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Un espacio para conectar a niños, padres, tíos y abuelos

La organización Renacer Social busca fomentar las relaciones familiares y apoyar a grupos vulnerables

22 de febrero de 2026 - 11:10 PM

La organización Renacer Social en Cidra cuenta con un programa de talleres y servicios dirigidos crear lazos afectivos y reunificar a familias separadas o experimentan violencia. (Shutterstock)

Proveer un ambiente digno que permita el reencuentro de padres e hijos durante visitas supervisadas terapéuticas, ha sido el enfoque principal para el centro comunitario Renacer Social en Cidra, cuyo propósito es fortalecer los lazos paternofiliales, mientras se cumple con una orden judicial.

La organización sin fines de lucro creada en 2018 por Jamitza Burés Torres, ha sido clave en la reunificación de decenas de familias provenientes de todo el archipiélago, en un entorno hogareño que promueve la estabilidad emocional de sus participantes, bajo la vigilancia de profesionales de salud y seguridad.

Además, brinda talleres gratuitos a la comunidad, consejería parental y familiar, terapias a víctimas de violencia doméstica y charlas educativas dirigidas al empoderamiento de la mujer a través de su historia, amor propio, procesos de duelo, órdenes de protección, custodia compartida y violencia en el noviazgo, entre otros.

De acuerdo con Burés Torres, directora ejecutiva de Renacer Social, “todo surgió cuando estaba haciendo mi práctica de trabajo social forense que, me encuentro con un niño de siete años que tenía que ver a su papá en un tribunal”.

“Sin embargo, el niño no comprendía por qué tenía que ir allí para ver a su papá. Entonces, el niño me describió en una crisis, todo lo que estaba mal; que allí no había ventanas, que había hombres con pistola y que él quería ir a un parque y comer un mantecado con su papá”, recordó.

“Eso me tocó la fibra como madre, como ser humano y profesional, en que no existía un recurso adecuado para que este niño pudiera ver a su papá, en un ambiente que fuera favorable para esos lazos afectivos y la reunificación familiar”, confesó.

Tras la vivencia, Burés Torres buscó la manera de acondicionar un lugar que fuese escenario de visitas supervisadas con las características de un hogar.

“Ahí es que nace Renacer Social, de observar que no existe un lugar adecuado donde esos lazos afectivos se puedan desarrollar, en un ambiente que sea terapéutico. No es solamente la terapia, el ambiente juega un papel bien importante”, apuntó.

Así las cosas, el centro abrió sus puertas en agosto de 2019, con un programa principal de visitas e intercambios supervisados.

Un espacio para reconectar los lazos familiares

“Cuando un niño no puede ver a su padre, madre, abuelos o tíos que, también tienen derecho a ser escuchados por un juez para solicitar esas visitas, este es el lugar donde nosotros le damos, no solamente el espacio, sino terapias para crear lazos afectivos y reunificar a las familias”, explicó.

“También damos talleres de coparentalidad asertiva. Son una serie de talleres donde los padres dejan de verse como expareja y se convierten en un equipo de padres que el niño necesita”, detalló.

Otro de los servicios es el proyecto Lazos, dedicado a la prevención e intervención de casos de violencia doméstica, atendiendo a las víctimas y sus familiares.

“Los casos de violencia doméstica se trabajan a través de un tribunal, mediante referido de otro profesional, o simplemente, la persona puede llegar, solicitar una cita y le atendemos. Muchos lugares requieren un referido, pero nosotros lo atendemos, con que la persona se identifique como víctima o que necesite ayuda”, señaló.

“A veces, llegan a nosotros porque necesitan ayuda y no reconocen que son víctimas. Entonces, nosotros los convertimos de víctimas a sobrevivientes. Tenemos alianzas con diferentes organizaciones que son hogares de acogida para las víctimas y sus hijos y, alianzas con gobierno y otras organizaciones sin fines de lucro para ofrecer ayuda”, agregó Burés Torres.

En tanto, el proyecto EDA (Educación, Disciplina y Amor) para la prevención de maltrato a menores, se enfoca en educar a los niños “con formación estructurada, pero también con amor y respeto”.

“Además, damos evaluaciones de abuso sexual y damos también los procesos forenses en tribunales. Todo lo que llegue a nosotros a través de Tribunales, nosotros hacemos los informes forenses para recomendaciones adecuadas, basadas en observaciones y la práctica basada en evidencia”, mencionó.

Desde su apertura, la organización ha brindado sobre 8,000 servicios a personas de todo Puerto Rico, incluyendo Vieques y Culebra.

“Somos el único centro sin fines de lucro que atiende visitas supervisadas terapéuticas. Hemos atendido casos de Georgia, Florida, Texas, California, Carolina del Norte y Dakota del Sur”, reveló.

¿Cómo se sostienen?

De acuerdo con la directora ejecutiva, el centro se nutre de propuestas federales y estatales, en una operación que emplea ocho personas.

“Sin embargo, dependemos mucho de donativos. Honestamente, sabemos cómo es el protocolo de las propuestas y, aunque las aprueben, el dinero no llega inmediatamente. A veces se aprueban en agosto, pero se firman en febrero del próximo año y entonces, tenemos esos meses sin dinero”, reveló.

“Es un reto muy grande que tenemos, que la gente conozca lo que hacemos y que conozcan los resultados positivos para que nos puedan ayudar. Poco a poco, podemos seguir dando los servicios”, añadió.

Asimismo, aseguró que el 99% de los fondos se destinan a servicios directos, especialmente, para pagar a los profesionales que atienden los casos.

“Hay que entender que son personas que también tienen familia y deben cubrir sus propios compromisos económicos. Estos profesionales forenses, no podemos decir que son solo voluntarios porque deben tener un expertise en trabajar con traumas”, aclaró.

Pesan los recortes

En tanto, reconoció que, a través de los años, han visto un recorte presupuestario en las propuestas por parte del gobierno federal, especialmente, en 2025.

“Esto nos ha afectado. Tenemos un gobierno (federal) que nos enviaron unos documentos que dicen las palabras que no podemos utilizar en nuestros informes. Por ejemplo, debemos cambiar la narrativa de que son personas con problemas socioeconómicos o que están bajo los niveles de pobreza”, reveló.

“Son términos que no podemos utilizar (en las propuestas), pero es nuestra realidad. Tampoco podemos hablar de violencia de género ni feminicidios, sino de problemas o violencia intrafamiliar. Esto opaca realmente el impacto que se hace y no le da una validez a las víctimas que llegan”, lamentó.

No obstante, reconoció que, “debemos trabajar con esto porque de lo contrario, no tendríamos fondos y nuestro norte es ayudar a las familias, ayudar a las víctimas”.

La operación fiscal del centro, según Burés, es de $150,000 anuales.

“Gracias a Dios, mi esposo y yo compramos la propiedad con nuestro dinero, con sacrificio, para poder hacer este proyecto para la comunidad y las personas que necesitan. No obstante, es costoso”, expuso.

“Tenemos empleados de seguridad, porque la mayor parte (de los participantes) vienen con órdenes de protección y deben sentirse seguros donde están. También tenemos los gastos operacionales, todo sigue subiendo y hay que documentar y, tener el equipo que necesitamos para las terapias”, recalcó.

Su meta, destacó, es logar que sus recursos financieros sean recurrentes, “que no tengamos que preocuparnos de dónde viene el próximo dinero para poder seguir atendiendo a las familias que tanto necesitan”.

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