Unas 900 entidades pertenecen a la Asociación Nacional de Cooperativas Eléctricas Rurales en Estados Unidos, incluyendo la Cooperativa Hidroeléctrica 
de la Montaña, en Puerto Rico.
Unas 900 entidades pertenecen a la Asociación Nacional de Cooperativas Eléctricas Rurales en Estados Unidos, incluyendo la Cooperativa Hidroeléctrica de la Montaña, en Puerto Rico. (Suministrada)

Cuando el huracán María dejó a Utuado, el pueblo de su progenitora, a oscuras, C.P. Smith Quiles supo que era el momento de actuar y no vaciló en mudarse a la isla.

Con ayuda de organizaciones humanitarias, el ducho en gerencia de proyectos colaboró en la distribución de filtros de agua, pequeñas baterías, linternas y paneles solares.

En esos esfuerzos, relató Smith Quiles, colaboraron estudiantes de la Universidad de Harvard, quienes luego de tender una mano amiga durante la emergencia se llevaron como asignatura identificar algún mecanismo para que Utuado y la zona montañosa de Puerto Rico no quedara a merced de otro desastre.

Así nació la Cooperativa Hidroeléctrica de la Montaña, iniciativa que busca ofrecer el servicio eléctrico en el corazón de la isla, concretamente en Utuado, Lares, Jayuya y Adjuntas, relató Smith.

La cooperativa vio la luz en el 2019 y forma parte de la Asociación Nacional de Cooperativas Eléctricas Rurales (NRECA, en inglés), la organización que agrupa cerca de 900 entidades en Estados Unidos, operando sistemas eléctricos y de generación de todo tipo y cuyos socios sirven casi a 21 millones de clientes. Algunas de las cooperativas que integran NRECA han prestado servicios por casi una centuria, según una ficha informativa de la organización.

“La bancarrota ha abierto un espacio para otras voces y otras visiones en torno a dónde Puerto Rico puede llegar”, dijo Smith Quiles.

Agregó que es tiempo de que los gestores de política pública en la isla reconozcan que hay iniciativas de generación comunitaria privada exitosas y su implementación en la isla podría marcar la diferencia, sobre todo, en lo que entiende son regiones olvidadas de Puerto Rico. Además, la generación comunitaria privada podría ayudar al objetivo de energía renovable que se ha trazado en la política pública, explicó.

Los techos solares no siempre son la respuesta

De acuerdo con Smith Quiles, a medida que se agravaba la crisis operacional y financiera de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), miles de hogares han recurrido a la energía solar y a las baterías, pero subrayó que esa solución no es factible en comunidades de recursos limitados o distantes geográficamente.

“Cualquier gestión que no incluya una red fiable sería irresponsable y muestra una falta de entendimiento de los costos que conllevan estos sistemas y las necesidades de las comunidades”, subrayó. “La microrred sigue siendo la forma más costoefectiva”.

De acuerdo con Smith Quiles, si Puerto Rico optara por instalar techos solares en todos los hogares, como se ha planteado en la discusión pública, ello implicaría una logística y una cantidad de recursos humanos que simplemente no existen.

A manera de ejemplo, dijo que si se produjera otro desastre y fuera necesario reiniciar miles de baterías o reemplazar paneles destruidos en diversos puntos de la isla, tomaría días, semanas y hasta meses, que el personal pueda llegar a lugares como Utuado para reiniciar los sistemas.

Dicho de otra forma, alega, habría comunidades que seguirían a oscuras con todo y placas y baterías.

De aquí que de acuerdo con Smith Quiles, en muchas zonas de la isla, la forma más conveniente de crear resiliencia eléctrica es creando microrredes energizadas por sistemas solares y almacenamiento.

El plan de la Cooperativa Hidroeléctrica de la Montaña se centra en tres estrategias precisas: operar las hidroeléctricas en los lagos Dos Bocas y Caonillas, cuya capacidad ronda unos 46 megavatios, mediante una Alianza Público Privada (APP); agregar capacidad de placas solares y almacenamiento e instalar el tendido eléctrico incluyendo una línea de 38,000 voltios para distribuir dicha generación en la región montañosa. La propuesta beneficiaría a cerca de 90,000 personas.

Según Smith Quiles, hasta ahora la AEE había visto sus seis hidroeléctricas -de las cuales solo funcionan dos- como otra alternativa para suministrar electricidad a las zonas de mayor demanda, en lugar de procurar que tal generación también sirve a la región donde se produce.

La capacidad de ejecución de la Cooperativa Hidroeléctrica ya es evidente en la microrred que se instala en Castañer, dijo Smith Quiles, al agregar que ahora conciben otra microrred para el barrio Ángeles de Utuado y otra en Maricao, que incluso energizaría un edificio de gobierno.

A preguntas de El Nuevo Día en torno al capital para financiar el proyecto, Smith Quiles sostuvo que una de las ventajas de promover la generación privada comunitaria es que estas iniciativas reciben el apoyo del gobierno federal y tales subvenciones pueden combinarse con fondos privados.

De igual forma, Smith Quiles sostuvo que el Departamento de Agricultura federal provee apoyo financiero para cooperativas eléctricas.

Mientras, la Cooperativa Hidroeléctrica continúa a la espera de que el gobierno dé curso a la APP que transferiría esas instalaciones a un operador privado.

Smith Quiles indicó que el proceso ha tardado tanto que Cube Hydro, la empresa que presentó la propuesta no solicitada de APP para hidroeléctricas en 2018, fue adquirida por otra empresa.

El proceso requería un estudio para determinar la viabilidad del proyecto y ese ejercicio se llevó a cabo, pero no ha habido progresos, añadió.

“Quisiera que nos vieran como un aliado”, subrayó el ejecutivo.

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