Mira cómo renace el compromiso de los viequenses que trabajan incansablemente en la Isla Nena.

Vieques — En una esquina de Isabel II, El Local ofrece una experiencia difícil de obtener en una isla de 21 por 4 millas: gastronomía de la finca y el mar directo a la mesa.

“Nuestro concepto es servir comida viequense bien hecha, con las técnicas como se supone, con buen servicio y coctelería de calidad”, resumió su chef Vicente Ballesteros, quien es propietario junto con Dennis Román.

“Somos de los últimos que nacimos en Vieques”, compartió Ballesteros, en alusión a los años cuando había sala de partos en la Isla Nena. Hoy ni siquiera el hospital está en funcionamiento.

En la operación -que arrancó a finales de 2018-, los apoya como gerente y bartender Iván Torres Lespier, natural de Cabo Rojo.

Mientras Ballesteros trae sus más de 15 años en la alta cocina, Torres aporta sus años de experiencia en las barras más reconocidas del área metropolitana y también de Nueva York para producir “una coctelería con ‘twist’ buscando usar cosas de aquí como guayaba y carambola”, según compartió.

Ballesteros indicó que se suplen de las cosechas de Finca Conciencia, de quienes obtienen las hojas para las ensaladas y el cilantro, entre otros productos; de lo que trae del mar la Pescadería Zoé y de las conservas y productos fermentados de Preservado Vieques.

A la vez, El Local está activamente buscando diversificar su red de suplidores viequenses. Esto es especialmente importante con las proteínas que no provienen del mar, ya que Ballesteros indicó que en Vieques se cría de forma limitada cabro, res, conejo y cerdo, pero a menudo es para consumo propio o para algunos allegados. El plan es negociar con los productores para contar con un suplido más confiable y que permita diversificar lo que ordenan a las distribuidoras de Puerto Rico, como chuletón, churrasco y pollo.

Estamos tratando de construir un mercado isleño, tratando de no depender del transporte marítimo y aéreo”, expresó Ballesteros. “Además, la calidad del producto es distinta”, destacó Torres.

No obstante, el dúo de emprendedores reconoció que es cuesta arriba navegar las dificultades de depender de un sistema de transporte marítimo tan deficiente que nunca pueden dar por sentado que las órdenes les llegarán cuando las esperan.

“Pero mi excusa no es decir ‘no tengo esto ni lo otro porque no hay ferry’. Aquí se pueden lograr cosas sin depender tanto. Y la necesidad te pone a hacer cosas que no sabías que sabías hacer”, puntualizó Torres.

“Siempre ha sido bien retante ser un comerciante en Vieques, pero nos estamos dando más la mano los comerciantes. Ahora es más fácil enseñar nuestro concepto a la gente con Instagram y las redes sociales”, expresó, por su parte, Ballesteros. Este alcance se confirma cada vez que a El Local, en su corta operación, llegan turistas de países de Asia u Oriente Medio. También han llegado visitantes de Rusia.

“Nos podemos comer vivo al mundo. El cielo es el límite y aquí no tenemos techo”, afirmó Torres en alusión a la barra al aire libre en el patio interior de El Local.

Ballesteros, quien regresó a Vieques dos años antes del huracán, observó que tras María está viendo un “despertar” entre los viequenses, que están renovando el ecosistema empresarial y no se están cerrando a, como ellos, recibir inversión externa.

“Tienes que ver que estuvimos muchos meses en el foco internacional. Mucho negocio de viequenses ha tenido la oportunidad de encontrar las personas para recibir inversión”, explicó.

“No vamos a quedarnos estancados”

Con un modelo híbrido de agroempresa ecológica y organización sin fines de lucro, Ana Elisa Pérez y Jorge Cora Peña fomentan que Vieques vuelva a ser productora de su propia comida y que más personas generen ingresos con la actividad agrícola. Esto lo adelantan con la operación comercial de Finca Conciencia, donde crían abejas y cultivan frutos, vegetales y hortalizas, y con su brazo educativo La Colmena Cimarrona.

Nuestro modelo de negocio es venta a restaurantes y a consumidores en mercados dos veces a la semana”, precisó Pérez, quien se trasplantó de San Juan a Vieques hace casi cinco años.

