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Desde la izquierda: Gildo Massó Ortiz y Gildo Massó Aponte, vicepresidente y presidente de Empresas Massó, respectivamente. (Fotos Joe Rubens)

“El proceso de la quiebra me abrió los ojos hacia un futuro de nuevos negocios”, afirmó Gildo Massó Aponte, presidente de Empresas Massó, con sede en San Lorenzo, al reflexionar acerca de lo que ha sido su trayectoria empresarial casi once años después de que la compañía se acogiera a la protección del Código federal de Quiebras, bajo el Capítulo 11 de reorganización.

En septiembre de 2008 tuvo lugar la radicación, en momentos en que Empresas Massó tenía once ferreterías y más de 500 empleados a través de toda la isla, así como una fábrica de bloques y un negocio de casas prediseñadas. Ocurrió en medio de la explosión de la burbuja hipotecaria, cuando los valores de las propiedades y la actividad de construcción comenzaron a caer.

Muchas de las tiendas e instalaciones donde operaba Empresas Massó eran propiedad de la compañía. “En medio de la crisis financiera, los bancos se vieron impactados y llamaron sus préstamos para saldo inmediato. Estábamos en unas negociaciones (con Westernbank) donde los términos que se nos ofrecían no eran aceptables y tuvimos que defender nuestros activos a través de la quiebra”, relató Gildo Massó Ortiz, vicepresidente de la empresa e hijo de Massó Aponte.

Según publicó este medio en aquel entonces, Empresas Massó tenía 700 acreedores. A los principales 20 acreedores no asegurados les debía $13.46 millones, de los cuales $8.2 millones correspondían a la deuda con Westernbank.

“Tomar la decisión es bien difícil”, recordó Massó Aponte, cuya empresa fue fundada por su padre, del mismo nombre. “Uno al final la tiene que tomar porque tiene que defender lo suyo, lo que uno creó y la gente que trabajó con uno. Los años que llevas operando no los puedes dejar que se vayan por el chorro”.

Aseguró que el proceso tomó más de un año desde la radicación hasta que se cerró el caso en el Tribunal federal de Quiebras con el decreto final, en que dice que el plan de reorganización ha sido sustancialmente consumado.

Al recordar cómo fue el proceso, contó que “los acreedores quieren verlo todo y tienes que abrirte completo y decirles todo lo que tienes, cuánto vale lo que tienes y después preparar un plan y decirles cómo les vas a pagar”. Agregó que “te tienes que reunir con cada uno de tus suplidores, tienes que llegar a unos acuerdos con ellos mientras sigues operando”.

Para revelar a los acreedores todas las finanzas del negocio, así como el valor de todas las propiedades y activos, además de abogados hubo que contratar contadores y tasadores, así como hacer los pagos requeridos al síndico que supervisa los trabajos. Como los costos de un caso por Capítulo 11 dependen de la situación particular de la corporación, que en este caso era un negocio de mucho volumen, Massó Aponte estimó que invirtieron más de $1 millón en el proceso de la bancarrota.

Como la corporación cumplió con el plan de reorganización, en el que según el presidentede la empresa, “le pagamos a la mayoría de los acreedores el 100% más los intereses”, se completó el proceso de la bancarrota.

“La intención fue salvar la cadena (de ferreterías), seguir con los empleados que teníamos y trabajando como siempre, lo que pasa es que la economía no cooperó. No puedes seguir con esa maquinaria si todo sigue en retroceso, así que hubo que seguir recortando”, dijo acerca de cómo, aunque el negocio salió de la quiebra con todas sus tiendas, tuvo que ir cerrándolas debido a la crisis económica y la caída del sector de la construcción.

La situación obligó a los Massó a reinventarse. “Cuando dices salvar la empresa, al principio uno cree que es vender los mismos clavos, tornillos, madera y cemento”, esbozó el vicepresidente. “A veces, salvar la empresa es pensar que la empresa no es el tornillo que nosotros vendemos. La empresa somos nosotros, la cultura, la gente, los empleados... A lo mejor no vendemos los mismos tornillos y tuercas, pero el corazón es el mismo”.

La compañía cuenta actualmente con unos 40 empleados, de los cuales muchos llevan décadas trabajando ahí, según el presidente. Admitió que la decisión de cambiar el modelo de negocio “nos consumió bastantes noches sin sueño y dolores de cabeza”.

Sin embargo, dieron el paso, tomando en cuenta con cuántos empleados, equipos, activos y propiedades contaban para ver cómo ponerlos a producir de una forma distinta. “Por ejemplo, como teníamos muchos camiones, montamos una división de acarreo de agregado para la industria de la construcción”, mencionó el vicepresidente.

Dado que muchos de los locales donde ubicaban las tiendas eran propiedad de Empresas Massó, algunas las han vendido y otras las alquilan. No obstante, la línea de negocio de más rápido crecimiento es la división de servicios de almacenaje, llamada 2Go Storage.

Establecida en 2014, 2Go Storage diseña, ensambla y modifica mini almacenes móviles, que son contenedores de 8 pies x 8 pies, 8 x 12 y 8 x 16 disponibles para alquiler, que se transportan a donde el cliente lo solicite o se almacenan en un predio que tiene la compañía en Bayamón.

Según Massó Ortiz, 2Go Storage ha crecido más de un 70% al año desde sus inicios, mientras que las demás divisiones de Empresas Massó experimentan un crecimiento de entre 15% y 20% anual. Por eso, continúan el desarrollo de nuevos productos y servicios relacionados a los contenedores. Algunos fueron modificados para servir de kioscos, tiendas tipo “pop-up stores” y oficinas.

Además de las nuevas líneas de negocio, la compañía cambió su forma de operar. “Yo ahora como opero es que si no hay dinero, no se hace, y si tengo el dinero, lo hago, pero no voy a coger prestado”, sostuvo el presidente, quien proyecta tener este año en el negocio el mismo nivel de crecimiento que en años anteriores.


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