmente en Puerto Rico, y un grupo de mujeres millennials colabora para facilitar ese intercambio. Aquí, comprar local es novedoso –el 80% de la comida de Puerto Rico es importada– y ahora, algunos agricultores hasta le están vendiendo a Walmart. Otros tienen la mira puesta en el aumento de las exportaciones.

La calle Loíza y ciertos sectores de Santurce, cerca de la playa, se han convertido en el centro millennial de esta nueva energía. Antes desolada y peligrosa, ahora la zona vibra con flamantes restaurantes y chefs creativos que premian ingredientes locales.

Lote 23, un antiguo lote vacío, abrió sus puertas en diciembre y ahora cuenta con 16 restaurantes. Su cofundadora, Cristina Sumaza, de 29 años, renunció a sus puestos de trabajo en NBC Universal y L’Oréal en Nueva York para regresar a casa y dar el salto al espíritu emprendedor. “Esta crisis nos ha obligado a pensar creativamente”, dijo.

El movimiento de los food trucks también está creciendo, aunque lentamente. Yareli Manning, dueña del food truck Meatball Co., dejó su trabajo en una multinacional en Austin, Texas, para comenzar un parque de food trucks.

“Ha sido una lucha”, dijo. Hay muchos obstáculos para iniciar un negocio en una isla con dificultades y supervisada por el gobierno federal. Hacer que las leyes y las ordenanzas cambien –un proceso arduo ya antes de la crisis– toma aún más tiempo ahora, agregó. Le llevó dos años conseguir dos food trucks en un parque. El dinero es ajustado, el mercado es pequeño, y los paladares pueden ser tercos. San Juan tiene casi 400,000 personas, y muchos están casados con la comida tradicional y la comida rápida.

“Debes tener paciencia, la cual tengo”, señaló Manning. “Sin embargo, nunca he estado tan feliz”.

Los mixólogos puertorriqueños y sus nuevos bares –con su combinación de sensibilidad de “hipster” y entusiasmo latino– han atraído una corriente más allá de la isla. La Factoría, el primer bar auténtico de cócteles artesanales, está escondido en un edificio parecido a un laberinto en el Viejo San Juan. La Factoría ha alcanzado dos veces la codiciada lista de los 50 mejores bares del mundo de Drinks International. Sus dueños atrajeron a Chuck Rivera, camarero estrella en Washington, de vuelta a la isla para ser su socio en dos nuevos bares.

“Nunca hubiéramos podido emprender La Factoría antes, lo hicimos por nuestra cuenta, sin ayuda de los bancos”, dijo Leslie Cofresí, socia de La Factoría, acerca del lado positivo de la crisis. “La situación económica ha provocado una actitud diferente de la que se escucha –que es que la gente depende del gobierno y quiere dádivas. Es todo lo contrario”.

La cultura startup, alguna vez al alcance de núcleos aislados en los Estados Unidos, también está surgiendo aquí. Parallel18, un programa de aceleración de startups creada el año pasado y liderada por Sebastián Vidal, está atrayendo a varios jóvenes empresarios, entre ellos los dos graduados del MIT.

Candidatos de todo el mundo son atraídos por ayudas, financiadas en parte por el gobierno, y la oportunidad de probar sus productos en un mercado bilingüe y bicultural que opera bajo la ley de los EE.UU.

Parallel18 quiere que sus emprendedores piensen globalmente, pero también fomenta la inversión en Puerto Rico y requiere que los emprendedores compartan sus conocimientos con los estudiantes universitarios. En un año, las startups alcanzaron $ 14 millones en ganancias; ocho de esos millones fueron generados en Puerto Rico.

Josie Arroyo, de 35 años, dejó un trabajo en Yahoo en Miami para fundar su empresa, Bien Cool, que diseña ingeniosas tarjetas de felicitación en español. Comenzó en 2013 y este año, está trabajando con Parallel18 para expandirlo. Ahora vende sus tarjetas en 100 puntos en la isla y canaliza órdenes a 25 estados.

La pregunta fundamental para ella y otros de su generación es: “¿Cómo vamos a tener éxito y ayudar al crecimiento de Puerto Rico”?

Dicen los que alientan el espíritu emprendedor que alcanzar a los puertorriqueños exitosos en el continente es fundamental. Isabel Rullán ayudó a fundar ConPRmetidos, el cual conecta a puertorriqueños en el extranjero con personas y empleos aquí como una forma de promover la innovación.

El grupo trabaja para traer a los médicos a casa compartiendo los últimos incentivos financieros que el gobierno está ofreciendo para atraerlos de vuelta. Puerto Rico sufre una escasez aguda de especialistas, debido a que muchos se fueron buscando empleos con mejor pagas en el continente.

Sumaza, de Lote 23, dijo que no era ingenua acerca la profundidad de los problemas de Puerto Rico. “Pero”, dijo con emoción, “hay un hilo de optimismo. Es un pequeño movimiento que está creciendo lentamente”.


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