Para su producción intensiva siguen principios agroecológicos, como la siembra en terrazas, el uso de composta y el enriquecimiento del suelo con materia orgánica, detalló Cora. “Quería probar hasta dónde podría ser capaz esta tierra de producir, en un lugar que prácticamente es un desierto y sin un sistema de riego”, agregó el agricultor, quien llegó a Vieques en 2003 para hacer una investigación sobre abejas y se quedó.

La finca en el tope de un monte se extiende por nueve cuerdas, de las cuales tres están sembradas con árboles frutales, plátanos, ajíes y tubérculos como yautías. Los productos de mayor salida, porque se cosechan casi continuamente, son los vegetales de hoja como arúgula, mizuna, kale y lechugas, además de hierbas aromáticas muy buscadas por los restaurantes. Pérez recordó que gracias a la siembra de hojas pudieron tener cosecha 15 días después del huracán María, de cuyos destrozos aún se recuperan en gran medida por falta de acceso a financiamiento, dado que la finca es un terreno rescatado sin título formal.

Estamos pensando arrendar otra finca”, adelantó Pérez sobre la gestión que les permitirá acceder a capital para desarrollar infraestructura agrícola y aumentar la producción.

A la vez, se mueven con La Colmena para fomentar “que más gente empiece a sembrar” y a reducir la dependencia del ferry, expuso Pérez. “Es una forma de tomar la isla de vuelta con negocios locales”, expresó. Y, como todo el mundo tiene que comer, “la comida es crucial. Vieques no puede ser solo el turismo”, sentenció.

Pérez opinó que el apoyo entre los isleños se hace más necesario porque “los gringos se están quedando con todo”, en alusión a la compra de tierra y la obtención de permisos que el local no consigue con igual facilidad.

“Aquí se hace todo a pulmón. En Vieques veo una resiliencia que no se registra en otros lugares. Hay ese sentido de lucha y dignidad que no he visto en ningún otro lugar”, concluyó.

Apuesta a su sazón

La viequense Yadira Colón Navarro vio en el empresarismo la forma de poder permanecer en la Isla Nena y criar a sus hijos, luego de un tiempo de trabajar en Estados Unidos.

En 2015, tras aprender los rigores de operar un sitio de comida laborando en negocios locales como Bieké Bistro, identificó un propietario de un terreno baldío que le permitió limpiarlo y ubicar lo que hoy es Vieques Food Park.

El camino fue arduo, pero allí opera su negocio de comida criolla El Rincón del Sabor, que emplea a 10 personas, y también arrienda el Rincón del Café, donde trabajan otras cinco. Y hay espacio para más.

Colón indicó que su concepto de comida criolla surgió al darse cuenta de que había pocas opciones del gusto local que también apelara a la creciente población estadounidense y a los visitantes.

Los viequenses somos bobos. Vendimos todo a los americanos y el americano se adueñó del turismo en el área de Esperanza. No los culpo, porque vieron lo que nos viequenses no vieron. Y me basé en eso, en cambiar la situación para que el turista busque comida local”, expresó.

El concepto incluye también ‘catering’ y servicio de chef personal. “Nos llaman a las villas, que aquí hay muchas. Algunas personas quieren aprender a hacer mofongo; algunas son celebridades y vamos donde ellos y les cocinamos en vivo. Piden cosas de aquí específicas, como arepas y arroz con gandules”, explicó Colón.

Como parte del crecimiento de su negocio, Colón comenzó a experimentar con el servicio de entrega y también con horario extendido a la noche. No obstante, lamentó que el Servicio federal de Pesca y Vida Silvestre esté poniendo trabas a las entregas dentro de las reservas, aunque sí se permite a los taxis y a otros operadores llevar pasajeros y brindar otros servicios en las playas.

Más allá de la operación diaria, Colón tiene en la mira convertirse en mentora “para estudiantes que han salido de la escuela y tienen su idea de negocio. Quiero tener aunque sea una esquinita donde vayan los jóvenes que no sepan cómo buscar los permisos, los pasos que hay que dar”.

Recordó que cuando estuvo en esa faena de los trámites para poner su negocio “no nos orientaron bien” en el municipio de Vieques. Eso la obligó a pagar dos veces algunos permisos y a tener que dar viajes a la oficina regional de Humacao, donde sí les presentaron el panorama completo.

