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Tom Crowley aseguró que urge restaurar la electricidad. (Archivo / GFR Media)
Tom Crowley aseguró que urge restaurar la electricidad. (Archivo / GFR Media)

Aunque Crowley Maritime Corp. reanudó sus operaciones unos tres días después de que el huracán María embistió a Puerto Rico y sus instalaciones en el puerto de San Juan no sufrieron daños mayores, el principal oficial ejecutivo de la naviera, Tom Crowley, aseguró que urge restaurar la electricidad, acabar con el atasco de contenedores en los muelles y reconstruir, en definitiva, la cadena logística en la economía más grande del Caribe.

Según Crowley, la recuperación del territorio estadounidense dependerá -en gran medida- del proceso decisional que se lleva a cabo en Washington, D.C., pero también de las estrategias que se tracen a nivel local para la recuperación de la isla, un proceso en el que aseguró quiere insertarse activamente.

Antes de llegar a Puerto Rico, Crowley, quien preside la empresa fundada por su abuelo hace exactamente 125 años, estuvo en la capital federal abogando por la situación que experimenta el territorio estadounidense, cuyos residentes todavía permanecen mayormente a oscuras e incomunicados hace aproximadamente un mes por causa del ciclón.

“Somos americanos ayudando a americanos. La gente en Estados Unidos algunas veces olvida lo que es Puerto Rico, las inversiones que hemos hecho y las oportunidades que tenemos aquí y que son increíbles. Creo que necesitamos tratar al pueblo de Puerto Rico mejor y ayudarlos a recuperarse de esta tragedia terrible”, indicó Crowley, quien esta semana estuvo en Puerto Rico para conocer de cerca los trabajos que realiza la naviera que presta servicios a la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés) en Puerto Rico y las Islas Vírgenes (USVI).

“Queremos ser mucho más que una compañía que mueve embarcaciones de ida y regreso. Estamos comprometidos con la cadena logística más que nunca”, indicó el líder naviero.

La encomienda de FEMA

El desempeño de Crowley es seguido en la capital federal con tal interés, que las delegaciones congresionales que han visitado Puerto Rico para atestiguar la devastación causada por el huracán María, incluyeron recorrer las instalaciones de la empresa de transporte marítimo y logística en Puerto Rico para conocer las tareas que allí se realizan.

Por segunda ocasión, Crowley recibió el respaldo de FEMA para fungir como entidad de primera respuesta en caso de desastres que afecten a Puerto Rico y USVI. Para el 2010, FEMA entró en un acuerdo similar con Crowley que se extendió hasta el 2015.

Crowley es responsable del transporte marítimo y terrestre, así como del almacenamiento de los suministros y equipos que FEMA necesite acarrear para atender un desastre.

A diferencia de ese quinquenio, donde apenas se produjeron desastres significativos que afectaran los intereses de Estados Unidos en el Golfo de México o el Caribe, en este año, y en un plazo de cuatro semanas, los estados de Texas, Luisiana y Florida, al igual que Puerto Rico y USVI, fueron golpeados con la fuerza devastadora e histórica de los huracanes Harvey, Irma y María.

A pesar de que firmas de seguros estiman en la vecindad de $70,000 millones y $170,000 millones, los daños provocados por los huracanes Harvey e Irma, respectivamente, ha sido la devastación causada por el huracán María en Puerto Rico y la respuesta federal que ha recibido la isla, el motivo principal de una ola de críticas a la administración de Ricardo Rosselló Nevares y en especial, a FEMA y la administración del presidente Donald J. Trump.

Negocios cuestionó a Crowley acerca de los escollos en el acarreo de los suministros requeridos por FEMA para atender la emergencia, cosa que reconoció.

Sin embargo, Crowley destacó que la respuesta a un desastre trasciende la mecánica de transportar bienes o equipos desde su origen hasta el punto final.

“Nosotros trabajamos un plan para lo que se avecinaba. Hemos trabajado en otros proyectos con FEMA antes, pero esta situación no tiene precedente”, explicó Crowley. “Esto fue sin precedente en términos de la magnitud de la tormenta que golpeó a una isla con una población de  3.4 millones y también hubo el precedente de tres tormentas seguidas. (FEMA) tuvo que atender Texas, Florida y luego Puerto Rico, por lo que ellos (FEMA) ya se encontraban en el límite porque tenían que literalmente mover recursos de un desastre a otro”.

