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La empresa ConWaste opera la Planta de Reciclaje y Embalaje del Municipio de Carolina.
La empresa ConWaste opera la Planta de Reciclaje y Embalaje del Municipio de Carolina. (Juan Luis Martínez Pérez)

Muchos ciudadanos depositan cada día papel, cartón, plástico y latas en zafacones que llevan el conocido símbolo del triángulo con tres flechas, con la esperanza de que esos desperdicios no llenen los vertederos, se reciclen y así colaborar con la protección del medio ambiente. ¿Pero qué sucede después con esos materiales? ¿A dónde van a parar una vez se los lleva el camión?

“Más de un 90% a 95% de lo que procesamos y es de calidad, lo exportamos”, asegura Maribelle Marrero Vázquez, vicepresidenta de Asuntos Gubernamentales de ConWaste, empresa puertorriqueña que ofrece servicios de recogido y disposición de desperdicios sólidos y reciclaje. “Decir que un 5% se queda en Puerto Rico es bien optimista porque aquí casi no hay industrias que utilicen el material reciclable para hacer un producto final”.

Con sus palabras, Marrero brindó un atisbo a una industria dominada por las exportaciones a falta de compañías que se dediquen a utilizar materiales reciclables para manufacturar productos terminados en la isla.

Por un lado, empresarios del sector aseguran que los altos costos operacionales, la proliferación de recicladores clandestinos y la falta de incentivos contributivos desmotivan a interesados en dedicarse a la manufactura. Por el otro, resaltan que es cada vez más retante exportar debido a que China impuso mayores restricciones a los desperdicios que acepta y redujo este tipo de importaciones, lo que ha dado paso a una caída en los precios a los que se venden distintos materiales en los mercados internacionales.

Mientras, se reduce la vida útil de los vertederos porque, de 10,000 toneladas de basura que se generan a diario en Puerto Rico, solo se recicla alrededor de un 10%, según Marrero. Esto sucede a pesar de que la Ley para la Reducción y el Reciclaje de Desperdicios Sólidos en Puerto Rico (Ley 70 de 1992) disponía que el país debía cumplir la meta de reciclar el 35% de su basura en 2006; o sea, hace 13 años.

Estos números contrastan grandemente con los países que ostentan las tasas de reciclaje más altas en el mundo. Estos son Alemania, que recicla el 56.1% de sus desperdicios, seguido de Austria (53.8%), Corea del Sur (53.7%), Gales (52.2%) y Suiza (49.7%), de acuerdo con un informe de la consultora ambiental Eunomia.

El viaje de los desperdicios

Después de que ciudadanos y organizaciones depositan materiales reciclables en contenedores distintos a los de la basura, compañías lo recogen para llevarlo en camiones a plantas de reciclaje y embalaje. Allí se vacían los camiones y el contenido es colocado en una cinta transportadora, donde se separan, ya sea con imanes en el caso de los metales, o a mano paralos demás materiales.

Luego, son triturados o compactados y colocados en contenedores, que en su mayoría son enviados por mar a países que los compran para usar el material reciclable como materia prima para fabricar productos.

Del centenar de compañías con operaciones en Puerto Rico que aparecen en una lista del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) como empresas de reciclaje, unas 90 están clasificadas como centros de acopio, lo que quiere decir que se dedican a recolectar los residuos para venderlos.

Tal es el caso de Reciclaje del Norte, corporación local que lleva 23 años en operaciones, tiene 75 empleados y opera cuatro plantas de procesamiento en Arecibo (donde hay dos), Hatillo y Santurce. En sus instalaciones reciben desde papel, cartón, plástico y latas hasta equipos electrónicos.

En su caso, “los compactamos o trituramos para cumplir con el peso mínimo y las exigencias del mercado internacional”, informa Luis Sánchez, presidente de Reciclaje del Norte.

“Cada día es más retante exportar esos materiales”, expone Sánchez. “China era el país que recibía la mitad de todo material reciclable que se generaba en el mundo entero. De dos años para acá, China ha ido creando nuevos reglamentos de cómo quieren recibir el material. Los plásticos no pueden tener más de medio por ciento de contaminación por volumen y hay que lavarlos y secarlos antes de enviarlos. Las botellas de refresco no pueden tener residuos de refresco dentro”.

Jorge Camejo, propietario de JJW Metal Corp., que desde hace nueve años se dedica a la compra y venta de metales, acero y chatarra en Carolina, indica que “China ya no está comprando chatarra. Antes era el que más chatarra compraba y pagaba el mejor precio, pero se salió el mercado. Ahora exportamos casi todo a Corea, Taiwán y Tailandia”.