Como tantos otros empresarios, Colón señaló el mal servicio de la Administración de Transporte Marítimo como la principal traba. Planteó que cuando le surgen contrataciones para eventos corporativos o sociales “tengo que salir a como dé lugar y yo misma ir a hacer la compra fuera de Vieques”,para suplementar las entregas que recibe de los distribuidores. Y si el ferry no está en funciones, pierde esa oportunidad de ingreso, situación que puede extrapolar al resto de quienes buscan hacer negocio en Vieques, concluyó.

Bigotes, hijo de María

Tras 17 años de carrera como terapeuta físico, Francis Ramírez, “nacido y criado aquí”, decidió en 2015 retornar a sus raíces y darle un vuelco a su vida para hacer realidad su sueño de siempre: “Tener un restaurante en Vieques”.

De ahí nació Bigotes, ubicado en el barrio Florida de la Isla Nena y que sirve un menú diverso, “con de todo un poquito”, aunque el nombre originalmente lo concibió para un restaurante mexicano.

Tenía planes de abrir para septiembre de 2017… y llegó María. Tenía mi ‘freezer’ lleno a capacidad con todo para abrir. Pues cuatro días después de María, saqué la cocina al balcón y comencé a hacer almuerzos, después hice pinchos, después churrascos. Estuve 11 meses en el balcón en lo que todo el sistema se estabilizaba”, recordó Ramírez.

Y aún con la complejidad de hacer comida a diario con los retos de a veces no tener electricidad ni todos los ingredientes, nunca pensó dar atrás a su decisión de pasar “de terapeuta a cocinero”.

“Esto era uno de mis sueños. Para mí es bien importante poner la isla a producir, así que quería que fuera aquí en Vieques. Aquí está toda mi familia”, compartió.

En el tema de sacar permisos, el emprendedor reconoció que el proceso es más complicado en Vieques por el asunto de esperar por los inspectores y tener que moverse a la región de Humacao para tramitar documentación básica como a licencia para vender alcohol.

Me tardé meses y meses con la licencia de alcohol condicionada”, subrayó.

Fuera de esa etapa inicial, concordó con otros comerciantes en que “lo más difícil es la transportación y recibir productos frescos. Si se te acaba algo, es bien difícil decirle al cliente, no lo tengo y es porque vivimos aquí”.

Aunque hace esfuerzos por aumentar la compra de productos locales, Ramírez lamentó que no ha conseguido acceso a producciones constantes, lo cual considera vital para ofrecer un menú consistente.

Esta realidad requiere un continuo análisis de cuánto comprar por mes, tomando en cuenta que el volumen de visitantes varía enormemente.

“Una diferencia bien marcada con como era antes (de la salida de la Marina) es que el turismo ha seguido creciendo y no solo de Estados Unidos, sino mundial. Vienen de México, Alemania, Canadá… Muchas personas conocen Vieques de una manera u otra y es el cambio más marcado que se ve”, planteó.

Ramírez expresó su deseo de que esta tendencia se siga expandiendo y que la apertura de hoteles traiga mayor publicidad, para compensar en algo “el abandono” que percibe por parte del gobierno central.

“Creo que la aportación de la Marina no era tan grande como alguna gente piensa y que tampoco fue el factor para decir si a Vieques después se le dejó solo o no. En mi opinión, el gobierno de Puerto Rico siempre ha tenido a Vieques y a Culebra totalmente rezagados, como municipios en los que se piensa muy poco y a lo último”, manifestó. “Pero Vieques tiene el potencial de ser el municipio más rico, por la cantidad de recursos que tenemos en la isla, que es ridículo”.

A su vez, Ramírez observó que desde su regreso ha visto que más amistades suyas han puesto negocio y una actitud de cooperación, no de competencia.

Recalcó que ese patrocinio entre locales se hace aún más relevante ante la realidad de que los estadounidenses que residen en Vieques “sí se apoyan mucho entre ellos. Si alguien abre algo nuevo, puede estar seguro de que van a regar la voz y llenarle el negocio”.

Por lo mismo, celebró que se esté construyendo de forma orgánica una “red de comerciantes locales”.

Puede que sea una cosa generacional, pero la mentalidad está cambiando”, finalizó.


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