De acuerdo con el ejecutivo, la flota de camiones de Crowley lleva las ayudas coordinadas por FEMA desde su terminal en San Juan a los 17 centros de distribución establecidos por el gobierno y desde allí, los alcaldes canalizan la asistencia a los damnificados, pero esa labor solo gana tracción a medida que el sistema de autopistas y carreteras de la isla se restablece.

“La ironía de todo esto es que los lugares que más ayuda necesitan son los más distantes y difíciles de acceder”, manifestó el empresario.

“Necesitamos que se restablezca la electricidad”, agregó el ejecutivo.

Según Crowley, anticipándose al efecto devastador del ciclón, la empresa energizó sus operaciones en el puerto de San Juan y su unidad de logística terrestre en Bayamón con generadores propios. Pero todavía, un mes después del huracán, la instalación no posee electricidad de manera consistente.

A preguntas de Negocios acerca del impacto financiero que implica operar con generadores, Crowley no ofreció cifras específicas, pero describió el gasto como significativo.

Lo bueno del huracán María

La avalancha de suministros, maquinaria y equipo que ha llegado a Puerto Rico como secuela del ciclón ha servido para prácticamente duplicar el número de contenedores que llegan a la isla. En el caso de Crowley, el número de contenedores que se traen a la isla ha crecido, en un abrir y cerrar de ojos, calculándose en 40%, de acuerdo con el ejecutivo.

Esta semana, la naviera recibió en puerto unos 2,700 contenedores. Ese volumen, según la empresa de carga marítima, no se registraba en sus operaciones desde 1954.

La bonanza es bien recibida, pero llega luego de que Crowley y cientos de negocios en Puerto Rico lleven años reduciendo sus canales de distribución y la cantidad de inventario que poseen.

Pero según el ejecutivo, si la empresa ha estado a la altura de la crisis que ha creado el huracán María, ello se debe a la dedicación de los empleados de Crowley y a la inversión que se ha efectuado en la instalación marítima por los pasados dos años y que ya alcanza unos $500 millones.

Las mejoras permanentes efectuadas por Crowley sirvieron, entre otras cosas, para cambiar el funcionamiento de la naviera, de una operación mayormente atada a contenedores con chasis al manejo de contenedores por estiba, aumentando la capacidad de traslado y almacenamiento.

“Si no hubiera sido por esa inversión que hicimos, no habríamos podido atender esta situación. Esa inversión ya está dando resultados”, señaló Crowley.

De acuerdo con el ejecutivo, para atender las necesidades de FEMA sin afectar los clientes comerciales que generalmente transportan sus bienes con la naviera, Crowley aumentó el número de barcazas que sirven a la isla y los puertos de Nueva Jersey, Houston y particularmente, el puerto de Jacksonville, que podría describirse como el principal punto de conexión marítima entre Puerto Rico y el continente. Esto, porque la mayor parte de los envíos marítimos a la isla provienen de esa instalación.

Al presente, Crowley tiene un servicio dedicado con ocho rutas por semana; siete de estas desde Jacksonville y una desde Filadelfia. Ese servicio, dijo el ejecutivo, será fortalecido con la segunda de dos nuevas embarcaciones impulsadas con gas natural y que comenzará a servir la ruta de Puerto Rico en 2018.

De acuerdo con el ejecutivo, la expectativa es que las embarcaciones que ahora sirven a Puerto Rico continúen haciéndolo, si en efecto, la demanda de carga marítima así lo requiere.

La apuesta al recurso humano

Crowley hizo hincapié en que aparte de la inversión monetaria, el huracán María ha servido para demostrar que el mejor activo de la operación es su gente.

“Este ha sido un equipo que no ha parado de trabajar todavía, 29 días después del huracán”, dijo Crowley.

Sabiendo que el huracán podría afectar a las 324 personas que laboran en la isla, Crowley facilitó la compra de generadores para todos los empleados; coordinó un servicio de comidas para los trabajadores y procuró que estos pudieran abastecer sus vehículos con gasolina sin necesidad de filas.

