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Desde la izquierda: los abogados Sandra Negrón Monge, Anita Montaner Sevillano y Reinaldo Figueroa Matos, de la firma legal McConnell Valdés. (Suministrada)
Desde la izquierda: los abogados Sandra Negrón Monge, Anita Montaner Sevillano y Reinaldo Figueroa Matos, de la firma legal McConnell Valdés. (Suministrada)

Durante la emergencia provocada por el azote del huracán María, varias disposiciones de la Ley de Transformación y Flexibilidad Laboral aprobada en enero pasado resultaron útiles, tanto para los patronos como para los empleados, a la hora de reanudar operaciones.

Esto se debe a que la también llamada Reforma Laboral flexibilizó la Ley de Horas y Días de Trabajo de Puerto Rico (Ley 379 de 1948), coincidieron Anita Montaner Sevillano, Sandra Negrón Monge y Reinaldo Figueroa Matos, abogados de la firma McConnell Valdés con práctica en derecho laboral y de empleo.

Gracias a los cambios al estatuto, “los patronos podían hacer con sus empleados arreglos más flexibles en cuanto a horarios de trabajo, como llegar más tarde, cambiar itinerarios de trabajo o acordar semanas comprimidas para conveniencia de empleados que tenían que tomar tiempo de una semana de trabajo para atender la emergencia y necesitaban flexibilidad en sus horarios”, sostuvo Montaner Sevillano.

Uno de los cambios a los que hizo alusión lo es que la Reforma Laboral permite que el patrono y los empleados puedan acordar voluntariamente un horario flexible de hasta diez horas regulares diarias en un periodo de cuatro días en una semana de trabajo, sin incurrir en horas extra. Es decir, que el empleado puede completar sus 40 horas de trabajo en cuatro días y tener un día libre adicional.

Otra de las enmiendas permite a los empleados solicitar flexibilidad en cuanto al lugar de trabajo y las horas de labor, solicitud que el patrono está obligado a responder dentro de un periodo de 20 días.

También se establece que los patronos pueden permitir que los trabajadores reemplacen las horas no trabajadas por razones personales durante una semana de trabajo, y no cuenta como tiempo extra si son reemplazadas durante la misma semana de trabajo y no se excede de 12 horas en un día o 40 en una semana. Así, por ejemplo, los trabajadores podían acordar llegar más tarde para resolver situaciones relacionadas con el desastre natural y reponer esas horas luego.

“Había una conveniencia mutua porque el empleado tenía la flexibilidad y el patrono, al permitir la flexibilidad, no tenía que estar pagando la penalidad que imponen las leyes de horas y salarios cuando son jornadas de más de ocho horas al día o más de 40 horas a la semana”, acotó Montaner Sevillano.

Esa conveniencia incluyó la de permitir al personal trabajar desde sus casas o cualquier otro lugar con electricidad y conexión a internet, lo que permitió retomar las operaciones aun cuando las rutas hacia el lugar de trabajo estuviesen obstruidas.

“En el caso de María vi que mucha gente se vio en la necesidad de trabajar desde la casa porque la compañía no pudo abrir o la planta eléctrica estaba afectada, pero la compañía no necesariamente tenía el plan para atender los riesgos”, planteó Figueroa Matos. “Tienes una computadora abierta, intercambiando información por las redes en un comercio, lo que hace más vulnerable la información privada de la compañía”.

Por tal razón, sostuvo que el trabajo remoto debe ser parte del plan de emergencia de la empresa, de modo que de antemano se estipule por escrito, en función de un acuerdo con el empleado, el horario de trabajo, las funciones y los lugares desde donde se podrá trabajar. Prepararse con anticipación permite también proteger las computadoras y otros dispositivos con información sensitiva, indicó.

Los tres abogados ofrecieron la charla “Guía del patrono para operar en Puerto Rico después del huracán María”, durante la conferencia anual del Capítulo de Puerto Rico de la Sociedad para la Gerencia de Recursos Humanos, que tuvo lugar la semana pasada en San Juan.