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De izquierda a derecha, Laura Tirado, Carla Bauzá y Marisol Villalobos Rivera.
De izquierda a derecha, Laura Tirado, Carla Bauzá y Marisol Villalobos Rivera. ([email protected])

Unas se valen de su extensa preparación académica, mientras otras se inspiran en las vivencias de su infancia o en su intenso deseo por emprender desde temprano, pero las cientos de empresarias boricuas que se dieron cita en la quinta edición del Animus Summit, celebrado ayer en el Centro de Convenciones de Puerto Rico, están reconstruyendo la economía local con sus empresas creativas.

Estas tres empresarias boricuas contaron a Negocios cómo dieron el primer paso en el mundo de las startups.

Combatiendo Gigantes

“En noveno grado, mientras todo el mundo estaba buscando a qué universidad ir, yo estaba decidida de que lo que yo quería hacer no me lo iban a enseñar allí”, dijo Laura Tirado, quien después de pasar un mes en la universidad, confirmó que allí no formaban empresarios y decidió convertirse en una a pulmón.

A sus 19 años, Tirado identificó que la entrega de todo tipo de comida, que ya era popular en otras partes del mundo, aún no había ganado tracción en Puerto Rico. Sin pensarlo dos veces, la joven emprendedora reclutó a su hermano e ingeniero en computadora, Francisco Tirado, y juntos construyeron Uva!.

Esta aplicación móvil “comenzó como un proyectito en el que yo diseñaba la experiencia del usuario y mi hermano desarrollaba toda la infraestructura tecnológica. Lanzamos el servicio y a la semana nos llamaron diez inversionistas”, dijo la empresaria que ha visto crecer sus ventas un 110%, para alcanzar las 170,000 órdenes en lo que va del año, a pesar de que su competidor más reñido le supera tanto en recursos como en experiencia.

“Nosotros estamos combatiendo con gigantes y ganándoles terreno en Puerto Rico porque tenemos excelentes relaciones con nuestros socios restaurantes”, afirmó Tirado, quien conoce al dedillo el perfil de los estudiantes universitarios y jóvenes empresarios que representan el grosor de su negocio netamente boricua.

Arsenal lingüístico

Carla Bauzá es trilingüe desde los 11 años cuando “aprendí francés por exigencias de mi madre”, pero fue en un intercambio universitario en París cuando se enamoró de la traducción.

“Por allá, tuve que traducir el libro de ‘Alicia en el País de las Maravillas’ de inglés a francés y me di cuenta de cuán creativo y exigente es el trabajo de traducción”, dijo quien obtuvo una maestría en traducción, aprendió italiano y portugués para sumar a cinco su repertorio lingüístico y fundó su propia empresa de traducción en línea, OGMA, inspirada en el dios celta del habla y la lengua, antes de cumplir sus 30.

Desde el 2017, OGMA ofrece servicios de traducción, interpretación y subtitulación para medios de comunicación, aseguradoras, bancos y otros.

“Trabamos con aseguradoras porque actualizan sus pólizas en diferente idiomas todos los años. La comunicación interna y externa de los bancos tiene que estar en inglés y en español, y hacemos mucha interpretación simultánea con las organizaciones sin fines de lucro que vienen a Puerto Rico”, explicó la experta en lenguas.

Ahora, Bauzá desarrolla una herramienta digital de traducción automatizada que, a diferencia de otras soluciones disponibles, considere las pequeñas pero importantes diferencias, por ejemplo, entre el español de los puertorriqueños y el de sus vecinos dominicanos.

Volver a las raíces

“A nosotros nos formaron con esa base educativa agrícola y ahora a ella estamos retornado”, afirmó la experta en la bioquímica de las plantas, Marisol Villalobos, quien después de una vida enseñándole a sus estudiantes a valorar y respetar la naturaleza, en 2016, volvió a sus raíces: la agricultura sostenible en las montañas de su natal Jayuya.

Allí, junto a su esposo e ingeniero químico, Jesús Martes, sembró árboles de panapén en casi diez cuerdas de terreno y fundó Amasar LLC, una agroempresa enfocada en masificar el atractivo de esta superfruta en forma de harina libre de gluten y casi año y medio de vida útil.

“Ambos crecimos recogiendo café de la montaña y conocemos los retos de la agricultura. La pana es un cultivo resiliente que te ofrece proteínas, carbohidratos y hasta ácidos grasos en una sola fruta”, dijo la agroempresaria que irriga sus cultivos con agua de lluvia y seca su pana al sol antes de producir la harina que vende a los principales supermercados de la isla.

“Cada día es más grande el interés del consumidor de saber el origen de los productos que consumen y las prácticas de manufactura. Colaboramos con 25 pequeños agricultores de todo Puerto Rico y somos supertransparentes con nuestra manufactura. Por eso nuestro modelo de negocio, de la finca a la mesa, encaja tan bien con los nuevos consumidores”, explicó la agricultora.