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A sus 25 años, Miguel Colón es el propietario de dos establecimientos,  uno en Metro Office Park y otro en el centro comercial Plaza Caparra, ambos en Guaynabo.
A sus 25 años, Miguel Colón es el propietario de dos establecimientos, uno en Metro Office Park y otro en el centro comercial Plaza Caparra, ambos en Guaynabo. ([email protected])

“Yo fui un estudiante fracasado, fui la peor nota cuando me gradué (de escuela superior). No estudiaba y nadie me dijo nunca por qué tenía que estudiar”, narró el joven Miguel Colón, a El Nuevo Día, hoy transformado en empresario y fundador de los negocios Aroma Di Caffé en el área metropolitana.

Lo que dijo no fue para alardear o para que le tuvieran pena, sino más bien como para enfatizar que el cambio obró porque alguien creyó en él. Comenzó a estudiar Finanzas en la Universidad Interamericana, pues pensaba que era el camino que lo convertiría en millonario. Como no tenía beca, trabajaba a tiempo completo en un centro terapéutico, propiedad de su abuela Elizabeth Molina, y estudiaba de noche, de 6:00 p.m. a 10:00 p.m.

Un buen día, su abuela le propuso un negocio: ella le prestaría el dinero para montar un “coffee bar”, si él se comprometía a manejarlo y echarlo hacia adelante. “Nadie había confiado en mí antes. Mi abuela fue la primera que sembró esa semilla, me ayudó a convertirme en un hombre”, rememoró Colón.

Aceptó la oferta y se fue a una escuela de baristas en Portland, Oregon, donde aprendió el proceso de preparar el café. A su regreso empezó a buscar el local perfecto para montar su pequeña empresa.

“Quería un lugar que funcionara como sitio de encuentro entre profesionales, que fuera una herramienta que permitiera crear relaciones de negocio, donde inicies tu día enfocado y que provocara que algo bueno pase en tu vida”, comentó el joven. Al cabo de nueve meses de búsqueda, dio con ese lugar en Metro Office Park en Guaynabo.

Desde enero de 2016, Aroma Di Caffé está en el edificio Valencia, al lado del Banco Popular en el mencionado centro de oficinas. El local, de 850 pies cuadrados, acomoda a 25 personas y opera de lunes a viernes de 7:00 a.m. a 4:00 p.m.

El menú ofrece cafés fríos o calientes, desayunos que incluyen huevos en diversas variedades, tostadas, avena, jugo de limón con jengibre o de melón con menta, y también opciones de almuerzos, entre ellas, ensaladas, paninis, una sopa diaria y pizzetas en cinco sabores distintos. La masa de las pizzetas se prepara en el negocio.

En dos años repagó el préstamo familiar. “En el 2018 le pagué hasta el último centavo a mi abuela”, dijo Colón. Al estar liberado de esa deuda, comenzó a buscar el segundo local para expandir su concepto.

Con el objetivo de servir

“Estoy en el negocio de ofrecer conveniencia y quería reinvertir porque yo miro el éxito como mi capacidad de servir; mientras a más gente sirva, más exitoso soy”, manifestó.

Sin embargo, en el proceso de montar el segundo negocio se quedó sin dinero, y cuando estaba a punto de desistir de la idea, un amigo que conocía de su esfuerzo y compromiso, le prestó parte del dinero. “Tardé un año y medio en abrir. En el proceso, conseguí un ‘angel investor’, o mejor dicho, él me encontró a mí. Yo hice ese negocio a fe pura”,contó emocionado. La inversión rondó los $200,000.

Ese segundo local abrió en mayo de este año y está en el centro comercial Plaza Caparra en la avenida Roosevelt. Allí opera de lunes a sábados, de 8:00 a.m. a 8:00 p.m. Ambos establecimientos son acogedores, con ambiente agradable y música de jazz, blues o bossa nova. Tienen fibra óptica y los dos promueven que los clientes la pasen bien, ya sea que estén en cita de negocios o jangueando con amigos.

Al local de Plaza Caparra, Colón le añadió una carta de vinos -en botellas y medias botellas- y cervezas artesanales. Con la compra de una botella, le obsequia al cliente una tabla de cortes fríos. Una vez al mes, los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico celebran un concierto de jazz en el lugar, y hay también eventos de pareo de vinos y chocolates, así como exposiciones de arte.

Los retos de manejar un pequeño negocio son muchos, según Colón, sobre todo, conseguir personal después del huracán María. Al momento, él cuenta con 12 empleados en sus dos localidades.

No obstante, apuesta a que Aroma Di Caffé se convertirá en opción preferida entre los profesionales. Por ello, planifica abrir tres establecimientos adicionales en los próximos dos años en lugares como Santurce, Caguas y Ponce.

El entrevistado, quien ganó el Premio Teodoro Moscoso de la Cámara de Comercio de Puerto Rico en años recientes, quiere ayudar también a entidades sin fines de lucro que trabajen con la formación de jóvenes.

Está dispuesto a asumir riesgos, a caer y a levantarse. “Yo sé lo que es equivocarme, lo he vivido y no me avergüenzo de ello. Tengo la humildad de entender cuando no estoy bien, sé que puedo aprender algo nuevo e intentarlo otra vez”, afirmó.