Esas restricciones, explica Sánchez, provocan que China reciba menos desperdicios, lo que obliga a buscar otras opciones. “Malasia empezó a recibir, pero como es un país más pequeño, ya se llenó, igual que Indonesia. A partir del 31 de agosto, India dejará de recibir pacas y sólo aceptará material triturado”. En el caso de Reciclaje del Norte, dijo que “casi el 100% de lo que procesamos se exporta a Latinoamérica y algunos países en Asia que aún reciben materiales reciclables”.

Agrega que, como China ahora importa considerablemente menos desperdicios que antes, pero la cantidad de basura que desecha el mundo es igual o mayor, en el mercado hay mucha más oferta que demanda de materiales reciclables, por lo que bajaron los precios.

“Algo que vendías a $200 por tonelada ahora lo vendes a $70”, ilustró Sánchez. “Aparte de que antes con un empleado podías procesar el material y, con las nuevas restricciones, ahora necesitas dos para limpiarlo también. Ahora cuesta el doble procesarlo y ganas la mitad”.

Si los costos de procesarlo aumentan, el material reciclable se torna más oneroso que la materia prima, lo que redunda en que manufactureros prefieran comprar plástico nuevo, por ejemplo, porque es más económico que el reciclado, dijo el presidente de Reciclaje del Norte. Además, se reduce el margen de ganancia de empresas que se dedican a vender desechos reciclables.

Aparte de impactar los mercados internacionales, las restricciones impuestas por China provocan que más desechos que ciudadanos y empresas colocan en los zafacones de reciclaje termine en el vertedero. “Antes se reciclaba el cartón liso, como el de las cajas de cereal y de zapatos, pero ya no es una categoría aceptable. Ahora solo se acepta cartón corrugado sin brillo, ya sea marrón o blanco”, detalla la ejecutiva de ConWaste, empresa que opera cinco vertederos, dos plantas de reciclaje (entre estas la del municipio de Carolina) y recoge basura a residencias en 17 pueblos. “Tampoco podemos volver a aceptar guías telefónicas, libretas, libros ni rollos de papel toalla. Las botellas deben estar sin tapas ni etiquetas; si tienen refresco, agua o detergente adentro, no sirven”.

De acuerdo con Marrero, en el proceso de separación en las plantas, de 40% a 45% del material reciclable se descarta porque ya no se recicla o no cumple con los nuevos requisitos.

Falta educar más

Tanto Marrero como Sánchez coinciden en que hace falta educar más a la población acerca de qué se puede reciclar y qué no para reducir ese porcentaje de desechos reciclables que son rechazados y acaban en el vertedero. Sin embargo, señalan que los esfuerzos de educación en el tema han mermado desde que la Autoridad de Desperdicios Sólidos, agencia del gobierno a cargo velar por el reciclaje, fue absorbida por el DRNA.

La secretaria del DRNA, Tania Vázquez, descartó que los esfuerzos educativos hayan mermado desde que su agencia comenzó a recibir los empleados de ADS en enero de este año. La funcionaria admite que el todo el personal de la división de ADS a cargo del reciclaje se unió al Área de Contaminación de Terrenos de esta agncia, y que en ambas dependencias hubo merma de personal debido a iniciativas de retiro temprano y transición voluntaria a otras ramas del gobierno.

No obstante, aseguró que debe haber unos 10 educadores en la agencia que dirige. “Tenemos personal que se dedica nada más a eso y cada vez que visita escuelas u otros eventos, lleva información sobre reciclaje. Ahora con la fusión, estamos trabajando propuestas federales de ‘grants’ para educación que antes no se había trabajado”, alegó.

Escasa manufactura

Ante los retos que enfrenta la exportación de desechos, una alternativa debería ser venderlos a negocios que los utilicen para elaborar nuevos productos, pero son pocas las compañías en la isla que se dedican a esta actividad. Ante la pregunta de cuántas manufactureras hay en Puerto Rico que utilicen material reciclable, la secretaria del DRNA solo menciona dos: Olein Recovery Corp., en Yabucoa, que recicla, refina, mezcla y empaca aceite de motor usado; y la Fábrica de Bloques La Pino, en San Sebastián, que recupera y tritura vidrio para elaborar bloques de hormigón.

En el listado de la agencia aparecen otros cuatro negocios que se dedican a reciclar paletas de madera. Uno es Puerto Rico Pallet Recycling, en Dorado, que cuenta con 14 empleados y 22 años en el mercado. Su propietario, Wilfredo Rivera, relata que la empresa recibe paletas de fábricas y almacenes. Las que están en mejores condiciones, se reparan y se venden. Las que no pueden ser reparadas, se trituran para elaborar viruta para animales de finca y “mulch” para jardinería. La trituradora tiene un imán que separa los clavos, los cuales son vendidos en el mercado de metales.