Además, la naviera transportó a Puerto Rico los donativos que empleados de Crowley en el continente enviaron a sus compañeros de trabajo en la isla, una iniciativa en la que según el ejecutivo, los empleados llenan los conocidos cubos naranja de “The Home Depot” con artículos de primera necesidad, que son empacados y llevados a su destino.

Todavía, al cierre de esta edición, Crowley distribuye agua e hielo a sus empleados diariamente y mantiene un área con lavadoras y secadoras para que los trabajadores tengan ropa limpia para ellos y los suyos.

De acuerdo con Crowley, las iniciativas de respaldo al recurso humano en la naviera, solo vinieron a reforzar lo que ha sido “un sistema de apoyo” que crearon los empleados, quienes concientes del rol que representa una empresa de carga marítima, trabajaron bajo fuerte presión para reanudar las operaciones en tiempo récord.

La cadena logística local

No obstante, Crowley aceptó que no todo es miel sobre hojuelas.

Según el ejecutivo, un mes después del huracán e incluso, a pesar de un llamado del gobierno para que los importadores saquen sus mercancías de los muelles, la naviera, que gestiona unos $2,000 millones en ingresos anuales, todavía lidia con un atasco de cientos de contenedores.

Explicó que dado que los clientes no tienen electricidad, se dificulta el retiro de los contenedores refrigerados. En otras instancias, las empresas no tienen espacios de almacenaje o los suyos quedaron afectados por el paso del huracán. Ello, sostuvo Crowley, impide que los contenedores puedan descargarse con rapidez para ser enviados al continente, de donde proviene la mayor parte de la carga que llega a Puerto Rico. Menos contenedores en los puertos estadounidenses implica, a su vez, atascos en esas operaciones a nivel continental.

De acuerdo con Crowley, una de las razones que ha contribuido al restablecimiento casi absoluto de la empresa es haber tomado medidas para garantizar la operación más allá de transportar mercancías o equipos por mar. A través de los años, Crowley ha diversificado su operación, incluyendo servicios de transporte terrestre y remolque de botes, entre otras. Todas esas incursiones, sin embargo, se han hecho para asegurar el corazón de la operación: el transporte de bienes y equipos por la vía marítima.

“Necesitamos reconstruir la cadena logística de Puerto Rico”, dijo Crowley, quien sostuvo que a nivel de todo el mundo, el gran tema de las empresas es cómo asegurar que su producto continúe llegando a sus clientes. “Las compañías que han asegurado su cadena logística prosperan, las compañías que no lo tienen quedarán más afectadas. Es algo que cuesta, sí, pero es en situaciones como esta cuando ves que esa inversión vale la pena”.

Negocios preguntó a Crowley si como parte de la reconstrucción de la cadena logística de la isla es necesario revisar el impuesto sobre la propiedad mueble que aplica a los inventarios que compran supermercados, tiendas por departamentos, ferreterías, farmacias y restaurantes, entre otros comercios.

Crowley no entró en los méritos del asunto. Subrayó, sin embargo, que urge analizar las dinámicas económicas de la isla para determinar qué soportes logísticos son necesarios, desde camiones o conductores hasta lugares de almacenamiento.

Cuestionado acerca de cómo la operación del puerto de Ponce pudo haber contribuido a un mejor manejo del disloque de la cadena de suplido que causó el huracán María, Crowley sostuvo que una infraestructura como la que se ha reclamado por años en la zona sur de la isla no tiene viabilidad si no tiene una base económica que la respalde.

Lo mismo sucede, según Crowley, con los reclamos para que se deroguen las leyes de cabotaje. Tras el paso del huracán María, el presidente Donald Trump aprobó una exención de 10 días al estatuto que requiere el uso de embarcaciones registradas en Estados Unidos para transportar bienes y equipos entre los puertos de esa economía.

“Los ataques a la Ley Jones son muy oportunistas y no tienen nada que ver con los trabajos de ayuda que se están llevando a cabo”, dijo Crowley. “Es frustrante porque en este momento el servicio está funcionando muy bien. Hemos aumentado capacidad, hemos cubierto la cadena de suplido de nuestros clientes y esa historia no se dice. La historia que corre es que se necesitan más embarcaciones y si llegan las embarcaciones habrá más productos en las góndolas de los comercios. Eso, simplemente no es cierto y quienes conocen verdaderamente cómo funciona este tipo de operación, lo saben”, subrayó.