La viruta se empaca en bolsas de cuatro pies cúbicos y el “mulch” en bolsas de dos pies cúbicos. Ambos productos están disponibles, por $3, en viveros, centros agrícolas y los almacenes Cotsco. “Los productos se consumen en el mercado local, aunque parte del ‘mulch’ se empaca con la marca del cliente y ellos lo exportan a Panamá y a otras islas del Caribe”, dijo Rivera.

A preguntas de por qué, de las pocas empresas que completan el ciclo de reciclaje en la isla, la mayoría trabajan con paletas de madera, Rivera responde: “La paleta tiene mercado porque la reciclada es más viable que la nueva. Una paleta nueva cuesta $15 dependiendo de la madera que tenga. La reciclada fluctúa alrededor de $5.50 para la clase A, que es la de mejor calidad”.

Competencia clandestina

Aun así, la compañía se enfrenta a la competencia de recicladores clandestinos que, según Rivera, recolectan, reparan y venden paletas de madera sin contar con permisos del gobierno para operar. “El gobierno fiscaliza a los que estamos en ley, pero no fiscaliza a los clandestinos porque no sabe quienes son ni dónde están. Hay empresas que le compran a los clandestinos porque no verifican que el vendedor tenga permisos para operar”, denunció el dueño.

Agrega que, como los recicladores clandestinos no incurren en seguros y otros gastos, venden las paletas a un precio menor, lo que obliga a negocios legítimos a bajar sus precios y tener menores márgenes de ganancia para poder competir. También hacen más difícil encontrar mano de obra.

El presidente de Reciclaje del Norte coincide con señalar la existencia de recicladores clandestinos. “Los clientes deben asegurarse de que la empresa que contratan es seria, pues hay personas que recogen equipos electrónicos, los abren, les sacan las piezas y metales de mayor valor y lo demás lo tiran en un vertedero clandestino”, expone.

“Es la primera vez que escucho de operaciones clandestinas de reciclaje”, acepta la secretaria del DRNA, a preguntas de este medio sobre la situación. “A quienes tengan información, les pido que hagan querellas en nuestra agencia para que así podamos investigar a las empresas que no deben operar de manera ilegal y aplicarles todo el peso de la ley. No es justo que unas operen conforme a la ley y otras lo hagan de manera ilegal”, expresa Vázquez.

Los costos operacionales

Otro reto que encaran las manufactureras que utilizan materiales reciclables son los altos costos energéticos (un promedio de 21.99 centavos por kilovatio hora) y de mano de obra (salario mínimo de $7.25 por hora), en comparación con otros países. “Exportamos materiales a países de Centroamérica donde la mano de obra está como a $2 la hora y la energía es mucho más económica que en Puerto Rico”, planteó Sánchez.

Por eso, los ejecutivos de Reciclaje del Norte y ConWaste coinciden con el dueño de Puerto Rico Pallet Recycling en sugerir al gobierno que fomente la manufactura con materiales reciclables mediante incentivos energéticos, créditos para la adquisición de maquinaria y equipo u otras exenciones contributivas. “Ayudará a que se empiece a generar en Puerto Rico un deseo de ingenieros y profesionales de convertirse en empresarios manufactureros”, dice Sánchez.

El Departamento de Desarrollo Económico y Comercio (DDEC) informó que la Ley de Incentivos Económicos (Ley 73 de 2008), que ahora es parte del Código de Incentivos, incluye el reciclaje como una de las actividades a las que aplican sus disposiciones, entre las que está un 100% de exención de impuestos sobre materias primas y ciertas maquinarias y equipos usados en el proceso de construcción y un 75% de exención de impuestos municipales de construcción, entre otras. Ninguna de las disposiciones se relaciona con el costo energético.

Por su parte, Vázquez indicó que el DRNA está en conversaciones con el DDEC para elaborar paquetes de incentivos para fomentar que más negocios en la isla cierren el ciclo del reciclaje con un producto terminado.

A juicio de Sánchez, también hace falta encontrar un mercado para los materiales reciclables que se acopian en la isla. Explica que en Puerto Rico, la manufactura es dominada por farmacéuticas, fabricantes de dispositivos médicos y elaboradores de alimentos, industrias a las que el gobierno federal le prohíbe, por motivos de sanidad, colocar sus productos en envases o empaques reciclados. “Tendrían que ser productos que no tengan que ver con comida o salud, como fabricantes de ganchos, bandejas o envases de pintura o de aceite de motor”, menciona como ejemplos de potenciales clientes.

El tiempo para convertir desechos reciclables en producto terminado apremia, pues mientras se hace más difícil exportar, a los vertederos se les acaba la vida útil. De los 29 vertederos que hay en la isla, 11 tienen órdenes de cierre de la Agencia federal de Protección Ambiental.